MESA DE AUTOPSIAS: LOS PATÓLOGOS DE LOS PATÓLOGOS.

Era un cambio muy sutil y me llevó tiempo analizar un número suficiente de autopsias para caer en la cuenta… Pero hubo algo en ese caso que me llamó mucho la atención, así que, una vez que lo reconocí, extrajimos el material genético, hicimos las pruebas y, ¡bingo!, encontramos el RNA del virus de la influenza”.

Jeffery Tauenberger, A matter of life and death. Conversations with pathologists. 2008.

Se dice que los patólogos somos los “médicos de los médicos” porque nuestros colegas en el ejercicio de la profesión nos mandan las biopsias que obtienen de sus pacientes para que identifiquemos con el microscopio la enfermedad que explica el cuadro clínico. Una vez que el patólogo establece el diagnóstico de la enfermedad –diagnóstico que se considera definitivo, aunque puede no serlo– las dudas se disipan y el médico puede indicar el tratamiento específico y estimar el pronóstico.

Las alteraciones que el patólogo observa con el microscopio cuando analiza las células y los tejidos de los enfermos son mucho más numerosas y variadas de lo que se puede imaginar. Un ejemplo muy sencillo es el cáncer. Lo que la gente llama cáncer puede corresponder a varios cientos de tumores malignos distintos. Y lo que hace el patólogo cuando analiza un caso en particular es distinguir entre todos ellos aquel en concreto que está presente en la muestra de ese tejido. Lo que tiene gran importancia, porque cada tipo de cáncer tiene un tratamiento y un pronóstico distintos. Entre los tumores malignos de la piel, no es lo mismo tener un carcinoma basocelular que un melanoma. El primero rara vez ocasiona graves problemas. La historia es muy distinta con el segundo.

En la mayoría de los casos, el patólogo puede hacer el diagnóstico sin dificultad con el examen microscópico rutinario. Sin embargo, a veces tiene que utilizar técnicas adicionales para lograrlo. Por fortuna, tiene a su disposición una gama muy amplia de tinciones especiales, el microscopio electrónico, la inmunohistoquímica y, más recientemente, varias técnicas de biología molecular con las que puede escudriñar hasta los más recónditos rincones de la materia viviente.

La abrumadora diversidad del mundo microscópico es la dificultad mayor que tiene que enfrentar el patólogo. Los tipos de enfermedades que se encuentran en los tejidos de los seres humanos son tantas que siempre existe la posibilidad de que uno se tope con alguna totalmente desconocida. En mi gremio, la experiencia significa haber visto e identificado correctamente muchísimos casos, desde los más frecuentes hasta los más raros. Uno puede pasarse toda la vida sin haber tenido la oportunidad de estudiar personalmente ciertas enfermedades. Por eso resulta de gran ayuda la existencia de colegas con mayor experiencia a los que se puede consultar en caso de duda. Máxime cuando se trata de enfermedades raras o inexistentes en la región o país donde uno vive.

Fue posiblemente en 1990 cuando le hice la autopsia a un hombre de 34 años, heterosexual, que tres años antes había tenido relaciones sexuales con una mujer portadora del virus de la inmunodeficiencia humana. Enfermo de sida, ingresó al Instituto Nacional de la Nutrición en 1989 y falleció al año siguiente. En el cadáver encontré numerosas lesiones diseminadas en varios órganos, que eran mucho más numerosas en los pulmones. Bajo el microscopio, los cortes del tejido pulmonar estaban atestados de unas extrañas formaciones esféricas repletas de esporas. Nunca antes había visto un germen así. Se lo enseñé a mi revisor y él rapidamente lo identificó como el hongo llamado Coccidioides immitis. Era lo que había matado al infortunado.

Sin embargo, en una de las glándulas suprarrenales –un par de pequeñas glándulas que se encuentran junto al polo superior de los riñones– encontré un tumor poco convencional. Ni siquiera mis profesores estaban seguros de su verdadera naturaleza. Se optó por enviar el tejido tumoral a uno de los centros de patología más experimentados del mundo: el Instituto de Patología de las Fuerzas Armadas (AFIP, por sus siglas en inglés), ubicado en Washington, D.C. El doctor Peter Angritt, que trabajaba en la División de Patología del Sida de esa venerable institución, analizó el tumor, lo sometió a diversos estudios de histoquímica e inmunohistoquímica y concluyó que se trataba de un tumor adenomatoide de la glándula suprarrenal, algo poco común en ese órgano. Años más tarde, mis profesores y el doctor Angritt, incluyéndome con gran generosidad entre los autores, escribieron un artículo sobre el caso que fue publicado en una revista internacional (Adenomatoid Tumor of the Right Adrenal Gland in a Patient with AIDS. Endocrine Pathology 1997. 8 (1): 59-64).

