MESA DE AUTOPSIAS: LA MEDICINA Y SUS ENEMIGOS.

Por razón de la naturaleza íntima y personal de su trabajo quien ejerce la medicina, quizás más que otros hombres, necesita la educación superior de la que habla Platón: la educación en la virtud desde la juventud capacita al hombre para buscar con entusiasmo la perfección ideal”.

William Osler, La palabra clave en medicina. 1903.

 

            Referencia obligada para quienes nos interesamos no solamente en los aspectos técnicos y científicos de la medicina, sino que intentamos comprender su evolución a través de los siglos y el papel del médico en la sociedad, William Osler (1849-1919) nos ofrece en su obra escrita un verdadero oasis en medio de la fatigosa jornada a través de la desértica rutina cotidiana. Imposible prescindir de él si se aspira a tener una idea equilibrada y estimulante del ejercicio profesional.

            Osler identificó muy bien la grandeza que puede hacer del médico minucioso y constante un verdadero motor que impulse las mejores causas en su ambiente social. También supo reconocer la miseria espiritual que irremediablemente arrastra a muchos profesionales hacia los abismos de la ignorancia, la envidia, la codicia y la soberbia.

            Y es que hay una verdadera red de vasos comunicantes entre la profesión médica y la sociedad en su conjunto. Una suele ser el fiel reflejo de la otra. En el fondo, los pronunciamientos cada vez más frecuentes sobre la deshumanización de la medicina no son más que una descripción precisa de la degradación social en la que estamos inmersos dentro de nuestra propia comunidad. Ese envilecimiento ha llegado a corromper y a penetrar tan profundo en el tejido social que hasta la misma declaración de “la pérdida de valores” ha terminado convirtiéndose en un eslogan totalmente hueco. Ni siquiera muchos de quienes la repiten con frecuencia y hacen de ella la enseña de su actividad tienen en el fondo un verdadero interés en que la sociedad acceda a mejores niveles de bienestar físico y espiritual.

            En un discurso pronunciado en Montreal en 1902 ante la Asociación Médica Canadiense, William Osler destacó lo que él llamó las cuatro grandes características de la medicina y del gremio médico. Conviene repasarlas para intentar contrarrestar –aunque sea tal vez una esperanza vana– la degradación acelerada de nuestra profesión en el seno de una sociedad indiferente y pasiva.

            A la primera característica la llamó su noble ascendencia, refiriendo el origen de la medicina moderna a un producto del intelecto griego, cuyos médicos muy pronto hicieron nacer el espíritu de la crítica sobre las opiniones arbitrarias y supersticiones frente al fenómeno de la vida. Al sentido crítico y la actitud escéptica de la escuela hipocrática le debemos primero la emancipación de la medicina de las ataduras del sacerdocio y de la casta. En segundo lugar, la concepción de la medicina como un arte basado en la observación exacta, y como una ciencia, parte integral de la ciencia del hombre y de la naturaleza. En tercer lugar, los ideales morales elevados y en cuarto, la concepción y realización de la medicina como profesión de un hombre cultivado.

            La segunda característica del gremio médico es la extraordinaria solidaridad. Aspecto que no se observa tan desarrollado en ninguna otra profesión y que, según Osler, encuentra en la medicina una expresión aún más plena que en la propia Iglesia Católica. Lo que define esta solidaridad es la identidad a través del mundo civilizado de los métodos y del trabajo de los médicos. ¿Cuáles son los métodos? Observar cuidadosamente los fenómenos de la vida en todas sus fases, perfeccionar el arte de la observación, ayudarse con la experimentación y cultivar la facultad del razonamiento para distinguir lo verdadero de lo falso. ¿Cuál es el trabajo? Prevenir la enfermedad, aliviar el sufrimiento y curar al enfermo.

            La tercera característica es su carácter progresivo. La medicina que se basa en la ciencia ha compartido con ella sus vicisitudes. El enorme desarrollo de la investigación científica ha sido el agente más influyente en la transformación de la medicina moderna. No sólo en lo relativo al avance del conocimiento, sino en el abandono de dogmas que son reemplazados por el espíritu de la libre indagación.

