MESA DE AUTOPSIAS: LOS INCISOS DEL EXPEDIENTE.

El fruto de la curación crece en el árbol del conocimiento. Sin diagnóstico, no puede haber un tratamiento racional. El examen es primero, luego el juicio y sólo entonces puede uno ofrecer ayuda”.

Carl Gerhardt. 1873.

             Hoy asistí a una exposición sobre la importancia del expediente clínico, ese documento médico que contiene los datos más relevantes sobre el paciente, su enfermedad y el registro de las acciones de todo el personal de salud que le brinda atención. Conforme iba avanzando la exposición, me fui sumiendo en algunas reflexiones que pensé manifestar de viva voz a la hora de los comentarios y preguntas, en la parte final de la sesión. Me volví para contemplar a la audiencia y me sentí anticipadamente incomprendido, malinterpretado. Preferí quedarme callado.

            Antes de iniciar mi residencia en anatomía patológica, cursé un año como residente de medicina interna. A lo largo de esos doce meses me dediqué casi de manera exclusiva a realizar historias clínicas. Por el tipo de hospital en donde me encontraba –el hoy Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán–, los pacientes atendidos allí solían ser enfermos crónicos con uno o varios padecimientos complejos. Se exigía la realización de historias clínicas completas que eran revisadas minuciosamente. Los datos clínicos recogidos por el residente de primer año eran ratificados o descartados en el mismo paciente por el residente de segundo o de tercer año. Al día siguiente, el médico adscrito volvía a supervisar lo redactado por los residentes la noche anterior, repitiendo en el paciente aquellos puntos del interrogatorio y la exploración física que le suscitaban alguna duda. Huelga decir que la pulcritud en la redacción de la historia clínica era una condición sine qua non.

            La repetición de aquella forma de trabajar durante un año forjó un hábito. Todavía hoy, habiendo pasado más de veinte años sin escribir más historias clínicas como aquellas, percibo en mi mente una estructura que me fuerza a pensar con orden a la hora de registrar y analizar los datos clínicos de aquel paciente cuyas células y tejidos examino con el microscopio. Una de las mayores satisfacciones que experimenté entonces, provino de las palabras que me dirigió un enfermo cuando terminé su exploración física: “Doctor, parece usted un médico de los de antes”.

            La historia clínica es la mejor oportunidad que el médico tiene para establecer el vínculo sagrado que lo debe unir al enfermo. Es el momento cumbre en donde puede hacer contacto con las partes más íntimas de la psique y la anatomía de su paciente. Allí donde se esconde el origen del padecimiento y las claves de su posible curación. La historia clínica es la prueba final en donde el médico debe plasmar su inteligencia, su sensibilidad y su arte. La historia clínica debe tener el inmenso valor de capturar la esencia del sufrimiento sin ceder            un ápice de rigor científico. No es un relato cualquiera. Es el enfermo mismo en tinta y papel. O en un número variable de bytes, como se estila ahora. 

            Por eso, la historia clínica no puede confiarse a cualquiera. Exige rigor, minuciosidad y pulcritud. Demanda un esfuerzo intelectual –incluso físico– que sólo puede rendir quien está imbuido de su papel como médico y absolutamente convencido de que tiene frente a si una oportunidad única. Ocasión que no puede desperdiciar rebajándola a una rutina burocrática. La historia clínica no es un formulario para “palomear”, un inciso más en el expediente del enfermo ni un requisito inevitable al que nos obliga la legislación vigente. Es mucho más, reclama mucho más, va mucho más allá del cumplimiento de la norma oficial correspondiente.

            Dicho lo anterior, volvamos a la realidad cotidiana. Salvo afortunadas pero muy escasas excepciones, lo que hoy se transmite en este tema a buena parte de los estudiantes de medicina y demás médicos en formación es el tedio del requisito, la estrellita en la frente al final de la tarea escolar cumplida y, todavía peor, la advertencia, la ominosa pero velada amenaza del incumplimiento legal que conduce al cadalso. La antesala de la temida demanda que puede hacer trizas el frágil prestigio profesional. La bancarrota económica y social.

            Despojada de sus espléndidos atributos, la historia clínica y la relación entre el médico y el paciente quedan reducidas a una caricatura cuya única justificación es el insípido y triste argumento legal. Un esperpento sostenido por la norma, la instancia y el hastío. Ya no queda nada de arte, sólo el cumplimiento de un trámite administrativo, un lastre oficinesco que drena y seca la savia del humanismo médico. Variación del tema: la relación sagrada degenera en un simple trato comercial, un interesado intercambio de mercancías. Nada más.

            Y en cada ocasión que nos vemos obligados a recordar el ritual hoy vacío del método clínico, llámese sesión anatomoclínica o revisión del expediente, repetimos con machaconería las lamentaciones y añoranzas de un pasado que ya no volverá. Intuimos la ausencia del arte, registramos el vacío de la ciencia e intentamos acallar esa incómoda sensación de orfandad con el espejismo de una tecnología a la que conferimos el último nivel del conocimiento. Nos damos una y otra vez a nosotros mismos atole con el dedo.

            Cuando los actores hemos permitido que las cosas lleguen a donde han llegado, ya pocos ven el descenso y la recalibración a la baja que muestran como normales y deseables los jirones de lo que fue. Anclados en el conformismo y presas de la manipulación, somos pillaje fácil para quienes hoy tratan de ocupar el hueco (y el hueso) que dejaron nuestro descuido e indiferencia. Ni qué reclamar. Por eso esta mañana me quedé callado.

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One thought on “MESA DE AUTOPSIAS: LOS INCISOS DEL EXPEDIENTE.

  1. Estimado Luis:
    Desafortunadamente es la triste realidad, a nuestros alumnos cada vez les exigimos menos en muchas áreas, los limitamos, ahora nos circunscribimos a las “competencias” (antes objetivos), moda que a mi juicio es una manera de acotar cada vez mas a los alumnos.Tienes razón, la enseñanza sobre el rigor científico de la historia clínica se ha perdido, y con ello pierden los pacientes y los egresados sobre todo cuando cursan su especialidad en instituciones médicas donde no se ha perdido el amor por la academia y la ciencia. Como maestros no debemos de claudicar, debemos perseverar, por lo menos en nuestro ámbito de influencia por pequeño que sea y esa es una manera de no permanecer callado.

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