MESA DE AUTOPSIAS: LA GUITARRA CON LAS CUERDAS ROTAS.

“Quiero morir con mi cuerpo, esta guitarra vieja tiene las cuerdas rotas por todas partes. Con una cuerda reventada, puedes tocar acordes y melodías. Con dos cuerdas dañadas, puedes tocar una tonada. Con tres, bueno, empiezas a tener problemas. Perder una más exigirá de ti extrema creatividad. Sin embargo, todavía se puede hacer música hermosa incluso tan sólo con una cuerda y una guitarra reventada”.
Soraya Lamilla. 2006.

 
            Un buen amigo me pidió que participase en un congreso de una organización que agrupa a varias asociaciones de voluntarios que apoyan a pacientes con cáncer. El congreso se celebrará los días 18 y 19 de noviembre de 2010 en la ciudad de Puebla y mi participación consistirá en una intervención dentro de un módulo denominado “Génesis y prevención del cáncer” y, al día siguiente, impartiendo una conferencia que se titula “El cáncer en individuos famosos”.

            Cuando acepté el tema de la conferencia pensé que sería pan comido, pero, conforme se fue acercando la fecha, empecé a ser consciente de su dificultad. Desde luego que hay muchísima gente famosa que ha enfermado de cáncer, pero no todos los casos pueden ser tema de una charla como la que tengo que dar. Era menester buscar aquellos sujetos famosos en los que la enfermedad hubiese sacado lo mejor de ellos mismos y que sirvieran de ejemplo y motivación para el público que asistirá a la conferencia. Un público compuesto por algunos médicos y una mayoría de personas que no son profesionales de la medicina.

            Empecé por la definición de famoso que, como todas, puede tener diversas acepciones. En este caso va desde aquella persona que llama la atención por ser singular y extravagante hasta el que resulta insigne y excelente en su especie. Me incliné por este significado. Y allí me encontré con algunas historias extraordinarias, que pueden sacudirnos en lo más profundo. En las líneas siguientes, pretendo contar una de ellas.

            Cada vez que me toca decirle a alguien que tiene cáncer, le señalo algo que me parece constante en una situación así. “Su vida ya no será nunca igual”, les digo. “Esta enfermedad es un punto de inflexión en su vida”. “Desde hoy, su historia tiene un antes y tendrá un después de este diagnóstico”. No creo exagerar. En algunas ocasiones, este punto divide la trayectoria vital en dos mitades muy desiguales: larga la del pasado y muy corta la del porvenir.

            Soraya Raquel Lamilla Cuevas nació en Nueva Jersey el 11 de marzo de 1969. Procedía de una familia colombiana que se había ido a vivir a los Estados Unidos de Norteamérica. Su familia materna, aunque colombiana, tenía raíces cristiano-libanesas. A su madre le diagnosticaron cáncer de mama cuando Soraya tenía 12 años. Su enfermedad reapareció seis años después y la mató cuando Soraya había cumplido los 22 años. El mismo cáncer también segó las vidas de su abuela y de su tía, ambas de la misma rama materna.

            El interés de Soraya por la música se hizo evidente desde su infancia. Viendo tocar a su tío el tiple colombiano –una especie de guitarra con cuatro cuerdas triples–, aprendió guitarra y a los nueve años ya poseía un dominio envidiable del violín. Su primera presentación musical en público la hizo como violinista en el Carnegie Hall de Nueva York. Después, asistió a la Universidad Rutgers en Nueva Jersey, donde cursó literatura inglesa, filosofía francesa y estudios de la mujer.

            En 1996 obtuvo un contrato con la disquera Polygram Latino/Island Records. Su primer álbum, En esa noche, fue muy bien recibido por la crítica. Con su canción De repente alcanzó gran popularidad y con su segundo álbum, Torre de marfil, que salió al mercado en 1997, obtuvo el reconocimiento internacional.

            A pesar de sus antecedentes familiares –es casi seguro que era portadora de mutaciones en los genes BRCA1 o BRCA2 que aumentan notoriamente el riesgo de desarrollar cáncer de mama y de los ovarios– no se sometió a una vigilancia estrecha del estado de sus senos.

            A finales del año 2000 –tenía 31 años– y pocas semanas antes de que saliese al mercado Cuerpo y alma, su nuevo álbum, recibió la noticia de que tenía un cáncer de mama en etapa III (avanzada). Durante los dos años siguientes, se sometió a la extirpación de sus dos glándulas mamarias, que fueron reconstruidas quirúrgicamente y recibió tanto quimioterapia como radioterapia. Si antes de su enfermedad sus composiciones ya mostraban una sensibilidad extraordinaria, después del diagnóstico y el tratamiento, su producción musical se volvió el conducto por el que expresó sus terribles experiencias y su esperanza en la vida. Y empezó a colaborar con la Fundación Susan G. Komen para llevar un mensaje de prevención y cuidado personal a las mujeres latinoamericanas.

