MESA DE AUTOPSIAS: LA MITOLOGÍA SANITARIA.

Y el círculo es vicioso cuando el punto de llegada coincide exactamente con el de partida, cuando la definición ensayada no logra enriquecerse en ningún sentido. Se trata entonces de un movimiento circular perfecto y por ello condenado a la eterna y boba rotación trivial. Un círculo virtuoso, en cambio, no se cierra, El punto de llegada es el principio de otro círculo ligeramente desplazado. Se forma una espiral, hay precesión, hay virtud. Hay ciencia”.

Jorge Wagensberg. Ideas sobre la complejidad del mundo. 1985.

 

             A lo largo de estos dieciocho años que han pasado desde que llegué a Aguascalientes, he sido testigo de todo tipo de declaraciones y asertos sobre los problemas de salud que aquejan a los habitantes de este otrora tranquilo rincón de la República Mexicana. Como ocurre en todo el mundo, pero con mayor frecuencia en aquellas sociedades menos avanzadas en lo referente al desarrollo científico y a la reflexión seria y cuidadosa sobre los verdaderos intereses de la población, esas aseveraciones siempre provienen de quienes llevan la voz cantante, tengan o no conocimientos y experiencia suficientes en los temas sobre los que les gusta opinar.

            De este modo, puede uno escuchar o leer todo tipo de cosas. Desde la descripción de hechos plenamente comprobados, cuyo estudio ha permitido fundamentar con razonable seguridad las conclusiones que se exponen, hasta completos disparates o curiosas ocurrencias que no tienen otro propósito que salir del paso ante el acoso periodístico o atraer la atención con fines que no son siempre claros ni del interés general.

            Como es lógico, suelen difundir con mayor alcance sus opiniones aquellos que ocupan algún lugar prominente en la sociedad y que tienen un acceso fácil y expedito a los medios de comunicación masiva. Siempre se atiende primero al que más poder ostenta, independientemente de los méritos demostrados en el campo del conocimiento sobre el que opina. Será porque en nuestro medio asumimos irreflexivamente la idea de que la persona que manda es la que seguramente sabe. ¿Recuerdan aquel eslogan de una campaña política pasada que decía “Él sabe cómo hacerlo”?

            Por supuesto que no se trata de exigir un dominio total de los muchos temas que forman la apretada agenda de un dignatario. Para eso hay asesores que, cuando son verdaderamente competentes y devienen honradamente los sustanciosos sueldos que suelen cobrar, resultan indispensables para quien debe enfrentar las cámaras y micrófonos a la hora de brindar con solvencia y veracidad la información que la sociedad demanda sobre los asuntos que más le interesan.

            En una sociedad que presume de moderna, la ciencia ocupa un lugar destacado. Es lo que observamos en los países más desarrollados. En esos ambientes, el científico es un actor social respetado y su método de trabajo se considera la herramienta más valiosa para conocer la realidad en la que vive y sufre la población. Lo que llega a saberse por otros medios no es digno de la misma confianza ni goza de la misma atención que los datos obtenidos mediante la investigación científica. Eso ocurre, repito, en los países más desarrollados.

De lo anterior se desprende que el único método confiable para conocer con la mayor veracidad posible los problemas de la salud pública que aquejan a una población es la investigación científica. No está por demás recordar que la ciencia admite de antemano su imposibilidad para conocer en forma absoluta la verdad, de modo que sus conclusiones son siempre provisionales, aunque pueden utilizarse para tomar decisiones prácticas con un razonable margen de seguridad.

Una de nuestras costumbres más arraigadas es hacer las cosas que ya se han probado en otros países pero modificándolas de tal modo que se vuelven irreconocibles. En principio, el asunto no está mal. Puede ser recomendable adecuar las estrategias a las condiciones y al medio en los que uno vive. Pero se tiene que tener especial cuidado para que esa adaptación a lo propio no acabe con la esencia del método que pretendemos utilizar. Ese punto es crítico cuando estamos hablando de investigación científica. La metodología científica tiene ciertos presupuestos que no pueden pasarse por alto y que por acuerdo se aceptan hoy en la mayor parte de los países. Si no seguimos las reglas al pie de la letra, lo que estamos haciendo ya no puede considerarse una investigación confiable. Los resultados del trabajo y las conclusiones inferidas a partir de los datos obtenidos no pueden ser la base de una toma de decisiones adecuada. Lamentablemente, los ejemplos no escasean.

