MESA DE AUTOPSIAS: LO QUE NECESITO DE LA VIDA.

Mi sospecha es que el mundo no sólo es más extraño de lo que suponemos, si no más extraño de lo que podemos suponer”.

J.B.S. Haldane. 1892-1964.

 

            En medio de la incertidumbre, la mentira, la vulgaridad y la intolerancia en la que estamos inmersos, si deseamos conservar la cordura y una pequeñísima dosis de esperanza, tenemos que echar mano de los paliativos disponibles. Buscar refugio en los espacios sagrados donde nuestro espíritu atribulado pueda recobrar el resuello. Son santuarios más o menos íntimos en los que no tenemos que fingir para ser aceptados.

            El primero es uno mismo. Aceptarse es una tarea que puede llevar muchos años y que a veces no se logra. Es una lástima. Se pierde un tiempo precioso en fingir que uno es lo que no es. Y el tiempo disponible no es infinito. Es un requisito indispensable poner coto a las expectativas, tanto propias como las ajenas. Uno lo nota cuando llega a un punto en el que empieza a ofrecer resistencia a las demandas absurdas, incluyendo las de uno mismo.

            El otro oasis es la familia. Puede que para algunos no lo sea, pero quien la haya formado –aunque la reduzca a un simple acto reproductivo– más vale que la disfrute, si no, ¿para qué la tiene? No abundaré sobre los verdaderos amigos, que son necesariamente pocos, porque forman parte de una familia extendida, un lazo que nos echa la vida para salvarnos de morir ahogados en nuestro propio egoísmo.

            Alguno me preguntará ¿y Dios, dónde dejas a Dios? Partiendo de su omnipresencia, debe andar metido en todo y, por lo tanto, formando parte de lo que ya escribí en los párrafos precedentes. Para mí no es tan fácil separarlo de sus encarnaciones humanas. Prefiero verlo en sus manifestaciones tangibles que devanarme el seso buscándolo en cielos y purgatorios que a veces son y luego resulta que siempre no son. Por eso disfruto tanto mi profesión de médico.

            Más allá de todo eso, cada quien puede buscar otros refugios de acuerdo a sus gustos e inclinaciones. A mí me gusta mucho leer. Ya de niño me enojaba si en navidad no me regalaban libros. Esto de la lectura no es simplemente una distracción. En una ocasión, una violinista rusa que acudió a mi oficina para pedirme consejo sobre sus males digestivos, me preguntó cómo había logrado mantener la cordura en un país con tantos problemas que hacen infeliz al ciudadano. Le dije que mirase a su alrededor. Estaba rodeada de libros. En ellos he encontrado las pistas para seguir siendo fiel a los ideales de la juventud. Leyéndolos, aprendo de verdaderos sabios, aunque me encuentre lejos de los grandes centros académicos.

            John Burdon Sanderson (J.B.S.) Haldane fue un científico de la primera mitad del siglo pasado que tuvo un éxito y una influencia notables como investigador y divulgador de la ciencia. Aunque sus intereses académicos fueron amplios, hizo importantes contribuciones a la genética de poblaciones y a la fisiología del buceo. Si bien nunca estudió una carrera universitaria en el campo de las ciencias –sus estudios profesionales los hizo en letras clásicas–, adquirió desde la niñez un interés muy marcado por la ciencia experimental gracias a su padre, John Scott Haldane, catedrático de fisiología en Oxford, Inglaterra. Padre e hijo se sometían mutuamente a varios experimentos, algunos francamente peligrosos, y J.B.S. Haldane siguió experimentando consigo mismo o con sus colaboradores cercanos sin ningún reparo. A él le debemos el conocimiento del efecto nocivo de la descompresión en los buzos.

            A sabiendas de su activismo marxista, un distinguido teólogo  le preguntó qué podía deducir de Dios a partir del estudio de la naturaleza. La respuesta de Haldane fue sorprendente: “Creo que Dios debe tener una afición desmedida por los escarabajos”. No le faltaba razón si consideramos que una de cada cuatro especies en la Tierra, incluyendo las plantas, pertenece a los escarabajos.

