MESA DE AUTOPSIAS: UN ENEMIGO ESCURRIDIZO (primera de dos partes).

Cuando se hacen estudios sobre las causas del cáncer en los animales, sus conclusiones se consideran irrelevantes para los seres humanos. Sin embargo, cuando estudios del mismo tipo se emplean para probar nuevos medicamentos o tratamientos, las diferencias fisiológicas entre los animales y los seres humanos se vuelven insignificantes en un dos por tres”.

Devra Davis. The secret history of the war on cancer, 2007.

 

            Por iniciativa de la Organización Mundial de la Salud y de la Agencia Internacional Contra el Cáncer, el 4 de febrero se conmemora el Día Internacional de la Lucha contra el Cáncer. Cada año aparecen 12 millones de casos nuevos de cáncer en todo el mundo y en el mismo lapso mueren 7.6 millones de seres humanos por este conjunto de enfermedades. Unos 25 millones siguen vivos tres años después del diagnóstico.

            Los tumores más frecuentes son el cáncer pulmonar (1.5 millones), el de glándula mamaria (1.3 millones), el cáncer del colon y recto (1.2 millones) y el de estómago (1 millón). De todos ellos, los más letales son el de pulmón (975 mil muertes), estómago (800 mil), el cáncer del colon y recto (630 mil), el de hígado (598 mil) y el de la glándula mamaria (465 mil).

            Como todos los fenómenos biológicos, el cáncer es el resultado de la interacción entre nuestro material genético –la naturaleza– y el ambiente que nos rodea –la crianza–. Respecto a las causas del cáncer, prevalece la idea de que se trata de una serie de trastornos de nuestro material genético. En realidad, los genes son sólo la causa directa en el cinco al diez por ciento de todos los tumores malignos. El restante 90 a 95% tiene un claro origen medioambiental.

            Entre las causas atribuibles al medio ambiente, la dieta es responsable del 30 al 35% de los casos, el tabaco del 25 al 30%, ciertas infecciones del 15 al 20%, la obesidad del 10 al 20% y el alcohol del 4 al 6%. A pesar de esta evidencia, hoy la inmensa mayoría de las investigaciones científicas sobre el cáncer se concentran en el conocimiento de los mecanismos moleculares de la transformación maligna de las células. En cambio, a los estudios sobre sustancias cancerígenas en el medio ambiente se les concede mucho menor apoyo económico y se les dispensa menos atención  en los medios de comunicación masiva.

            Con el enfoque que tiene actualmente la investigación sobre el cáncer, se destinan muchos más recursos materiales y humanos para el desarrollo de nuevos medicamentos contra los tumores malignos que para identificar los factores ambientales que los ocasionan. Como en otras muchas enfermedades, hay un gran desequilibrio entre la medicina preventiva y la curativa, con un énfasis muy marcado en esta última. Las razones deben ser varias, pero, conociendo a los seres humanos, es muy probable que el interés económico sea el que fije la pauta. No cabe duda que la medicina curativa –aunque no cure las enfermedades en un elevado número de casos– es un gran negocio.

            Devra Davis es profesora del Departamento de Epidemiología en la Escuela de Graduados en Salud Pública de la Universidad de Pittsburg. Sus áreas de investigación son la oncología medioambiental, la epidemiología del cáncer, la quimioprevención, la epidemiología de la contaminación atmosférica, el cambio climático y la ética de las políticas públicas.

            La doctora Davis publicó un libro titulado “La historia secreta de la guerra contra el cáncer” (The secret history of the war on cáncer. Basic Books, 2007), donde muestra las evidencias del origen medioambiental de numerosos tumores malignos y las tretas utilizadas por los potenciales responsables para distorsionar y acallar las evidencias que los incriminan. Y no sólo eso, sino que también señala como muchas de estas industrias y compañías contaminantes contratan a científicos para que realicen investigaciones dolosas que engañen a la opinión pública minimizando los riesgos de los productos que venden o de los desechos que vierten contaminando el agua y el aire.

            En México hemos sido testigos de cómo la industria tabacalera compra la voluntad de los legisladores para que voten de acuerdo a los intereses de ese poderoso consorcio. Algo parecido en el problema de la obesidad infantil se puede sospechar al observar el cambio de actitud de nuestras más altas autoridades sanitarias y educativas frente a las presiones que sobre ellas ejercen las industrias productoras de lo que se ha llamado “comida chatarra”.

