MESA DE AUTOPSIAS: LAS MARIPOSAS OLVIDADAS (tercera y última parte).

“El sistema nervioso representa el último término de la evolución de la materia viva y la máquina más complicada y de más nobles actividades que nos ofrece la naturaleza. En cuanto este sistema aparece, la unidad del ser viviente se acentúa, sus recursos para procurarse el alimento y sus defensas de los ataques del mundo exterior se multiplican, adquiriendo también mayor precisión, eficacia y congruencia; y en los peldaños más altos de la animalidad, a guisa de perfeccionamientos de estos aparatos defensivos, surgen fenómenos tan admirables como la sensación, el pensamiento y la voluntad”.

Santiago Ramón y Cajal, Textura del sistema nervioso del hombre y de los vertebrados. 1899.

               

            El lenguaje que las células utilizan para comunicarse –y las neuronas no son la excepción– es químico. Cuando una célula emisora tiene que comunicarse con otra le envía una sustancia química que llega a la superficie de la célula receptora, desencadenando en ella una respuesta que también es química. Las células que se están comunicando pueden encontrarse muy cerca una de otra o estar separadas por grandes distancias dentro del cuerpo. El ejemplo extremo es una sustancia –hormona–  que libera una célula de la hipófisis, una pequeña glándula ubicada en la base del cerebro, para comunicarse con una célula que se encuentra en los ovarios. La hormona viaja a través de la ciruculación sanguínea para llegar a su célula blanco. Las neuronas están en el extremo opuesto.

            Aunque las neuronas son células independientes, sin continuidad física entre ellas, allí en donde reciben o transmiten los impulsos nerviosos se acercan muchísimo entre sí. Esos “puntos de contacto” se llaman sinapsis y en ellos una hendidura de 25 milésimas de milímetro apenas separa a una neurona de otra. La neurona emisora libera una sustancia –el neurotransmisor– que libra la distancia señalada para tocar la superficie de la neurona receptora, provocando en ella el tipo de respuesta deseada. Esa es la base de la transmisión del impulso nervioso. Como en esta forma de comunicación se registran alteraciones en las cargas eléctricas de las neuronas, podemos decir que se trata de un fenómeno electroquímico.

            Hasta hace algunos años se pensaba que las células de la glía eran simplemente testigos inertes de la comunicación rápida e incesante entre las neuronas. Dado que las células de la glía no manifiestan la notoria actividad eléctrica de las neuronas, no se les tomó en cuenta en este fenómeno. Sin embargo, una vez que se descubrió que el calcio es el elemento de comunicación entre las células de la glía, empezó a revelarse el papel que estas células juegan en la modulación de la comunicación neuronal. Y hoy sabemos que ese papel es de suma importancia.

            Los astrocitos, el tipo de células de la glía más abundante, se ubican en la cercanía de las sinpasis y modulan la transmisión de señales e información entre las neuronas. Proveen la fuente de energía y los elementos químicos para la fabricación de los neurotransmisores, coordinan grandes series de neuronas y sus sinapsis formando grupos funcionales, integran y propagan en su propia red privada la información que reciben de las neuronas, entran y salen de la hendidura de la sinapsis, conectan y desconectan las sinapsis, liberan sustancias neuroprotectoras o neurotóxicas y dan nacimiento a nuevas neuronas.            

            Además de los astrocitos, otras células de la glía como los oligodendrocitos, las células de Schwann y las células de microglia se comunican con el sistema circulatorio y con el sistema inmunológico –defensivo–, aíslan vías de comunicación neuronal y controlan la velocidad del impulso nervioso que discurre por ellas.

            Durante el desarrollo intrauterino, son las encargadas de ejecutar la construcción del cerebro embrionario, dirigir las conexiones que van a establecer las neuronas y establecer las vías de comunicación entre ellas. Además, en el caso de que se presenten lesiones, son las responsables de la reparación y restablecimiento de las vías interrumpidas.

            Como puede verse, las células de la glía son mucho más que un simple soporte estructural del sistema nervioso y hay quienes se preguntan si acaso tendrán algo que ver con las funciones cerebrales que más nos distinguen, como el pensamiento abstracto, la imaginación y la creatividad. Empezamos a aceptar que sí. Son justamente las áreas cerebrales que más tienen que ver con esas funciones las que muestran una mayor concentración de células de la glía. Así pudo demostrarse en el cerebro de Albert Einstein. Será por eso que una de sus frases más famosas señalaba que “la imaginación es más importante que el conocimiento”.