            Su regreso musical se dio en 2002 y estuvo lleno de éxitos y un gran reconocimiento de la crítica especializada. En sus letras se puede encontrar la influencia de su formación literaria y filosófica y sus melodías son fuente de inspiración y armonía para quienes escuchan sus canciones.

            Para llamar la atención de las mujeres y ponerlas en alerta frente al cáncer de mama, Soraya escribió y grabó Por ser quien soy, donde reflejó su experiencia en la lucha contra esa enfermedad.

Dio charlas y grabó videos en los que dirige a las mujeres diciéndoles: “El cáncer de seno no conoce fronteras, es inesperado y poco selectivo. No le importa si tenemos seguro de salud, si somos ricas, pobres, qué idioma hablamos, ni siquiera el color de nuestra piel. El simple hecho de ser mujer, nos pone en riesgo”.

            Soraya murió de cáncer mamario el 10 de mayo de 2006. Apenas tenía 37 años. Los últimos diez meses los dedicó a escribir un libro que tituló “Con las cuerdas rotas”. Explicando sus motivos, dijo en aquella ocasión: “Sé que hay muchas preguntas incontestables, que la esperanza no se muere conmigo y, sobre todo, que mi misión no termina con mi historia física. Es por eso que durante estos últimos meses he dedicado mis energías a escribir, línea tras línea, alternativas a esos posibles interrogantes sin respuesta. Con el paso del tiempo, estas líneas se convirtieron en páginas, y éstas, a su vez, han formado un libro. Un libro lleno de experiencias consistentes y llenas de sinceridad. Un libro que al igual que mi música y mi tarea, sólo sería un mensaje sin destino si no tuviera el apoyo de ustedes”.

            Las últimas palabras del libro, en el que se compara con una guitarra, son estremecedoras:

            “Mi madera está agrietada, pero sigue siendo pura, y aún tengo recuerdos de los grandes logros que alcanzó este instrumento. Pero sé que tan pronto se reviente mi última cuerda, me perderé en el universo donde no hay cuerdas rotas y detrás de mis ojos cerrados, la vida será como debe ser. Inhalo. Exhalo. Ese aliento es mi ritmo. Escúchalo moverse a través de tus pulmones y a través de tu garganta. Es tan hermoso. Llega entonces una melodía y sí, ahí están las notas, flotan sobre mí. Me sonríen como cuando era una niña empezando a descubrirlas. Tal vez estoy soñando. Tal vez no. La vida me ha llevado por un sendero largo y curvo y ahora tengo mis pies en la tierra y a mis angelitos conmigo. Pienso que me sentaré y entonaré una canción. Pienso que debo hablar de la esperanza, de la dignidad y de la gracia: un espejo de la vida que estas mujeres que conocí y amé, vivieron. Sé que aún les puedo cantar, aún con las cuerdas rotas”.

Anuncios

12 thoughts on “MESA DE AUTOPSIAS: LA GUITARRA CON LAS CUERDAS ROTAS.

  1. parece que ante circunstacias como estas es que nos hacemos conciente del valor de la vida, pero la muerte siempre ha estado alli cerquita pero no nos guta verla.lo importante es saber que queremos, desarrollar nuestro talento. no importa cuanto vivamos y compartirlo, es tener certeza de nuestro destino. es darse a si mismo com amor, la muerte ya no da miedo solo nostalgia: es la manera de realizarnos

  2. siempre me gusto escuchar esa gran artista, a pesar de la tristeza que senti cuando murio Soraya, la he reedescubierto recientemente y me ha impresionado muchisimo mas ahora, tanto por su talento como por su gran labor humanitaria: yo a diario estoy en contacto con pacientes oncologicos y se que falta mucha sensibilidad para darles la atension que merecen. ojala Soraya pudiese entrar en los corazones de todos.. Ella es la inspirasion y la sensibilidad adecuada, lastima que pocos la recuerdan, hoy

      1. Estimada María:
        Si usted me lo permite, se lo enviaré en formato pdf más tarde.
        Saludos cordiales.
        Atentamente,
        Luis Muñoz.

      2. Gracias por tu comentario, Víctor Hugo. Me alegra que lo que escribí te sea de utilidad.
        Un abrazo.
        Luis Muñoz.

  3. Soraya, era un gran artista además de bella, sus letras estaban llenas de poesía lírica con mensajes sencillos con letras inteligentes y lindas melodías, siempre la recordaremos por su lucha y amor por la vida. Felicitaciones por el reportaje. Saludos!!!

  4. Buenas, mi nombre es Eduardo, te escribo por si podrias facilitarme tambien a mi, el libro en pdf, tengo muchisimo interes en el. y aqui en españa es practicamente imposible de conseguir. Tendrias la amabilidad si te es posible de enviarmelo. Muchisimas Gracias de antemano.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s