MESA DE AUTOPSIAS: UN CIRUJANO HUMANISTA Y ENTRAÑABLE.

La desorientación hacia la verdad constituye el tema del hombre de hoy, que perdido en su camino por la pobreza de su educación y de sus valores morales, tan sólo ha aprendido a sustituirla por la idea de utilidad”.

Vicente Guarner, El empleo del tiempo. Reflexiones y apuntes de un cirujano del siglo XX, 2005.

 

            Como ser humano y como médico, difícilmente me concibo sin la compañía de los libros. Y, sin embargo, sé de antemano que no es en ellos donde se encuentra la esencia de lo que busco. Dicho lo anterior, puedo confesar sin rubor que los libros han guiado muchas de las decisiones que he tomado en la vida y que su lectura me ha proporcionado incontables horas de gozo y me ha ido poniendo los escalones por los que, poco a poco, pretendo ir subiendo hacia regiones más altas que las que ahora habito.

            En la reflexión sobre mi quehacer cotidiano, es decir, al dirigir la mirada atenta a lo que hago y por lo que conocen, los conceptos e ideas de grandes médicos me han impedido que pierda el rumbo y abandone demasiado pronto aquellos nobles ideales que concebí durante la juventud. Es lo que le decía hace algunos meses a una violinista rusa de la Orquesta Sinfónica de Aguascalientes cuando me preguntaba cómo podía sobrevivir en un ambiente que se carga a veces de tanta vulgaridad. Señalé a mi alrededor y le dije: “¿Ve usted todos esos libros? Pues ahí está la respuesta”.

            En la sintonía que los lectores establecemos con los escritores cuyas obras leemos, me acabo de enterar que el pasado 31 de enero de 2011 falleció el doctor Vicente Guarner Dalias. Yo no lo conocí personalmente, aunque si conozco a Jeannette Guarner, distinguida patóloga mexicana, experta en enfermedades infecciosas, profesora de la Universidad Emory y que fue parte del equipo de médicos que trabaja en el famoso Centro para el Control de Enfermedades (CDC, por sus siglas en inglés) de Atlanta, Georgia. Supongo que, dada la rareza del apellido Guarner, la doctora Jeannette Guarner debe ser pariente cercana del doctor Vicente Guarner.

            El caso es que hace varios años que adquirí y leí un libro del doctor Guarner titulado “Nélaton, memorias y olvidos” (Ediciones B, 1993), una reflexión novelada sobre el suicidio que tiene como fondo histórico la vida de aquel destacado cirujano francés del siglo XIX. Posteriormente, conseguí “El profesor de anatomía” (Miguel Ángel Porrúa, 2000), otra novela deliciosa en la que el doctor Guarner nos cuenta las andanzas de Martín Regidor, un estudiante de medicina mexicano y el catedrático de anatomía Realdo Colombo Quirón a mediados del siglo pasado.

            Al enterarme de su muerte, me propuse leer su último libro titulado “El empleo del tiempo. Reflexiones y apuntes de un cirujano del siglo XX” (Fondo de Cultura Económica, 2005). Con este propósito, me he hecho acompañar de este libro toda la semana, leyéndolo a ratos mientras espero que el semáforo se ponga en verde, entre la redacción de un reporte histopatológico y el siguiente, a la hora íntima que, sedente, desahogo ciertas necesidades fisiológicas y poco antes de que me venza el sueño al final de la jornada.

            Aunque en el momento que redacto estas líneas no lo he terminado de leer, las páginas que ya he leído me han resultado entrañables, llenas de revelaciones y resonancias que me acercan mucho más a ese cirujano al que llamo humanista porque supo ir mucho más allá de la enfermedad, aunque, para logarlo, se valió en primer lugar del hombre enfermo.

            La cercanía no se debe solamente a la profesión médica del autor, sino al hecho de que el doctor Guarner nació en Barcelona y fue hijo de un destacado oficial del ejército de la Segunda República Española que combatió a las tropas insurrectas comandadas por su antiguo compañero de armas en la Academia Militar de Toledo, el General Francisco Franco Bahamonde. Como a la postre, éste ganó la Guerra Civil, no olvidó que su antiguo camarada lo había combatido y quiso someterlo a un juicio sumarísimo en el que seguramente hubiese sido condenado a muerte, como le sucedió a miles de españoles que se opusieron al levantamiento militar iniciado por Franco aquel 18 de julio de 1936. Por fortuna, los Guarner lograron evadir la deportación y, desde Casablanca, Marruecos, se embarcaron en un viaje transatlántico que los condujo a México, país que los acogió como a tantos y tantos compatriotas suyos que allí pudieron rehacer su vida.

