MESA DE AUTOPSIAS: LA TRAGEDIA MÁS GRANDE.

Cientos de palabras castellanas que ya iban a desaparecer le sobreviven en sus libros y seguirán dormidas en ellos durante siglos esperando sin prisa hasta que los ojos de un lector las desperecen”.

Álex Grijelmo, El portavoz  de las raíces, El País. 13 de marzo 2010.

 

            Todas las mañanas reviso el acontecer local, nacional e internacional a través de la lectura de varios periódicos. Los libros los dejo para las horas siguientes. Algunos me dirán que leer la prensa es una pérdida de tiempo o que al hacerlo me voy a envenenar el alma, pero puedo asegurarles que en esa “caza de noticias” –disfruto mucho los artículos de fondo– me he topado con textos deliciosos y he encontrado verdaderos tesoros y nutrimentos con los que hacer frente a la realidad en la que estamos inmersos. Realidad que a veces es de una mediocridad y una mezquindad tales que, de no estar bien abastecido, consume el vigor del espíritu, domestica las rebeldías y acaba con los sueños.

            Este viernes 12 de marzo de 2010 me enteré de la muerte de Miguel Delibes a los 89 años de edad, escritor de cuya obra extensa sólo he leído la que fue su última novela: El hereje. Gracias a los numerosos reportajes, entrevistas y comentarios contenidos en la página electrónica del periódico español El País pude asomarme y conocer un poco más de este gran personaje de la literatura española contemporánea. Me llama profundamente la atención un glosario de términos recogidos en sus libros (www.catedramdelibes.es/glosario.html). Palabras provenientes de los pueblos de Castilla que él fue rescatando durante sus numerosas excursiones de caza en las que recorrió varias partes de la meseta castellana. Miguel Delibes se consideraba a sí mismo “un cazador que escribe”.

            En ese glosario encuentro palabras bellísimas, hoy casi olvidadas, llenas de una vida latente y enraizada en las profundidades del pueblo que las inventó. Tomemos como ejemplo aborrascarse. La palabra aparece en su libro Los Santos Inocentes: … y, en la mesa, todos a reír indulgentemente, paternalmente, menos René, a quien se le había aborrascado la mirada, y no dijo esta boca es mía.

            La explicación que se ofrece sobre esta palabra en el glosario no tiene desperdicio:

“Lo mismo que en el amplísimo horizonte castellano el contraste entre un día apacible y otro tormentoso es muy notable, el semblante y la mirada de una persona tranquila se altera más o menos ante una situación nueva de dolor y alegría. La borrasca en el lenguaje popular es aún mayor y sobre todo dura más que la tormenta. Aborrascarse la mirada es por ello muy particularmente expresivo por su propio significado de experiencia vivida y expresada en el contacto con una naturaleza excesiva y cambiante.

Por otra parte esta expresión, aborrascarse la mirada, se relaciona directamente con otra, también muy popular: la mirada es el espejo del alma. Pues si el ánimo o el alma está serena la mirada será benigna y apacible, pero si el ánimo está muy alterado ¿qué tiene de extraño que se “aborrasque la mirada”?”.

            Decía que Miguel Delibes era un consumado cazador. En los tiempos que corren, con la moda ecologista que muchas veces se aparta de sus valiosos principios para caer en lo ridículo, una afición así puede considerarse políticamente incorrecta. Sin embargo, Delibes antepone su punto de vista en un artículo que escribió para El País el 17 de octubre de 1982:

El hombre-cazador o el hombre-pescador, que tanto monta, sale al campo, no sólo a darse un baño de primitivismo, sino también a competir, a comprobar si sus reflejos, sus músculos y sus nervios están a punto, y para ello, nada como cotejarlos con los reflejos, los músculos y los nervios de animales tan difidentes y escurridizos como pueden serlo una trucha o una perdiz. Tenemos, pues, que en la caza subyace un sentimiento de confrontación, de duelo, que tiende en definitiva a demostrarnos si nuestra inteligencia y nuestra resistencia física son capaces todavía de imponerse al instinto defensivo, la rapidez y la astucia, de una perdiz o un conejo. Esta competencia implícita exige una lealtad, una ética. El hombre-cazador debe esforzarse, por ejemplo, porque este duelo se aproxime al rigor que presidía los torneos medievales: armas iguales, condiciones iguales. Por sabido, la perdiz no podrá disparar sobre nosotros, pero nosotros quebraremos el equilibrio de fuerzas, incurriremos en deslealtad o alevosía, si nos aprovechamos de sus exigencias fisiológicas (celo, sed, hambre), de sofisticados adelantos técnicos (transmisores, reclamos magnetofónicos, escopetas repetidoras), o de ciertos métodos de acoso (batidas, manos encontradas) para debilitarla y abatirla más fácilmente. De aquí que yo no considere caza, sino tiro, al ojeo de perdiz y recuse la caza del urogallo -mientras canta a la amada, a calzón quieto-, por considerarlo un asesinato. En una palabra, para mí, la caza exige un desgaste, una cuota de energía -cada cazador debe elaborarse por sí mismo su propia suerte- y un respeto por el adversario, lo que equivale a decir que el éxito de una cacería no depende del morral más o menos abultado conseguido al final de la jornada, sino del hecho de que nuestros planteamientos tácticos y estratégicos hayan sido acertados y al menos en alguna ocasión hayamos logrado imponerlos a la difidencia instintiva de la pieza. Entendida la caza de este modo, una jornada de dos perdices, bien trabajadas, limpiamente abatidas, puede ser más gratificadora que otra de dos docenas con todos los pronunciamientos favorables. No es, pues, la cantidad, sino la dosificación de nuestro esfuerzo y el acierto de nuestras intuiciones, lo que determina el éxito o el fracaso de una cacería; nuestro grado de satisfacción, en suma”.

