MESA DE AUTOPSIAS: LA VOCACIÓN INSÓLITA.

“Me interesé en la patología durante el segundo año en la escuela de medicina. Mirando a través del microscopio vi como la medicina cobraba vida. Quería entender la enfermedad y sus causas y comprender cómo esos cambios ocurrían en los pacientes. De ninguna manera la patología era una ciencia de los muertos. Sentí que aprendí la mayor parte de la medicina estudiando patología. Era la base de todo”.

Elaine S. Jaffe, A matter of life and death. 2008.

No hay duda que la inmensa mayoría de los estudiantes que ingresan a la carrera de medicina desean convertirse en médicos para ser capaces de tratar las enfermedades que afligen a los seres humanos. La atracción por la terapéutica, ya sea médica o quirúrgica, es muy poderosa y representa la motivación principal de quienes estudian esta profesión.

            De todos los que concluyen la preparación como médicos generales, muy pocos seleccionan una especialidad como la radiología o la anatomía patológica (patología), disciplinas dedicadas exclusivamente al diagnóstico de las enfermedades. El conocimiento de la enfermedad, los cambios que produce en las células y tejidos y el estudio de sus causas y mecanismos –objetivos primordiales de la patología– atraen a un pequeño porcentaje de médicos en relación con otras especialidades.

            Los patólogos somos un grupo modesto en número –casi una familia en la que todos nos conocemos– si nos comparamos con otros especialistas como los cirujanos, los pediatras o los ginecólogos. Además del interés de la mayoría de los médicos por el tratamiento de las enfermedades, la poca popularidad de la patología para muchos de los aspirantes a las diversas especialidades médicas se debe a varias causas. Una de las más importantes es la concepción errónea sobre el campo de acción y los alcances de la anatomía patológica.

            También influye la estrecha relación –mucho más marcada en épocas anteriores– entre la patología y las autopsias. Aunque nadie con un conocimiento aceptable de la medicina puede negar las invaluables aportaciones que la autopsia ha brindado al conocimiento de las enfermedades, el trato con los cadáveres –aunque sean frescos y se manipulen de manera profesional–  tiene para la mayoría un dejo macabro y repugnante. Poco ayuda el que algunas salas de autopsia se ubiquen en lugares lóbregos, mal ventilados e iluminados y que no sean aseadas con la frecuencia y pulcritud debidas.

            De cualquier manera, las autopsias en los hospitales de practican cada vez menos. Es un fenómeno mundial y en la literatura médica hay numerosos artículos en los que se analizan las causas y repercusiones de este declive pronunciado en el número de estudios post mórtem. Hoy en día, sólo en muy pocos lugares del mundo las cifras de autopsias médicas son elevadas, tal como ocurría antaño. Por esa razón, los patólogos actuales se dedican casi de manera exclusiva al estudio de las muestras procedentes de los pacientes vivos. Los patólogos modernos se han vuelto expertos en el estudio de las células –citopatólogos– y, especialmente, en el análisis y diagnóstico de las alteraciones que sufren los tejidos y órganos de los pacientes vivos. Ese es el objetivo central de la patología quirúrgica.

            En la actualidad, la medicina es una profesión con bases científicas y la patología se encuentra en el centro de ese cimiento. Ha sido el trabajo anatómico minucioso de numerosos patólogos formales y aficionados –tanto en la observación cuidadosa a simple vista como en el uso del microscopio– lo que le ha dado a la medicina su distintivo científico. A lo largo de la historia, la autopsia, la citopatología y la patología quirúrgica han permitido el descubrimiento de las causas y mecanismos de muchísimas enfermedades –piénsese en el sida, por ejemplo– y han fijado las bases para que estas enfermedades puedan ser reconocidas (diagnosticadas) cada vez que se presentan de nuevo en algún paciente.

            Y estas aportaciones fundamentales de la patología se siguen sucediendo hoy. Los patólogos no se han quedado atrás y han sabido incursionar con gran provecho teórico y práctico en el estudio de la biología molecular, la ciencia que ha revolucionado el conocimiento de los seres vivos. Utilizando poderosas técnicas provenientes de disciplinas como la inmunología, la genética, la bioquímica, la microbiología y la informática, la patología estudia la enfermedad no sólo a nivel celular, sino en sus componentes más íntimos: las moléculas, elementos que constituyen la composición química de la materia viviente.