            En contraste con las neuronas, capaces de una comunicación muy rápida y una capacidad inmediata para responder a los estímulos, las células de la glía tienen un tiempo propio que transcurre mucho más despacio. Por eso no intervienen en la respuesta rápida al dolor agudo –como cuando retiramos instantáneamente la mano del fuego–, sin embargo, parecen jugar un papel central en el dolor crónico. Este tipo de dolor, que afecta del 10 al 20% de la población estadounidense y europea –en México no tenemos estadísticas confiables al respecto–, se debe en buena parte a que los astrocitos incrementan la sensibilidad de las neuronas a los estímulos dolorosos. Hasta hoy, el tratamiento farmacológico de este problema iba dirigido de manera exclusiva a frenar la actividad de las neuronas hipersensibles. Los nuevos enfoques terapéuticos buscan interrumpir el círculo vicioso que se origina en las células de la glía, lo que abre un panorama prometedor hasta ahora inexplorado.

            Los nuevos conocimientos sobre la biología de las células de la glía permiten cuestionar seriamente algunas ideas sobre el tejido nervioso que habían permanecido intocadas por décadas, como es el caso de la plasticidad –la capacidad de adaptación y aprendizaje ante nuevos retos–, la regeneración de las neuronas y el envejecimiento cerebral. Se acumulan cada vez más evidencias que muestran como las células de la glía orquestan la regeneración neuronal y ellas mismas se multiplican en aquellas áreas del cerebro responsables de los nuevos aprendizajes. Los estudios en el cerebro de los canarios y su capacidad para aprender nuevas canciones así lo señalan.

            Son muchas las preguntas que hoy se hacen los investigadores en torno a estas células que habían permanecido al margen de su interés hasta hace poco. Entre esas preguntas destacan las siguientes: ¿qué tanta plasticidad tienen las células de la glía? Como en el caso de las neuronas, ¿las células de la glía aprenden, duermen y envejecen? ¿Son distintas las de los hombres y las de las mujeres? ¿Qué enfermedades las afectan? ¿Cuántos tipos existen además de los ya conocidos?

            Las “mariposas olvidadas” ya no lo son más. Hoy son el objeto de un campo muy activo de las neurociencias que promete grandes sorpresas. Viejas y queridas teorías serán reemplazadas por nuevas evidencias y habremos dado un paso más en el conocimiento de nosotros mismos.

            Cuando Rudolph Virchow, aquel famoso patólogo alemán de finales del siglo XIX, consideró a las células de la glía un simple pegamento del tejido nervioso tal vez no iba tan errado. Si interpretamos su concepto en un sentido más funcional que anatómico, Virchow no se equivocó. Parece que son las células de la glía las que dan cohesión –pegan, diría Virchow– y guían con mano maternal –dulce y discreta, pero firme– la función de las neuronas. Son las “mariposas olvidadas” las que enseñan a volar a las “mariposas del alma”.

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2 thoughts on “MESA DE AUTOPSIAS: LAS MARIPOSAS OLVIDADAS (tercera y última parte).

  1. Hola Doctor Muñoz, leí con detenimiento este artículo suyo sobre las células de la glía y al no ver que había comentarios al respecto de su artículo pensé que así pasa a nivel Nacional en relación con la ciencia, le cito lo dicho por el científico Ramón y Cajal refiriéndose a España “Nuestros estadistas de hoy adolecen, sin duda, de algunos defectos (uno de ellos es ignorar o no sentir con suficiente energía que la grandeza y poderío de las naciones es obra de la ciencia, y que la justicia, el orden y las buenas leyes constituyen factores de prosperidad positivos, aunque secundarios…para los hábiles en la intriga y del favor se crean sinecuras y se acumulan espléndidos medios materiales…

  2. Estimado C.P. Venegas:
    Como podrá usted adivinar por mi dirección electrónica, Santiago Ramón y Cajal es mi héroe científico español favorito. La situación histórica de la ciencia española a finales del XIX tiene notables similitudes con el México de hoy. Dado que las dos carreras más lucrativas y mejor pagadas de nuestro país (la política y el narcotráfico) no requieren estudios, es lógico que nuestros políticos, salvo excepciones, ignoren muchas cosas verdaderamente importantes como el desarrollo científico. Además, no les interesa. Las últimas palabras de su cita describen con toda precisión nuestro actual panorama político nacional.
    Saludos cordiales.
    Atentamente,
    Luis Muñoz.

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