MESA DE AUTOPSIAS: EL CEREBRO CENTENARIO.

Ahora que considero retrospectivamente mi largo trayecto, el de mis contemporáneos y colegas y el de los jóvenes ayudantes que he ido teniendo, creo que puedo afirmar que, para la investigación científica, ni la inteligencia ni la capacidad de llevar a cabo empresas con rigor y exactitud son factores decisivos del éxito y la satisfacción personal. Más que esto cuenta la dedicación y el empeño en superar dificultades, porque nos permite afrontar problemas que quizás otros más críticos y agudos no se atreverían a afrontar”.

Rita Levi-Montalcini, Elogio de la imperfección. 2011.

Rita Levi-Montalcini nació en Turín, Italia, un 22 de abril de 1909, en el seno de una familia judía sefardí en la que la religión era una referencia cultural más que una práctica cotidiana rigurosa. Su padre era ingeniero químico, era el que mandaba en el hogar y se declaraba abiertamente librepensador. Así que cuando a Rita sus amiguitas le preguntaba qué religion profesaba, ella, bien aleccionada por su progenitor, les contestaba que era librepensadora. Lo ha seguido siendo hasta hoy, cuando ha rebasado los 102 años de vida.

De un carácter resuelto, pronto decidió no seguir el destino habitual para las mujeres de su clase, así que, habiendo terminado su formación básica y tras tres años de tanteos, decidió estudiar medicina. Se regularizó en las materias necesarias, entre ellas el griego, el latín y las matemáticas, y se inscribió en la facultad de medicina de la Universidad de Turín.

Allí fue alumna del destacado científico Giuseppe Levi, quien no sin algunos tropiezos y uno que otro malentendido fue el mentor que orientó e impulsó la vocación científica de Rita. No es casualidad que tres de los cuatro científicos italianos que han ganado el Premio Nobel hayan sido alumnos de Giuseppe Levi: Salvador Luria, Renato Dulbecco y la misma Rita Levi-Montalcini.

A partir de 1938, con la publicación del Manifesto della razza (Manifiesto de la raza), en el que se privaba a los judíos de la nacionalidad italiana, se autorizaba la confiscación sus propiedades y se les prohibía ejercer su profesión o tener cargos en el gobierno, el ambiente en Italia se fue haciendo cada vez más hostil, por lo que Rita Levi-Montalcini decidió aceptar la invitación del profesor Laurelle para trabajar en Bruselas. La animó el hecho de que Giuseppe Levi, su maestro, judío como ella, también se había trasladado a aquel país y estaba trabajando en la Universidad de Lieja.

Rita permaneció en Bruselas de marzo a diciembre de 1939. Con la esperanza de que Italia no entrase en la recién iniciada Segunda Guerra Mundial, regresó a su patria poco antes de la Navidad. Pronto se hizo realidad lo que Rita más temía: la alianza de Benito Mussolini con Adolfo Hitler y la entrada de Italia en la contienda. El antisemitismo se recrudeció y para Rita fue cada vez más difícil ejercer su profesión y desarrollar sus investigaciones sobre el sistema nervioso.

Según la propia Rita Levi-Montalcini nos cuenta en sus estupendas memorias “Elogio de la imperfección” (Tusquets Editores, 2011), en el otoño de 1940 la visitó su colega y condiscípulo Rodolfo Amprino cuando éste regresaba de una estancia en la Fundación Rockefeller de los Estados Unidos de Norteamérica. Rita le explicó su díficil situación y, entonces, él le contestó:

“No se dé por vencida. Monte un laboratorio y siga trabajando. Recuerde a Cajal, y cómo en la ciudad soñolienta que debía ser Valencia a mediados del siglo XIX sentó las bases de lo que conocemos del sistema nervioso de los vertebrados”.

Nos sigue relatando Rita: “El consejo no podía llegar en momento más oportuno. De pronto Rodolfo se me antojó como el Ulises del canto XXVI del Infierno dantesco, cuando anima a sus compañeros de viaje a seguir adelante sin desmayar. Reavivaba en mí un deseo que había sentido desde niña: el de explorar lugares ignotos, el de embarcarme en aventuras. La jungla que en aquel momento se me presentaba era más fascinante que una selva virgen: nada menos que el sistema nervioso con sus miles de millones de células, sus diferentes poblaciones, la maraña aparentemente inextricable de circuitos nerviosos del cerebro y la médula espinal. Y la idea de poner en práctica el proyecto desafiando las prohibiciones impuestas por las leyes raciales aún aumentaba más el placer de la aventura”.