            Si a finales del siglo XIX Rudolph Virchow trasladó la residencia de la enfermedad del cuerpo y sus órganos a las células, en la actualidad se observa una tendencia cada vez más marcada por estudiar y comprender las enfermedades desde el punto de vista de las moléculas y sus relaciones. Basta observar el enorme impacto –apenas apreciable todavía para el público– que está teniendo el conocimiento del genoma humano. Si hace apenas 20 años los artículos contenidos en las revistas de patología trataban en su mayoría de los cambios macro y microscópicos de las células y los tejidos enfermos, hoy predomina de una manera evidente el enfoque molecular de la enfermedad. Los patólogos no hemos dejado –ni dejaremos– de utilizar el microscopio, pero hemos enriquecido nuestro arsenal diagnóstico con un número creciente de técnicas moleculares.

            La patología tiene un papel relevante en el diagnóstico de numerosas enfermedades. La información que se obtiene con el estudio de las células y los tejidos le permite al médico clínico definir el diagnóstico de la enfermedad, estimar su pronóstico y decidir su tratamiento. Si esto es cierto es muchas enfermedades hepáticas y renales, por ejemplo, en el campo del cáncer el papel del patólogo es absolutamente decisivo. El estudio de las muestras obtenidas de los diferentes tumores no sólo es indispensable para establecer con toda precisión el diagnóstico y el pronóstico, sino que resulta vital para definir las nuevas formas de tratamiento que se están desarrollando en la actualidad. Además, en el tratamiento quirúrgico del cáncer y de otras muchas enfermedades, los patólogos somos –aunque no nos vean– los que guiamos las manos del cirujano. En los tumores malignos nos queda estrecha la denominación “servicios auxiliares de diagnóstico y tratamiento”. Hoy por hoy en el cáncer, el reporte de patología ES el diagnóstico.

            Por eso y por muchas razones más, la nuestra es una vocación insólita –lo reconozco–, en especial para quien pensó en estudiar medicina soñando con curar las enfermedades del género humano. Renunciamos al trato cotidiano y directo con los pacientes para concentrarnos en el estudio minucioso de las enfermedades, porque sabemos que en ese conocimiento está la clave de su posible solución. En nuestro interior abrigamos la convicción de que nuestra labor es esencial para que los médicos tratantes puedan realizar bien su trabajo. Desconocidos casi siempre para los pacientes a quienes servimos, trabajando en laboratorios rara vez visitados por el gran público, seguimos adelante con la motivación de saber que nuestra ciencia es el cimiento de la medicina moderna. Será por eso, por ser el cimiento, que casi siempre nos toca trabajar en los sótanos de los hospitales.

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5 thoughts on “MESA DE AUTOPSIAS: LA VOCACIÓN INSÓLITA.

  1. me parece muy buena su idea , y me alegra que todo le haya ido bien , yo tambien por el mismo rumbo y anhelo que no haya doctores mercenarios, sino , humanistas, que les interese de veras la salud de los demas, felicitaciones por su incorporacion y decicion, y espero algun dia llegar a ser uno mas que se ocupa de velar por la salud de los demas

  2. Estimado Luis:
    Compruebo por sus escritos, que el sentir de los patólogos es idéntico, aunque los separen mares y culturas. Cuanto sufre el patólogo en su anonimato viendo muchas veces a los médicos tratantes hacer gala de un diagnóstico del que solo aportaron el espécimen. Que pocas veces se nos reconoce el éxito y cuan puntuales para recordar los errores. Tan es así, que pudieran dedicárseles algunas líneas en los textos básicos de la especialidad, para que quien opte por ella sepa que cruz va a cargar. Por suerte y por estas mismas razones, la Anatomía Patológica es una especialidad que apasiona al que la estudia, y nos orgullecemos de poder ver con nuestros propios ojos lo que otros se imaginan, que nos asocien con la verdad y que se nos busque cuando el juego ha quedado tabla. Si se me pidiera que señalara solo una de las virtudes de la Anatomía Patológica, mencionaría el conocimiento de la magnitud. Solo en la mesa de autopsia se adquiere un conocimiento práctico y real del resultado de la enfermedad en el cuerpo humano.

    1. Estimado Daniel: Tu concepto del “conocimiento de la magnitud” me parece muy atinado y coincido plenamente con la afinidad de pensamientos y sentimientos que experimentamos los patlogos. Gracias por tu comentario. Luis.

      Enviado desde mi iPhone

  3. Sigo leyendo su trabajo y me sigue emocionando. Ya hace algún tiempo lo conocí y me despedí de la patología pero ahora que regresé a ella lo uso para enseñárselos a mis R’ 1(uno). Le.mando un saludo doctor, tal vez no me recuerde.
    Atte. Claudia (México)

    1. Apreciada Claudia:
      Gracias por tu comentario. Supongo que eres la que empezó su residencia en el Hospital Juárez con la Dra. Evelyn Gutiérrez, ¿no es así?
      Luis.

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