MESA DE AUTOPSIAS: LA DIMENSIÓN SOCIAL DE LA MEDICINA.

Por decirlo con contundencia: Marañón fue el médico que en España hizo de la medicina una preocupación nacional”.

Juan Pablo Fusi, prólogo a Gregorio Marañón. Radiografía de un liberal. 2011.

Uno de los temas que más me interesa entre los que la medicina ofrece a quienes la practicamos es la responsabilidad social de la profesión. El médico no debe limitarse al estudio y tratamiento del proceso morboso. Tiene el altísimo deber de interesarse vivamente en todos los alcances de su ocupación y no puede permanecer indiferente ante las repercusiones sociales de su quehacer profesional. Pocas carreras –si acaso existe otra– penetran con tanta profundidad y amplitud en la tragedia del hombre como individuo a la par que ciudadano.

Son bien conocidas las raíces sociales de muchas enfermedades, especialmente las infecciosas, estrechamente relacionadas con el nivel de vida de quienes las padecen. Un buen ejemplo es el conjunto de enfermedades que se engloban bajo el denominador común de la patología de la pobreza. Su tratamiento es incompleto si sólo se dirige a la corrección de las manifestaciones clínicas. Es necesario modificar las condiciones sociales que propician su aparición, desarrollo y multiplicación dentro de la comunidad.

Para lograrlo, el médico debe aprender durante su preparación y cultivar siempre los conocimientos que permiten entender la dinámica de la vida social y los complejos elementos que la determinan. Requiere también desarrollar una mirada crítica hacia los problemas sociales y analizar con sano escepticismo lo que todos los días se expresa en los diferentes medios de comunicación masiva. Mucho se aprende en este aspecto si uno busca los significados ocultos tras las líneas impresas de los periódicos en los que se plasma lo que su autor desea que asimilemos por obvio.

Un buen ejemplo del médico preocupado por las responsabilidades sociales de su profesión fue Gregorio Marañón (1887-1960), considerado uno de los intelectuales españoles más destacados del siglo XX. Muchas fueron sus aportaciones en el terreno de la ciencia médica, sin embargo, lo que más destaca en su obra es la integración junto a los aspectos científicos y técnicos de las facetas éticas, morales, religiosas, culturales e históricas que constituyen la esencia del ser humano.

En su reciente biografía sobre el destacado médico español titulada “Gregorio Marañón. Radiografía de un liberal” (Taurus, 2011), Antonio López Vega señala que “el revulsivo que marcó la implicación de Marañón en la vida política española fue la pandemia gripal de 1918”. Enviado a estudiar el estado de la epidemia por la Dirección General de Sanidad y el Ministerio de la Gobernación, junto con los doctores Pittaluga y Ruíz Falcó, Marañón se trasladó a Francia, donde visitó los hospitales de Beaujon, Saint-Antoine, Val de Grâce, Hotel Dieu, Cochin y el Hospital de Infecciosos del Instituto Pasteur.

Siguiendo las recomendaciones de Harvey Cushing, quien sería un destacadísimo neurocirujano, los médicos españoles también visitaron el lugar de trabajo del famoso bacteriólogo Almroth Edward Wright en Boulogne-sur-mer, donde conocerían a grandes profesionales como Widal, Babinsky y al mismísimo Alexander Fleming.

Tras el viaje, el comité médico redactó un informe fechado en octubre de 1918, en el que exponían sus conclusiones tanto a los colegas como al público en general. Demostraron que las recomendaciones del diagnóstico precoz y el aislamiento del enfermo eran muy difíciles de llevar a la práctica, porque el contagio por la vía respiratoria hacía imposible controlar la pandemia. La situación sanitaria era dramática, ya que el elevado número de afectados había rebasado la capacidad de atención de los hospitales. Insistían en que el hacinamiento y la sobreocupación de los nosocomios facilitaban la propagación de la enfermedad.

Tras la impactante experiencia de la pandemia, Gregorio Marañón se dio cuenta de que no bastaba con combatir las enfermedades desde su ámbito profesional. Había que implicarse en la vida pública. Antonio López Vega nos dice que “con ideas que le llegaban de su propia experiencia y de la atención con que seguía los discursos de Pablo Iglesias desde hacía una década, comenzó a publicar artículos sociopolíticos en las páginas de El Liberal en los que reclamaba a los poderes públicos la necesidad improrrogable de impulsar una mejora higiénica y sanitaria”.

El doctor Marañón “adelantándose en décadas a lo que tras la II Guerra Mundial se daría en llamar el estado de bienestar, solicitaba, ni más ni menos, que la sanidad fuese una cuestión, ante todo, nacional. Censuraba de modo contundente el modo caritativo con que se entendían ciertos aspectos de la asistencia a los necesitados, una labor que se dejaba en manos de la Iglesia y que, a su juicio, debía abordarse con una técnica enérgica y bien conocida. No es un problema de caridad, sino un problema estrictamente científico, es, en definitiva, una cuestión de justicia social, asunto en el que los médicos, por sí solos nada pueden hacer y es, por tanto, el Estado quien debiera organizar la defensa del hombre enfermo y mísero”.

Marañón, “que hizo bandera de esta cuestión”, denunció la impasibilidad de las autoridades ante “el estado bochornoso de los mendigos, desocupados y golfos de Madrid” y puso énfasis en la resposabilidad de los médicos. Refiriéndose a las epidemias que hacían estragos en los barrios pobres de la capital y en el poco compromiso de los médicos, “hacía un llamamiento para que se diagnosticase con rapidez, se adoptasen medidas prolfilácticas urgentes y, si la epidemia brotaba en una ciudad populosa, se advirtiese del brote a las autoridades pertinentes”.

Cuando transcribo estas líneas no puedo dejar de pensar en la situación que vivimos hoy en México y, muy particularmente, en Aguascalientes, donde se debate en estos momentos la conveniencia de continuar y concluir el nuevo hospital público cuya obra se inició en los últimos años. El impacto médico de este proyecto y, muy especialmente, su elevado costo económico han generado una controversia en la que participan diversos sectores de la sociedad hicrocálida.

Espero que lo expuesto en los párrafos precedentes sobre el pensamiento del doctor Gregorio Marañón arroje una luz de inspiración para que este asunto se analice siempre con la generosidad, la altura de miras y el pensamiento puesto en las futuras generaciones que los aguascalentenses nos merecemos.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s