            Durante la investigación que realizó para escribir su libro, Devra Davis encontró datos muy reveladores. He aquí unos ejemplos:

  • Algunos de los líderes de la Sociedad Americana del Cáncer y del Instituto Nacional del Cáncer de los Estados Unidos de Norteamérica dejaron sus investigaciones públicas al ser contratados por la industria tabacalera, donde fundaron programas de investigación para fomentar en todo el mundo las dudas sobre los riesgos de fumar.
  • La prueba de Papanicolaou para detectar el cáncer del cuello uterino y sus lesiones precursoras no se puso en práctica hasta que pasaron más de diez años de su descubrimiento porque se temió que afectara negativamente la práctica de la medicina privada. Esto condujo a millones de mujeres en todo el mundo a cirugías innecesarias y a la muerte.
  • Mehlman Meyron trabajó para la compañía petrolera Mobil como director de toxicología y fue responsable del laboratorio de salud ambiental que realizaba a nivel internacional las pruebas de los productos de la compañía. Fue despedido en 1989 y en sus archivos se encontró que Mobil y otras compañías petroleras ocultaron lo que sabían sobre los riesgos del benzeno, un potente cancerígeno. La doctora Davis señala que mientras enviaba su libro a publicación, estas compañías destinaban 27 millones de dólares para “demostrarle” a China la seguridad del benzeno que pretendían vender allí.
  • Algunos de los primeros estudios modernos sobre los riesgos laborales del cáncer y el poder cancerígeno del tabaco fueron realizados y publicados alrededor de 1936, incluyendo varios en la Alemania nazi. En junio de 1945, Robert R. Kehoe, un oficial del ejército estadounidense, fue comisionado para que viajara por toda Alemania con el propósito de recabar lo que los nazis habían descubierto sobre los riesgos de la exposición a diversas sustancias químicas, incluyendo las hormonas. Sesenta años después, lo descubierto por el capitán Kehoe permanece sin darse a conocer.

Las sustancias químicas capaces de producir cáncer son más numerosas y están más cerca de

nosotros de lo que suponemos. Así nos lo dio a conocer recientemente el doctor Nicolás Olea de la Universidad de Granada, España. Varias de estas sustancias interfieren con la acción de las hormonas que el propio cuerpo produce –se les llama disruptores endocrinos–  y están presentes en los objetos cotidianos más utilizados, que consideramos menos peligrosos. Un ejemplo son los bisfenoles que se utilizan para hacer blandas y flexibles a las botellas de plástico que hoy usamos para todo, desde los recipientes para el agua purificada que está de moda hasta los biberones. Otro ejemplo son los alquilos perfluorados que forman parte de las sartenes antiadherentes y que también se encuentran en algunos champús. No se diga de ciertos plaguicidas muy utilizados en la agricultura. Otros disruptores endocrinos son las benzofenonas y canfenos se encuentran en los protectores solares y los ftalatos que se utilizan para aumentar la persistencia de los perfumes.

            La lista sigue creciendo y los datos sobre la exposición a sustancias peligrosas para la salud se va presentando al público poco a poco, incluso en los países más desarrollados. Los intereses económicos que tratan de impedirlo –lográndolo muchísimas veces– son muy grandes y sus beneficiarios muy poderosos. ¿Qué podemos esperar en un país como el nuestro?

            ¿Cuál es el escenario sobre la exposición ambiental a estos disruptores endocrinos en nuestro mundo moderno? De acuerdo al doctor Olea, existe evidencia de niveles bajos de exposición a múltiples residuos químicos. Se dan interacciones sinérgicas, aditivas y/o antagónicas entre estas sustancias y nuestras propias hormonas. Tenemos la necesidad de ir más allá de la simple cuantificación de estos residuos para investigar a fondo su actividad biológica y el efecto de su exposición combinada. Mientras no tengamos evidencias sólidas, se impone la precaución.

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2 thoughts on “MESA DE AUTOPSIAS: UN ENEMIGO ESCURRIDIZO (primera de dos partes).

  1. Apreciable Dr Muñoz, leímos mi esposa y yo esta publicación sobre la DESHONESTIDAD de nuestras AUTORIDADES DESVERGONZADAS,y de los ricotes del mundo, ellos serán “exitosos” y no les preocupa que nuestros seres queridos, nietos, hijas, esposas, se enfermen ..les interesa su dinero
    Decía Thomas Jefferson “el hombre es ese perfecto bribón que piensa en si mismo antes de interesarse por los demás” Gracias por su valentía.

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