            La sensación de cercanía que despierta en mi “El empleo del tiempo” se acrecienta cuando el doctor Guarner dice que “México me ha concedido los tres mejores bienes de mi vida: un país bellísimo, mi país, al que amo; una mujer, Alicia, que es, para mí, la mujer más bella y la mejor esposa del mundo que, además de ser mi mejor amigo, es el más severo de mis críticos, y una profesión que, pese a haberla ejercido durante medio siglo, es, aún hoy, el veneno de mis sueños”.

            Particularmente hermoso es el pasaje en el que relata la amistad que su padre mantuvo con Antoine de Saint-Exupéry, el piloto aviador francés que alcanzó fama universal con su obra literaria de la que destaca “El principito”. Vicente Guarner padre se trasladó desde Marsella a Cabo Juby, enclave militar ubicado en una estrecha franca costera delimitada por el desierto del Sahara. Este viaje lo hizo en un avión del servicio aeropostal de Air France, pilotado por el mismísimo Antoine de Saint-Exupéry.

            Ambos estaban vivamente interesados en acercarse a los tuaregs, llamados hombres azules del desierto, miembros de tribus nómadas saharauis que con frecuencia apresaban a los soldados y oficiales españoles y a los pilotos del servicio postal de Air France. En una ocasión, lograron entrevistarse con el caíd –especie de juez o gobernador en Argel­– de Tarfaia, Mohamed Leibeck, quien les dijo: “El desierto no es en esencia más que vacío y silencio. Y es por ello que no se ofrece a aquellos que sólo son capaces de amar por un día”.

            Dos elementos más que me han identificado con el doctor Vicente Guarner son su declarado amor por los libros y su interés por las deficiencias de la educación en México. En relación a los libros, las páginas que les dedica son muy bellas. Su admiración y respeto por las grandes bibliotecas que conoció y sus visitas a los bouquinistes de París, los libreros de viejo instalados en ambas orillas del Sena. Sobre la mala educación, él que formó a tantas generaciones de cirujanos, destaca en su último libro el sagrado deber del maestro con las siguientes palabras de Thomas Carlyle: “Hermoso es entender y saber que jamás ha de morir un pensamiento. Que así como tú, que lo engendraste y lo has recogido todo del pasado, así lo has de transmitir todo al futuro”.

            Como a muchos que considero mis maestros sin haberlos conocido en persona, debo algo de lo poco que soy al doctor Vicente Guarner Dalias. Que descanse en paz.

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2 thoughts on “MESA DE AUTOPSIAS: UN CIRUJANO HUMANISTA Y ENTRAÑABLE.

  1. Encuentro especialmente curioso el hecho, estimado patólogo inquieto, su texto en elegía de Don Vicente Guarner, a quien no sólo conocí personalmente, sino que orgullosamente puedo decir que fui su alumno, y que me tuvo en cierto momento gran aprecio; tuve el honor de ser aceptado para cursar la especialidad de Cirugía General de 1993 a 1996, y gocé, al menos esos tres años, de su inigualable guía y compañía, y de su diaria enseñanza. Puedo decir, sin temor a equivocarme, que sus enseñanzas fueron mucho más allá del terreno médico: Don Vicente, aparte de erudito era ante todo un caballero, de esos que, aunque invisible, llevan a cuestas aún la armadura, esa armadura impenetrable de la decencia y las buenas costumbres, tuve el gusto de poder asistirle en ocasiones a impartir su cátedra de historia de la medicina y el privilegio de visitar su biblioteca personal ( que era su máximo tesoro). Aún al pasar de los años y viviendo yo al otro lado del mundo, sus enseñanzas e indeleble recuerdo aún me hacen derramar de repente alguna lágrima, descanse en paz.

    1. Apreciado Dr. Crespo-Schmidt:
      Celebro nuestras coincidencias, incluyendo la estima por su maestro, el Dr. Guarner. ¡Cuánta falta nos hacen hombres y médicos como él!
      Le mando mis respetos y saludos afectuosos.
      Luis Muñoz.

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