MESA DE AUTOPSIAS: YA SE PUDO.

En alguien hay que simbolizar al futbolista, ese mítico personaje, no ya de los años 40, sino también de los tiempos actuales. Para los de entonces, ningún nombre más característico que el de Telmo Zarraonaindía, famoso a escala mundial por el apócope de su apellido (Zarra). Sustituyó al veterano Unamuno en el eje de la delantera del Atlético de Bilbao, en 1941, y el gran periodista Vicente Coello le dio su más perfecta y exacta definición: el ariete de la furia”.

Fernando Vizcaíno Casas, La España de la Posguerra. 1978.

 

             Desde el pasado domingo 11 de julio de 2010 todos me preguntan lo mismo. ¿Qué se siente haber nacido en España, ahora que acaba de ganar el Campeonato Mundial de futbol? Dado mi origen ibérico, es una pregunta inevitable, pero la respuesta no puede quedarse en un “se siente estupendamente bien”. Así que ahora me propongo poner por escrito lo que ya antes les he dicho a casi todos los que me lo han preguntado.

            Aunque no soy un aficionado fervoroso del balompié, debo reconocer que el futbol, practicado en tantos lugares del mundo y con millones de seguidores, tiene varias facetas que van más allá de lo estrictamente deportivo.

            Saltan a la vista los enormes intereses económicos que giran en torno a un campeonato como el que acaba de concluir y las jugosas ganancias que se obtienen durante los torneos nacionales que se desarrollan en los diferentes países.

            Algunos señalan que el futbol es una válvula de escape para aquellas sociedades que atraviesan por penurias económicas o que sufren la opresión de sus gobiernos. En estos casos, el futbol es un instrumento utilizado por los gobernantes para permitir que el pueblo desahogue sus frustraciones de una manera controlada que no pone en riesgo el orden establecido. Ejemplos tenemos muchos y muy cercanos.

            También es un sustituto de los enfrentamientos bélicos de antaño, cuando las guerras –que siempre esconden causas inconfesables– llegaban a tener un motivo nacionalista, como la defensa de la soberanía y los límites territoriales de los países en conflicto. Un buen ejemplo es lo que periodista polaco Ryszard Kapuscinski llamó en un magnífico artículo “La guerra del futbol”, aquel choque ocurrido entre Honduras y El Salvador durante las eliminatorias del Mundial México 70.

            En el partido de ida el equipo de El Salvador viajó a Tegucigalpa. La noche previa al partido, los jugadores salvadoreños fueron acosados en su hotel por los cientos de hinchas hondureños que, a base de gritos, golpes de cacerolas, aullidos, petardos y el ruido infernal de los cláxones de los automóviles no los dejaron dormir ni un minuto. Al día siguiente, la selección de Honduras derrotó a la de El Salvador 1 a 0. Desde su casa, una joven salvadoreña de 18 años llamada Amelia Bolaños se pegó un tiro ante la derrota sufrida por su equipo. Recibió funerales de estado con el féretro cubierto con la bandera nacional.

            Para el partido de vuelta en San Salvador se tomaron medidas extremas de seguridad. El seleccionado hondureño fue escoltado por el ejército. Pero en su hotel se repitió invertida la misma historia. Los aficionados salvadoreños no les permitieron descansar, rompiendo las ventanas de sus habitaciones por las que arrojaron toneladas de huevos podridos, ratas muertas y trapos malolientes. Los jugadores hondureños fueron trasladados al estadio Flor Blanca en camionetas blindadas. Por fortuna, perdieron 3 a 0, lo que lavó la ofensa de los salvadoreños. Los hinchas hondureños que asistieron al partido tuvieron que huir despavoridos hacia la frontera cuando éste finalizó. Muchos fueron apaleados y resultaron dos personas muertas. Poco después, El Salvador atacó a Honduras y se inició una guerra que duró seis días, con unos 4,000 a 6,000 civiles muertos y 15,000 heridos.