            Por último, la cuarta característica de la medicina es su singular beneficencia. Señala Osler que nada puede compararse a los beneficios que la medicina científica ha traído a la humanidad. Y aunque se pueden hacer algunas objeciones a ciertos aspectos de la medicina moderna y de la investigación biomédica en la actualidad, lo referido por Osler sigue siendo hoy perfectamente válido.

            Sucede a veces que en algunas sociedades la medicina no logra despegar ni alcanzar niveles superiores, tanto en lo que se refiere al ejercicio cotidiano de la profesión, como en lo relativo a la enseñanza de la misma dentro de las escuelas de medicina. Pasan los años y el nivel se mantiene estático, no hay progreso y no parece haber esperanza de alcanzarlo.

            ¿Qué determina el nivel de la medicina en una sociedad? Puede decirse de antemano que son muchos los factores que intervienen. Algunos provienen del pasado, de la historia y evolución que ha sufrido la medicina en ese lugar. Otros tienen que ver con decisiones recientes y actuales.

            Ciertos elementos son ajenos al gremio médico de una comunidad. Otros son factores internos íntimamente relacionados con la calidad profesional y humana de los propios médicos, tanto en lo individual, como en lo colectivo.

            En algunos casos, la existencia dentro de una comunidad de grupos cerrados de profesionales unidos por intereses propios que no comparten con el resto de sus colegas tiene una influencia determinante en el nivel y estilo que caracteriza al ejercicio de la profesión y la enseñanza de la medicina en esa comunidad.

            Si uno de esos grupos ha sabido conservar su cohesión interna para resistir el paso del tiempo y sus miembros han ido escalando con fría determinación los puestos clave donde se toman las decisiones más relevantes e influyentes del gremio médico,el grupo irá acumulando cada vez mayor poder, al punto de convertirse en el factor determinante que explica la forma de practicar y enseñar la profesión en una sociedad determinada.

            En casos así, existe una relación estrecha entre la altura académica y la calidad moral de los miembros del grupo en cuestión y el nivel que alcanza la medicina en ese lugar. El fundamento científico y la rectitud de sus decisiones y de su proceder definen en buena medida la forma de actuar y la calidad profesional y humana del entorno médico que los rodea.

            La medicina es una de las expresiones más logradas del espíritu humano. Aquello que pierde al hombre es lo mismo que envilece al médico. De todos los enemigos del hombre, el más temido es que tiene un mayor poder de destrucción. Volvamos a los antiguos griegos. ¿Qué nos enseña su historia? Nos muestra que la ascensión a las más altas cotas del espíritu no previene la caída hacia el abismo cuando nos dejamos dominar por la codicia, el ansia de control, la ambición de poder, la acumulación de riquezas y la satisfacción de los más bajos instintos.

            Los enemigos de la medicina se identifican con los del hombre mismo. ¿Cómo puedo afirmarlo? La respuesta la dio hace ya muchos siglos Publio Terencio, un escritor de comedias romano que había nacido en Cartago: “Soy hombre y nada de lo humano me es ajeno”.

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3 thoughts on “MESA DE AUTOPSIAS: LA MEDICINA Y SUS ENEMIGOS.

  1. La codicia fué una de las tres causas de esta crisis mundial, un dato el Presidente de una Institución ganaba 17 mil dólares lahora y era legal diría él mismo, así lo dirían en Aguascalientes

  2. Los peligros y vicisitudes a los que ha estado expuesta la medicina son tan antiguas como la medicina misma, no hay nada más actual que los Consejos de Esculapio, pasan los siglos y los médicos nos seguimos exponiendo a las mismas situaciones. Cuando fui estudiante de primer año me leyeron los consejos como era tradición en mi universidad, han pasado 20 años y sigo respondiendo lo mismo. A pesar de todo “Si quiero”. Gracias por sus excelentes disertaciones y por los comentarios atinados.

    1. Gracias a usted por leerlos y enriquecerlos con sus comentarios. Me podra decir su nombre y desde dnde me escribe? Luis Miuoz.

      Enviado desde mi iPhone

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