            Fue también un escritor prolífico. Recientemente, se publicó una colección de los ensayos que escribió en el periódico comunista Daily Worker, con el título “Lo que necesito de la vida. Escritos sobre la ciencia y la vida de J.B.S. Haldane” (What I require from Life. Writings on Science and Life from J.B.S. Haldane. Oxford University Press, 2009). El título de esta recopilación corresponde al de un ensayo que a mí me resulta especialmente instructivo y con cuyos principios coincido. He aquí algunos fragmentos:

            “¿Qué pido para mí mismo? Doy por sentado que tengo comida, agua, prendas de vestir y vivienda.

            Lo primero es trabajo y un sueldo decente por hacerlo. Aristóteles definía la felicidad no como la suma de los placeres, sino como una actividad sin obstáculos. Quiero trabajar en lo que es difícil pero interesante. Un trabajo del que pueda ver los frutos. Soy muy afortunado porque, en gran medida, puedo escoger mi trabajo.

            En segundo lugar, pido libertad, de hecho, mucha más de la que tiene la mayoría de la gente. Y en especial libertad de expresión. Que pueda yo escribir de lo que desee sin que se tache de libelo.

            También necesito estar sano. Lo que no significa que no tenga de vez en cuando un dolor de muelas o de cabeza, incluso una enfermedad aguda cada siete años o algo así. Pero quiero estar sano en los intervalos para trabajar y disfrutar. Y morir cuando ya no pueda trabajar.

            Necesito la amistad. En especial la de mis colegas y camaradas en la ciencia y en la política. Quiero una sociedad de iguales que me critiquen y a la que pueda criticar.

            Estas cuatro cosas las considero necesidades humanas básicas. Y pido también para mí algo de aventura. La vida sin peligro es como un bistec sin mostaza. Pero como mi vida tiene algún valor, no se trata de aventurarse por el simple riesgo. Como fisiólogo, puedo experimentar conmigo mismo. También puedo participar en las guerras y revoluciones con las que estoy de acuerdo. No se trata de un simple gusto por las emociones.

            Hay otras cosas que deseo, aunque no se las pido a la vida. Me gusta tener mi propio cuarto con algunos libros, buen tabaco, un baño diario y un automóvil. Me gusta tener un jardín, una alberca, una playa o un río que me queden cerca. Pero si no los tengo, lo puedo sobrellevar bastante bien.

            Quiero que los trabajadores gocen el fruto de su trabajo y no que lo aprovechen otros. Quiero que los trabajadores controlen las condiciones de su propio trabajo. La mayoría de las ocasiones, el trabajo es aburrido y, a veces, insalubre y agotador.

            Quiero ver que cada hombre y cada mujer sean tan saludables como sea posible. Lo que implica alimentación, vivienda digna y asistencia médica en la cantidad y de la calidad que exige la biología humana y que la técnica moderna pueda ofrecer.

            Deseo ver el fin de las servidumbres de clase social y de sexo. Solamente así se logrará la igualdad que es la condición para llegar a la fraternidad. Dado que ambas servidumbres tienen una base económica, estoy convencido de que sólo una revolución económica podrá conducir a su fin.

            Soy un socialista porque quiero ver a los hombres y las mujeres disfrutando las ventajas que yo mismo tengo”.

            Como muchos de los personajes que he ido descubriendo a través de mis lecturas, J.B.S. Haldane resulta especialmente cercano a mi corazón y, aunque nunca lo conocí en persona ni pude ser su alumno, me une a él y a algunos otros un fuerte lazo de simpatía que me permite verme con indulgencia y tener la fortaleza para observar lo que me rodea sin caer en pesimismos estériles ni en peligrosos sentimientos de superioridad.

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2 thoughts on “MESA DE AUTOPSIAS: LO QUE NECESITO DE LA VIDA.

  1. Ya decía Sócrates que hay que conocerse a uno mismo.
    Efectivamente, al lado de Aristóteles (y también con Heráclito y Nietzsche), con actividad, con trabajo siempre, hay que arrojarse a un montón de experiencias, entre más mejor, hasta donde nos permita nuestra individual voluntad de poder, nuestro vigor físico e intelectual, pues en viendo cómo reacciona ante diferentes personas, pueblos, circunstancias de toda índole, se va conociendo uno mejor.

    Buenas noches.

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