En sociedades como la nuestra, con una tradición científica que no tiene todavía un fuerte arraigo, las tentaciones para alejarse del rigor metodológico abundan. Hacer buena investigación exige disciplina y una honestidad intelectual a toda prueba. El motor más importante debe ser siempre la búsqueda del conocimiento. No se pueden hacer concesiones ni inventar una especie de “investigación científica a la mexicana”.

Se comprende que la falta de rigor científico a la hora de investigar las condiciones de salud de una comunidad puede tener conclusiones muy negativas. En México debemos ser doblemente cuidadosos con ello, porque hasta hoy no disponemos de una cantidad suficiente de recursos económicos para invertirlos en la investigación científica. Además, ya nos ha tocado ver como se malgastó el magro presupuesto en trabajos que no se realizaron con la seriedad debida y que, por lo mismo, resultaron inútiles.

Por ello, los ciudadanos debemos mantener una actitud vigilante y ser muy exigentes para que los trabajos de investigación que se pagan con nuestros impuestos estén bien diseñados y nos garanticen conclusiones confiables, aunque resulten contrarias a la hipótesis que dio origen a la investigación. Este último punto también es muy delicado. No importa la idea o suposición que nos llevó a investigar. En el espíritu científico no podemos casarnos con esa idea, porque si lo hacemos, lo más probable es que acabemos deformando el análisis de los resultados para que cuadre con nuestra hipótesis.

La difusión de los descubrimientos científicos también debe sujetarse a una ética. Como los medios de comunicación masiva, como su nombre lo indica, tienen un público mayor que la literatura científica especializada y, salvo excepciones, ese público no está suficientemente educado en los temas de la ciencia, lo que se declara en la prensa y en los medios electrónicos debe estar siempre rigurosamente comprobado. También aquí la tentación es muy grande. Con tal de llamar la atención hacia el declarante o con fines estrictamente comerciales, se puede incurrir en la difusión de información que, en el mejor de los casos, resulta ser una verdad a medias. Muchas veces ni siquiera se apoya en una evidencia científica sólida.

Lo que urge hacer en el tema de la comunicación científica es contar con un tipo de periodistas que son casi inexistentes en nuestro medio –a diferencia de lo que sucede en otros países– a los que se les llama periodistas científicos. Lo que publican en periódicos, revistas y libros de difusión científica ayuda muchísimo para formar y fortalecer la opinión de los lectores.

Desafortunadamente, hemos observado en el ámbito de la salud pública cómo se imaginan epidemias, se asegura la existencia de enfermedades temibles dentro de una población determinada y hasta se inventan las causas y factores de riesgo que supuestamente explican la altísima frecuencia de esa condición morbosa entre los desafortunados habitantes de cierta población.

 En pocas palabras, se abandonan los terrenos de la ciencia –si es que se hollaron alguna vez– para entrar en los de la mitología que, por referirse a la salud de una comunidad, se me ocurre bautizar con el nombre de mitología sanitaria.

 En ese mundo ficticio, los “trabajos de investigación” que se publican no deben aceptarse dentro de la literatura científica y no se puede confiar en sus conclusiones. Tampoco deben servir de base para tomar decisiones dentro del sector salud. A lo más, se podrían incluir como un subgénero de la literatura fantástica.

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One thought on “MESA DE AUTOPSIAS: LA MITOLOGÍA SANITARIA.

  1. Estimado Dr. Luis
    Desafortunadamente a veces la fuente de estos escritos salen de opiniones dadas por algunos profesionales de la salud con lagunas en el conocimiento de una verdadera y profunda medicina sin percatarse que con su status acuña de oficialidad lo planteado. La medicina ha llegado a un nivel de super-especializacion que es imposible tener un dominio completo de todos sus campos, esto es algo de lo que debemos estar concientes tanto nosotros como los medios de comunicacion a la hora de brindar informacion. Saludos Dr. Daniel

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