MESA DE AUTOPSIAS: LA MUDANZA DEL ALMA (segunda parte).

Pero la familiaridad engendra cierta condescendencia y desenfado frente a los hechos que debieran asombrarnos infinitamente. El conocimiento generalizado de estos fenómenos acaba por trivializarlos. Se trata de sucesos que pueden calificarse de portentosos, ante los cuales la admiración, la estupefacción y el éxtasis podrían considerarse reacciones apropiadas”.

Francisco González Crussí, Venir al mundo. Seis ensayos sobre las vicisitudes anteriores a la vida mundanal. 2006.

            Los hechos a los que se refiere el doctor González Crussí en la cita que encabeza este escrito son los que dan cuenta del desarrollo embrionario y fetal del ser humano. Según este distinguido patólogo pediatra y extraordinario ensayista, lo que hoy sabemos sobre la vida dentro del útero gestante debería infundirnos una sensación de reverencia “porque la magnitud y naturaleza de los sucesos reales que ocurren durante el desarrollo embrionario exceden, con mucho, a las descabelladas fantasías de los escritores de ciencia ficción o de los poetas más febrilmente imaginativos”.

González Crussí cita a los clásicos –que conoce tan bien– y nos recuerda a Ovidio que, en sus Metamorfosis, dijo que Licaón fue transformado en lobo, Dafne se convirtió en árbol de laurel y Clitia se transformó en heliotropo. Ante estos hechos increíbles, el profundo conocedor de los secretos de la embriología antepone con mucha ventaja las transformaciones del ser humano antes de su nacimiento. “Recuerde el lector que el embrión humano empieza siendo unicelular, como un protozoario; pero de protozoario se transforma en anélido; de anélido en tunicado; de tunicado en pez; de pez en batracio; de batracio en reptil; y de reptil en mamífero. ¡Todo eso en sólo nueve meses! Con razón decía el biólogo francés François Jacob, que el estudio de la metamorfosis debería ser la principal preocupación de la ciencia contemporánea”.

Recordará el lector que al final de la primera parte de este escrito dejé en el aire la siguiente pregunta: ¿es posible saber con absoluta certeza en qué momento se muda el alma al nuevo organismo en gestación? Hoy por hoy la respuesta es no. Ante los misterios del alma no queda sino la fe, ya que, por su naturaleza inmaterial, escapa a los análisis racionales. Sin embargo, algunos intentaron definir las propiedades físicas del alma, como aquel doctor Duncan Mcdougall y sus experimentos sobre el peso del alma. Tras registrar los pesos corporales de varios moribundos antes y después de la defunción, llegó a la conclusión de que el alma humana pesa unos 21 gramos. Ya que no obtuvo diferencias ponderales en un grupo de perros en trance de fenecer, su segunda conclusión fue que los animales no tienen alma.

Hoy, para algunos, este tema puede parecer intrascendente, pero representa uno de los puntos conflictivos en las discusiones en torno al aborto. Ya lo señala González Crussí cuando dice “un problema que antaño preocupó a los estudiosos de la embriología, y que continúa sin ser resuelto todavía… Los más penetrantes pensadores y filósofos de todas las edades se han enfrascado en este problema, pero todavía no vislumbramos una solución que tenga el común acuerdo o que sea del agrado de todos… El tema es todavía arduo y peligroso como todos pueden ver. Basta leer en la prensa o ver en la televisión las disputas llenas de aspereza y causticidad, los cordiales odios, el mutuo desprecio, y a veces la violencia que se desata entre los defensores de la leyes que autorizan el aborto y los enemigos de esta legislación; basta, digo, notar la acrimonia entre estos contendientes, para darnos cuenta de que el tema es todavía capaz de encender pasiones”.

Dado que no existe por lo pronto una respuesta inobjetable a mi pregunta, se ve muy lejana la disolución del encono entre quienes creen que el alma de instala o se gesta en el momento mismo de la formación del cigoto –célula resultante de la fecundación de un óvulo por un espermatozoide– y aquellos que condicionan la existencia de la persona a la presencia de tejido cerebral con un cierto grado de organización, fenómeno que en el embrión humano sucede entre las semanas 22 y 24.

Con todo, es interesante saber que la Iglesia católica no siempre mantuvo la posición que defiende hoy en día. Según nos explica Gustavo Ortiz Millán en La moralidad del aborto, “San Agustín pensaba que el alma no podía vivir en un cuerpo sin forma… Sólo el aborto de un fetus animatus, es decir, después del tercer mes de embarazo, debía castigarse como un homicidio… En el siglo XIII Santo Tomás, el teólogo más importante de la Iglesia católica hasta el día de hoy, tambien pensó, siguiendo la teorìa hilemórfica de Aristóteles, que no se puede tener alma humana hasta que el cuerpo tenga una forma reconociblemente humana”. Termina Ortiz Millán diciendo que esta opinión de Santo Tomás fue aceptada por la Iglesia en el Concilio de Viena en 1312. Lo propuesto por estos santos y otros, como San Jerónimo, se conoce como la teoría de la “hominización o animación retardada”, contraria a la teoría de la “hominización o animación inmediata” que hoy sostiene la Iglesia católica al señalar que el alma entra al cigoto en el mismo momento en el que se forma.

El cambio a la postura actual se reforzó a partir del siglo XVII, cuando la Iglesia católica aceptó la teoría preformacionista del desarrollo embrionario. Los preformacionistas creían que todos los seres humanos ya existían completos aunque diminutos en los ovarios (ovistas) de su madre o, con menor frecuencia, en el esperma (espermistas) de su padre. Esta teoría implicaba que todas las generaciones de la humanidad estaban ya preformadas y contenidas en los ovarios de nuestra madre común, la bíblica Eva. Se creía que el óvulo fertilizado contenía un humano en miniatura al que se le llamaba “homúnculo”. Con el paso de los años y el avance en el conocimiento científico, se demostró que el pequeño ser humano no existía. Entonces la Iglesia, manteniendo su postura hasta hoy, desplazó el objeto de su argumento desde el homúnculo inexistente al genoma humano que sí está presente en el cigoto y es cualitativamente distinto del que se encuentra en las células de sus progenitores.

Como era previsible, la primera parte de este escrito que se publicó hace una semana provocó varias reacciones. Entre ellas, deseo destacar la de dos colegas ginecólogos que, afirmado con vehemencia por ellos mismos, se inscriben en la posición conservadora. Tras sotener por un par de días una suerte de debate epistolar electrónico y aclarado el punto de que en el escrito aquel y en el presente yo no he expresado mi propia postura, tuvieron la gentileza y amabilidad de enviarme un libro en donde se explican con suficiente extensión los argumentos de los conservadores. El gesto merece que los exponga en la tercera parte de La mundanza del alma.

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One thought on “MESA DE AUTOPSIAS: LA MUDANZA DEL ALMA (segunda parte).

  1. Estimado colega. Hoy, de casualidad he dado con su blog y no he parado hasta leer todas sus entradas. Felicidades por
    escribir sobre temas tan interesantes de tan bella forma.
    No tengo el placer de conocerle pero me gustaría poder intercambiar con usted impresiones sobre la Anatomía Patológica de España y México.
    Un saludo de una patóloga valenciana.

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