El Instituto de Patología de las Fuerzas Armadas fue fundado en 1862 por el Presidente Abraham Lincoln como Museo Médico del Ejército. Su creador y primer director fue el General de Brigada William Hammond, que fungía como Secretario de Salud del Ejército de los Estados Unidos, lo que ellos llaman Surgeon General, el vocero oficial del Gobierno Federal en asuntos relativos a la salud pública. La idea original del General Hammond fue reunir muestras de los soldados norteamericanos que habían participado en la Guerra Civil (1861-1865). Lo que él deseaba era “coleccionar todas las formas de lesiones y enfermedades, para que, con el paso del tiempo, se logre crear un museo de anatomía patológica general que sea accesible para todos aquellos que deseen realizar investigaciones originales”.

Las metas que se fijó el General Hammond se cumplieron con creces. Aunque fundado y administrado por el Ejército, durante el siglo XX el Instituto se abrió al interés público en general y se convirtió en un centro internacional de primer nivel dentro de la patología. Sus más de 800 empleados, con patólogos expertos en muy diversas áreas, incluyendo las enfermedades más raras, lo volvieron un centro de referencia obligado para los patólogos de todo el mundo. Cualquier patólogo que necesitase consultar un caso de difìcil diagnóstico podía enviarlo a los expertos del AFIP, quienes hacían el diagnóstico y guardaban el tejido estudiado. Para los médicos de los paises del Tercer Mundo, el servicio que les brindaba el Instituto –a un precio muy accesible– era la solución a su falta de patólogos y de técnicas modernas de diagnóstico.

En sus archivos –su mayor tesoro– se almacenan, con un orden estricto que facilita su consulta y estudio, más de 55 millones de cortes histológicos, 31 millones de tejidos embebidos en bloques de parafina y más de medio millón de tejidos conservados en formol o congelados a bajísimas temperaturas. El archivo de patología más grande del mundo. Una verdadera mina de oro para cualquier estudioso de la enfermedad.

Junto a su labor diagnóstica –alrededor de 50 mil consultas anuales provenientes de patólogos de todo el mundo– y su extraordinario archivo, el AFIP desarrolló una labor educativa sin parangón. Se puede decir que no hay patólogo el el mundo que no tenga entre sus libros más útiles y preciados algunos de los Atlas de Patología Tumoral editados por el AFIP. No se diga de otro tipo de publicaciones fabulosas, como el Atlas de enfermedades tropicales y extraordinarias, cuya consulta era indispensable para quienes estudiamos casos de enfermedades infecciosas. Lo mismo puede decirse del libro Métodos de laboratorio en histotecnología, guía insustituible en el laboratorio de patología.

El Instituto también organizó numerosos cursos para patólogos, radiólogos y cirujanos. En los últimos años, bajo la dirección de la doctora Florabel G. Mullick –asturiana y puertorriqueña–, se impartieron varios cursos en Latinoamérica, incluyendo México. Creo haber asistido a cuatro –Guadalajara, Puerto Vallarta, Monterrey y Puebla– y guardo de ellos una muy buena impresión.

Lamentablemente, siguiendo esa forma refinada y crudelísima de irracionalidad que se llama política económica, que suele obeceder a intereses mezquinos e inconfesables, el Departamento de Defensa de los Estados Unidos de Norteamérica decidió eliminar al Instituto de Patología de las Fuerzas Armadas. Su servicio de consulta se clausuró en septiembre de 2010 y cerrará definitivamente sus puertas en este 2011. Mantendrá parte de su actividad, pero sólo para fines militares y conservará su archivo que ya no ofrecerá las mismas facilidades de antaño. Los patólogos de todo el mundo estamos de luto.

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6 thoughts on “MESA DE AUTOPSIAS: LOS PATÓLOGOS DE LOS PATÓLOGOS.

  1. Apreciado Alviseni:
    Por fortuna, los libros de la AFIP, tan útiles en la práctica diaria de la profesión, se siguen editando bajos los auspicios del America Registry of Pathology. El volumen más reciente, sobre los tumores de la vesícula y las vías biliares, es del Dr. Jorge Albores Saavedra, distinguido patólogo mexicano.
    Saludos.
    Luis Muñoz.

  2. Doctor . Tuve una perdida de bebe de 31 samanas mandaron mi plasenta a estidio pero no entiendo el resultado de la causa de la muerte de mi bebe por favor ayudame a entender que paso.

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