MESA DE AUTOPSIAS: LA MUDANZA DEL ALMA (primera parte).

Cuando los científicos se frustan al estancarse en un problema aparentemente irresoluble, suelen asumir que una falta desafortunada de información, aunada a las limitaciones tecnológicas de su investigación, son la causa de ese bloqueo… En otras palabras, fabrícame un mejor microscopio o un telescopio más potente y llegaré más lejos en la comprensión de la naturaleza de la realidad para despejar así el obstáculo en el camino hacia el progreso”.

Stephen Jay Gould, Prólogo del libro The ovary of Eve. 1997.

            A raíz del análisis reciente llevado a cabo por la Suprema Corte de Justicia de la Nación acerca de las iniciativas para penalizar el aborto aprobadas por los diputados de los Congresos de Baja California y San Luis Potosí –hoy ya sabemos que la Suprema Corte acabó respaldando ambas iniciativas de penalización–, un diputado de Aguascalientes me preguntó qué pensaba yo sobre el asunto.

Tan tranquilo que estaba yo en ese momento, cuando me disponía a disfrutar en compañía de mi esposa de la ceremonia de inauguración de un congreso médico, cuando una pregunta así, soltada a bocajarro, me quitó el sosiego del que estaba gozando. Le contesté con una evasiva y me prometí a mí mismo hacer acopio de una mayor y mejor información por si acaso me volvía a topar de nuevo con el diputado en cuestión.

Y, ni corto ni perezoso, la noche siguiente tuvimos la fortuna de conversar con Arnoldo Kraus, médico interesado en estos temas y miembro de El Colegio de Bioética, A.C., institución que se define a si misma en su página web (http://colegiodebioetica.org.mx/principal.htm) como “una organización sin fines de lucro, cuyo interés es promover la bioética desde una perspectiva científica y laica”.

De acuerdo con sus estatutos constitutivos, El Colegio de Bioética, A.C. “tiene por objeto entre otros: promover, sistematizar, difundir e impulsar todo tipo de reflexiones, estudios e investigaciones que promuevan el desarrollo de la bioética, entendida ésta como una disciplina más amplia que la ética médica”.

La intención de El Colegio de Bioética, A.C. es “promover un espacio de reflexión en temas relacionados con el inicio y fin de la vida, la calidad de vida, la ética ecológica y la ética en la investigación biomédica”.

Además de brindarme su opinión sin restricciones con la generosidad que lo distingue, el doctor Arnoldo Kraus me recomendó la lectura del libro La moralidad del aborto (Siglo Veintiuno Editores, 2009) escrito por el filósofo mexicano Gustavo Ortiz Millán, que también es miembro del mencionado Colegio. En las semanas que han transcurrido desde entonces y de manera intermitente, he ido leyendo el libro del doctor (en filosofía) Gustavo Ortiz Millán y puedo decir sin dudar que es una obra indispensable para quienes deseamos formarnos una opinión serena en el delicado tema del aborto.

A lo largo de su lectura, llegué a la conclusión de que el conflicto principal entre quienes están radicalmente en contra del aborto –a los que el autor llama conservadores– y los que están a favor –llamados liberales por el doctor Ortiz– es la definición de lo que es una persona y el momento preciso en el que producto de la concepción puede ser considerado como tal, es decir, el instante en el que adquiere la cualidad de persona.

Creo que el libro tiene varios aciertos y, seguramente, no debe estar exento de desaciertos, como ocurre con todas las obras humanas. Uno de esos aciertos es señalar que, entre las dos posturas radicales sobre el aborto que ya mencioné, la mayor parte de las personas nos encontramos en posiciones intermedias. No somos ni conservadores radicales ni liberales absolutos. Otro gran acierto del doctor Ortiz Millán es señalar que la mayoria de las mujeres que abortan no lo hacen por gusto ni por vicio, sino obligadas por las personales circunstancias que las orillan a ello.

Los conservadores opinan que la persona existe desde el mismo momento de la concepción, es decir, desde el instante en el que se forma el cigoto, la célula primordial resultante de la fertilización de un óvulo por un espermatozoide. Su opinión sigue al pie de la letra la doctrina de la Iglesia católica y, por lo mismo, no tiene ni pretende tener un fundamento científico. Es una postura fincada en el dogma, si bien, sus proponentes aducen argumentos científicos basados en la presencia del genoma humano en el cigoto.

Como se lee en el libro del doctor Ortiz Millán, “el 24 de abril de 2007 la Asamblea Legislativa del Distrito Federal aprobó ciertas reformas al Código Penal local que redefinían al aborto como la interrupción del embarazo después de la duocécima semana de gestación. Es decir, hasta las primeras doce semanas, la interrupción del embarazo es legal y no se considera jurìdicamente un aborto, por lo tanto, no se penaliza”.

Ese fue el detonante que descandenó la reaccion en dieciocho estados de la República cuyos congresos hicieron modificaciones en sus leyes con el propósito de castigar la interrupción del embarazo. Como señalé al principio de este escrito, en septiembre de 2011 la Suprema Corte de la Nación respaldó las iniciativas antiaborto de Baja California y San Luis Potosí. Con la resolución de la Suprema Corte de la Nación, es de esperarse que un mayor número de estados se sume a Baja California y San Luis Potosí.

De acuerdo a lo que escribe el doctor Ortiz Millán, los que los liberales, entre los que se encuentran quienes reformaron el Código Penal del Distrito Federal, opinan que “debe haber un criterio que permita distinguir a la célula llamada cigoto de un feto de nueve meses. Ese criterio es que se pueda predicar de él la condición de persona y, por lo tanto, atribuir conciencia”. Y sigue Ortiz Millán diciendo que “lo que hace que demos un valor especialmente importante a un ser humano es que le podamos atribuir una gama de predicados psicológicos que tienen que ver con la conciencia. Esto sólo se origina después de que ha aparecido el sustrato biológico que posibilita dichas características, es decir, el sistema nervioso central, y en específico la corteza cerebral”.

Y entonces cita al neurobiólogo Ricardo Tapia: “hasta las semanas 12 a 13 no hay aún corteza cerebral, sino apenas la llamada placa cortical que le dará origen […] el feto humano es incapaz de tener sensaciones conscientes y por lo tanto de experimentar dolor antes de la semana 22 a 24”.

La diferencia de las posiciones polares en el tema del aborto no tiene una fácil solución y parece que ninguna de las partes tiene todas las respuestas ni todos los argumentos que, con una fuerza contundente, inactiven el punto central del conflicto. Además, en torno a esa discrepancia hay muchos temas más que también deben ser tomados en cuenta pues enriquecen la discusión y aclaran algunas causas de la irreductabilidad de las posturas radicales. Por lo pronto, dejo en el aire una pregunta: ¿es posible saber con absoluta certeza en qué momento se muda el alma al nuevo organismo en gestación?

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