            En España, la afición al futbol es muy añeja. En algunas localidades y entre algunas personas este deporte es casi una religión. Con un regionalismo tan marcado por diferencias históricas y culturales que alcanzan su clímax en la expresión de los diferentes idiomas, ciertos equipos de futbol representan los intereses de sus comunidades regionales y cuando salen a competir lo que suele ponerse en juego es el orgullo y la supremacía de la región por encima del gobierno centralista de Madrid. Sin embargo, salvo algunas excepciones aisladas, la selección nacional de España ha llegado a aglutinar el interés de buena parte de los aficionados que, aunque sea solamente durante el tiempo que dura el campeonato, se olvidan de sus diferencias regionales y la apoyan con entusiasmo. Todos hablan de  “La Roja” o de “La Furia”.

            Uno de los episodios memorables de esta afición ocurrió durante el Mundial de Brasil en 1950. España derrotó a Inglaterra por 1 a 0. Se desbordó el entusiasmo al vencer a un país considerado por siglos un enemigo de España, que, para más inri, ofendía a los españoles con su presencia permanente en el Peñón de Gibraltar. Cuando el artillero español Zarra perforó la meta inglesa defendida por Williams, toda España gritó al unísono ¡¡¡gol!!! El doctor Armando Muñoz Calero, Presidente de la Federación Española de Futbol, dijo por la radio que los españoles “habíamos vencido a la pérfida Albión”. Este calificativo era ofensivo para Inglaterra y, a fin de evitar complicaciones diplomáticas, se ofreció la explicación de que el doctor Muñoz creía que “pérfida” quería decir “rubia”.

            Volviendo a la pregunta que tantas personas me han formulado durante estos días puedo decir que sí, la victoria merecida de España sobre Holanda, sin las ambigüedades que hubiera traído una resolución mediante penaltis, me pareció gloriosa y me dejó un sabor extraordinario. La razón es muy simple. Hace más o menos 40 años, cuando yo era niño, jamás pude disfrutar de un triunfo tan contundente de los futbolistas ni de otros deportistas españoles. Desde aquella época siempre tuve una incómoda sensación de inferioridad futbolística frente a otros países europeos. Esa sensación se desintegró el domingo pasado.

            Supongo que la mía fue una sensación similar a la que hoy tenemos los mexicanos respecto a nuestra propia Selección Nacional. Ese sentimiento de que equipos como los de Alemania, Inglaterra, Holanda, Brasil o Argentina –por citar algunos de los más destacados– están        formados por seres humanos superiores que ya nacen con la fuerza física, la técnica depurada y la habilidad extraordinaria que los destina a conquistar los campeonatos mundiales que nosotros nunca lograremos obtener.

            Eso creía yo de niño en mi tierra natal. Pero ya no pienso así. Los mismos seres humanos alegres y, en su mayor parte, chaparros, como somos el común de los españoles, tuvieron fe en sí mismos, hicieron a un lado complejos ancestrales y descarrilaron a la avasalladora locomotora teutona. Y en la final, con ese estilo propio de jugar que no reniega de sus raíces para imitar ciegamente lo ajeno y a pesar del juego deliberadamente sucio de los holandeses que buscaban con ello interrumpir la cadencia del juego ibérico, pusieron una vez más “una pica en Flandes” haciendo felices a millones de compatriotas que no dejamos de cantar aquella tarde “¡¡¡soy español, español, español!!!”

            Detrás de esa victoria está todo un sistema de apoyo al deporte de alto nivel que hace hoy a España toda una potencia internacional. El gremio futbolístico, la iniciativa privada y el gobierno se pusieron en sintonía y le apostaron a un gran proyecto de largo plazo que rindió los frutos esperados. Y no sólo está ocurriendo en el terreno del deporte. Basta observar la cantidad de investigaciones españolas que se publican en las mejores revistas médicas y científicas de todo el mundo.

            En lo tocante al futbol, en España ya se pudo. Y en México, ¿cuándo?

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2 thoughts on “MESA DE AUTOPSIAS: YA SE PUDO.

  1. Hola Dr Muñoz En México no hay por parte del Estado Estrategias de Desarrollo a largo plazo, mucho menos en el deporte. Saludos cordiales

  2. No te había dicho pero me gustó mucho tu artículo. Recuerdo mucho la emoción y el orgullo que sentí al tener tu sangre, y ver la emoción de la gente en el Mesón del Taco cuando ganamos.

    De nuevo, te lo repito: me gusta tu manera de expresar lo que piensas.

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