Así que Rita decidió montar un laboratorio de investigación sobre el sistema nervioso en su propia habitación, sin salir de su casa para no alertar a las autoridades italianas. Por la facilidad de obtención y la conveniencia como modelos experimentales, utilizó embriones de pollo. Logró abastecerse de los instrumentos necesarios –el más costoso fue un microscopio estereoscópico– e inició sus investigaciones. De toda la superficie de su cuarto, la cama ocupaba sólo una tercera parte y el resto lo transformó en un laboratorio. El trabajo la absorbió por completo.

Al terminar la Segunda Guerra Mundial, Italia habia quedado devastada y en 1947 Rita Levi-Montalcini decidió aceptar la invitación que le hizo el doctor Viktor Hamburguer para ir a la Universidad de Washington en Saint Louis Missouri. Pensaba trabajar allí “no más de doce meses” y se quedó 30 años, hasta 1977, cuando regresó a Italia. Fue el período más fructífero de su vida científica. Su interés se dirigió al estudio de ciertas sustancias químicas que modulan el desarrollo de las células nerviosas.

De esta manera, descubrió en 1951 lo que hoy se conoce como el factor de crecimiento de los nervios (NGF, por sus siglas en inglés), una pequeña proteína que, junto con otras, forma parte de la familia de las neurotrofinas, sustancias indispensables para la superviviencia de las neuronas. Además, el NGF estimula el crecimiento de las prolongaciones de las células nerviosas que se llaman axones, responsables de la conducción y transmisión del impulso nervioso. El trabajo que al respecto desarrollaron Rita Levi-Montalcini y su colaborador Stanley Cohen en la Universidad de Washington en Saint Louis Missouri les hizo acreedores del Premio Nobel en Fisiología y Medicina que les fue otorgado en 1986. Hoy en día las investigaciones sobre las neutrofinas siguen y representan una promesa para lograr la regeneración del tejido nervioso dañado.

A pesar de su dilatada vida, con la vista y el oído muy disminuidos, Rita Levi-Montalcini sigue activa. Es senadora vitalicia de su país natal, fundó y dirigió el Instituto Europeo de Investigaciones Cerebrales y creó una fundación desde la que impulsa programas de educación para mujeres africanas. Siempre ha permanecido soltera, no tiene hijos y es uno de los símbolos del feminismo. En el Instituto que ella fundó hay un número mayoritario de mujeres investigadoras. Nos dice que “son todas féminas, sí, y eso demuestra que el talento no tiene sexo. Mujeres y hombres tenemos idéntica capacidad mental”.

En 2009, con motivo del centenario de su nacimiento, se le preguntó cuánto desearía vivir. “El tiempo que funcione el cerebro”, fue su respuesta. “Cuando por factores químicos pierda la capacidad de pensar, dejaré dicho en mi testamento biológico que quiero ser ayudada a dejar mi vida con dignidad. Puede pasar mañana o pasado mañana. Eso no es importante. Lo importante es vivir con serenidad, y pensar siempre con el hemisferio izquierdo, no con el derecho. Porque ése lleva a la Shoah, a la tragedia y a la miseria. Y puede suponer la extinción de la raza humana”.

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3 thoughts on “MESA DE AUTOPSIAS: EL CEREBRO CENTENARIO.

  1. Estimado Dr. Luis Muñoz:
    En el último párrafo del trabajo se cita textualmente… “ pensar siempre con el hemisferio izquierdo, no con el derecho. Porque ése lleva a la Shoah, a la tragedia y a la miseria. Y puede suponer la extinción de la raza humana”. Estuve revisando y la palabra Shoah significa holocausto. No logro comprender esta relación a no ser que se utilice en sentido figurado, históricamente las habilidades sobre todo manuales del hemisferio derecho se les designaba como Diestro a diferencia del Siniestro que eran las habilidades de la mano izquierda o sea hemisferio derecho, también se conoce el daño que se les ocasiona a los estudiantes con tendencia manual izquierda (hemisferio dominante derecho) al obligarlos a escribir con la mano derecha. Quisiera saber al respecto sin malgastar su preciado tiempo. Saludos Daniel.

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