            Con todas estas lecturas y otras más de Miguel Delibes y varios comentarios sobre su persona y su obra me invadió una inmensa melancolía. Pensé en la gran paradoja, en lo que a mi juicio pudiera ser la tragedia más grande de la condición humana: la brevedad de la vida.

            La maduración de un ser humano es una empresa llena de incertidumbre que no tiene un fin definido y cuya duración generalmente es muy prolongada. En esa maduración incluyo los conocimientos suficientes sobre el hombre y el mundo y, además, el desarrollo de una sensibilidad sobre los asuntos del alma propia, la ajena y los acontecimientos pasados y presentes. Sensibilidad

–una faceta del humanismo– que pocos llegan a obtener. Aquellos que lo logran, pagan un precio elevado: sus mejores años. Lo obtienen casi siempre más allá de la mitad de su vida, cuando menos tiempo queda para sacarle provecho. Pienso que el secreto de esta tragedia tal vez radique en que lo que importa no es atesorar esa madurez sino transmitirla a los demás. Una forma de amor al prójimo.

            Son tantas y tantas las cosas maravillosas que podemos aprender que se nos va la vida en ello. Por eso lo que queda escrito puede ser tan valioso. En especial cuando el escritor es un sabio tan cercano y sereno como el que se nos acaba de ir en Valladolid este fin de semana.

Anuncios

One thought on “MESA DE AUTOPSIAS: LA TRAGEDIA MÁS GRANDE.

  1. Apreciable Dr Muñoz, estoy de acuerdo con usted trasmitir esa madurez es una forma de amor al prójimo, citaré un cuento que me parece que viene al caso:
    EL PLANTADOR DE DÁTILES
    En un oasis escondido entre los más lejanos paisajes del desierto, se encontraba el viejo Elihau de rodillas, a un costado de algunas palmeras datileras. Su vecino Hakim, el acaudalado mercader, se detuvo en el oasis a abrevar sus camellos y vio a Elihau transpirando, mientras parecía cavar en la arena. —¿Qué tal anciano? La paz sea contigo.—Contigo –contestó Elihau sin dejar su tarea.—¿Qué haces aquí, con esta temperatura, y esa pala en las manos?—Siembro –contestó el viejo.—¿Qué siembras aquí, Elihau?—Dátiles –respondió Elihau mientras señalaba a su alrededor el palmar.—¡Dátiles! –repitió el recién llegado, y cerró los ojos como quien escucha la mayor estupidez comprensivamente—. El calor te ha dañado el cerebro, querido amigo. Ven, deja esa tarea y vamos a la tienda a beber una copa de licor. —No, debo terminar la siembra. Luego si quieres, beberemos…—Dime, amigo: ¿cuántos años tienes?—No sé… sesenta, setenta, ochenta, no sé… lo he olvidado… pero eso ¿qué importa?—Mira, amigo, los datileros tardan más de cincuenta años de crecer y recién después de ser palmeras adultas están en condiciones de dar frutos. Yo no estoy deseándote el mal y lo sabes, ojalá vivas hasta los ciento un años, pero tú sabes que difícilmente puedas llegar a cosechar algo de lo que hoy siembras. Deja eso y ven conmigo.—Mira, Hakim, yo comí los dátiles que otro sembró, otro que tampoco soñó con probar estos dátiles. Yo siembro hoy, para que otros puedan comer mañana los dátiles que hoy planto… y aunque sólo fuera en honor de aquel desconocido, vale la pena terminar mi tarea.—Me has dado una gran lección, Elihau, déjame que te pague con una bolsa de monedas esta enseñanza que hoy me diste –y diciendo esto, Hakim le puso en la mano al viejo una bolsa de cuero.—Te agradezco tus monedas, amigo. Ya ves, a veces pasa esto: tú me pronosticabas que no llegaría a cosechar lo que sembrara. Parecía cierto, y sin embargo, mira, todavía no termino de sembrar y ya coseché una bolsa de monedas y la gratitud de un amigo.—Tu sabiduría me asombra, anciano. Esta es la segunda gran lección que me das hoy y es quizás más importante que la primera. Déjame pues que pague también esta lección con otra bolsa de monedas.—Y a veces pasa esto –siguió el anciano y extendió la mano mirando las dos bolsas de monedas—: sembré para no cosechar y antes de terminar de sembrar ya coseché no sólo una, sino dos veces.—Ya basta, viejo, no sigas hablando. Si sigues enseñándome cosas tengo miedo de que no me alcance toda mi fortuna para pagarte…
    Saludos cordiales a su familia, de la cual hemos cosechado frutos, usted sabe a que me refiero. GRACIAS

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s