MESA DE AUTOPSIAS: LA MUDANZA DEL ALMA (tercera parte).

El estudioso de la naturaleza se hace cada vez más preguntas y se asombra cada vez menos conforme se vuelve más versado en sus secretos. Pero de todos los milagros imperecederos que ofrece para su estudio, tal vez el más admirable sea el desarrollo de una planta o de un animal a partir de un embrión”.

Thomas Henry Huxley, Aforismos y reflexiones. 1907.

            El libro que mis dos colegas ginecólogos me enviaron se titula El inicio de la vida. Identidad y estatuto del embrión humano (Biblioteca de Autores Cristianos, 1999) y recoge una serie de ponencias pertenecientes a un congreso que sobre este tema se celebró en el Centro Universitario Francisco de Vitoria de Madrid, coorganizado además por la Pontifica Academia para la Vida.

Los coordinadores de la edición son la Doctora en Bioquímica Mónica López Barahona, destacada investigadora en oncología molecular, directora de la Cátedra Jérôme Lejeune y Experta en Bioética para el Consejo de Europa y la Organización de las Naciones Unidas y el padre Ramón Lucas Lucas, Doctor en Filosofía y catedrático de Antropología filosófica y Bioética de la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma. Como ya lo anticipé en el último párrafo de la segunda parte de La mudanza del alma y queda más que claro por lo escrito en las líneas precedentes, se trata de los argumentos de la postura conservadora en relación al inicio de la vida humana y el aborto.

Uno de los participantes en el congreso cuyas ponencias están recogidas en el libro es el padre jesuita Angelo Serra, Profesor Emérito de Genética Humana en la Facultad de Medicina y Cirugía de la Universidad del Sagrado Corazón de Milán, quien fue además Director del Departamento de Genética de la Clínica Gemelli de la Universidad Católica de Roma.

El padre Serra se refiere a las dos condiciones indispensables para privilegiar el necesario diálogo interdisciplinar en un tema tan complejo y delicado (las palabras en cursiva así están escritas en el original):

1)    que quienes cultivan las ciencias humanas posean una clara comprensión de los datos científicos y su correcta interpretación, con el fin de fundamentar sólidamente las propias afirmaciones.

2)    que quienes cultivan las ciencias experimentales, ante todo, se mantengan fieles a una rigurosa lógica científica en la interpretación de los propios datos, y luego                       –reconociendo la importancia de las ciencias humanas y la validez de su metodología–sepan captar y añadir a las conclusiones de aquellas un significado de valor y, por lo tanto, un significado de guía de comportamientos.

En relación al inicio del desarrollo embrionario a partir del cigoto –célula resultante de la fecundación de un óvulo por un espermatozoide–, Angelo Serra señala que los estudios realizados en los modelos animales estudiados por la ciencia –el embrión de pollo, el gusano microscópico Caenorhabditis elegans y la rana africana Xenopus laevis– permiten  concluir que : 1) el nuevo genoma que se establece una vez que se funden los gamentos (el óvulo y el espermatozoide) comienza muy pronto su actividad y que, 2) la morfogénesis –proceso biológico que lleva a que un organismo desarrolle su forma– está orientada, controlada y sostenida por la actividad, jerárquicamente coordinada, de una elevadísimo número de genes (posicionales, selectores, realizadores, etc.).

De lo anterior, nos sigue explicando el padre Serra, en el proceso a través del cual toma forma un nuevo ser humano, se hacen evidentes tres características:

1)La coordinación. El desarrollo embrionario desde el momento de la fusión de los gametos es un proceso en el que se da un coordinado subseguirse e integrarse de actividades celulares bajo el control del nuevo genoma… Esta innegable característica implica y exige una rigurosa unidad del ser en desarrollo.

2)La continuidad. Cada uno de los acontecimientos individuales –aparición de los diversos tejidos y órganos– puede aparecer ante nuestros ojos como discontinuo. Pero en realidad, son la expresión, en un determinado momento, de una sucesión ininterrumpida de acontecimientos concatenados y coordinados, el uno  con el otro, sin interrupción. De haberla, la interrupción conduce a la enfermedad o la muerte. Esta continuidad implica y establece la unicidad del nuevo ser en su desarrollo.

3)La gradualidad. La forma definitiva se alcanza gradualmente. Por una propiedad constante en la reproducción del cigoto se puede considerar una ley ontogenética, es decir, una ley del desarrollo del individuo. Esta ley implica y reclama una regulación intrínseca de cada uno de los embriones, que mantiene el desarrollo permanentemente orientado en la dirección de la forma final y, además es una ley escrita en el genoma de cada embrión. Por lo tanto, cada embrión mantiene constantemente su propia unidad, unicidad e identidad individual, permanenciendo sin interrupción el mismo e idéntico individuo a lo largo de todo el proceso.

Según Angelo Serra, la conclusión derivada de todo lo anterior es la siguiente: con la fusiòn de los dos gametos humanos, un nuevo ser humano comienza su propia existencia o ciclo vital, en el que realizará autónomamente todas las potencialidades de que está intrínsecamente dotado. Por lo tanto, el embrión desde la fusión de los gametos ya no es un potencial ser humano, sino que es un real ser humano… Cigoto y embrión precoz  son un sujeto humano, y como tal, tienen todo el valor, toda la dignidad y todos los derechos fundamentales de cada sujeto humano.

Para mayor abundamiento, el padre Serra cita al filósofo y teólogo S.J. Heany, que ha reconsiderado el pensamiento de Santo Tomás de Aquino (véase la segunda parte de La mudanza del alma) a la luz de los datos de la ciencia de hoy: “Un embrión unicelular con un específico genotipo humano es materia muy bien dispuesta para ser sujeto apropiado del alma humana intelectual, la materia de que tal alma es forma sustancial”.

Mónica López Barahona, el capítulo titulado “El estatuto genético del embrión humano” hace una aportación particularmente interesante. Dice que “podemos concluir que el estatuto genético del embrión humano no viene dado sólo por su genoma –puesto que su secuencia de genes es idéntica en todas las células que integran el cuerpo humano excepto las germinales–, sino por el ambiente en el que éste se encuentra”. Es decir, que existe una relación íntima, indispensable y óptima entre el embrión y el ambiente materno.

Lo expuesto en los párrafos precedentes son los argumentos que, basados en hechos a los que sus defensores otorgan la solidez de la comprobación científica, dan sustento a la postura conservadora en relación al origen de la vida humana y la oposición a la práctica del aborto aún en las primeras semanas de iniciada la gestación.

No puede dejar de mencionarse que estos argumentos se sostienen también en el presupuesto de que, por deseo o decisión divina, el ser humano es cualitativamente distinto al resto de los seres vivos y está destinado a cumplir una elevada misión en este mundo. Un número significativo de hombres y mujeres, científicos y de otras prpfesiones, no están de acuerdo, total o parcialmente, con este presupuesto.

Será el lector el que, habiendo examinado lo expuesto hasta este momento en las tres partes de La mudanza del alma y ahondando más en el tema consultando lo mucho que hay escrito en la literatura, adopte la postura –liberal o conservadora– que más le convenza.

En la cuarta y última parte de esta serie, expondré lo relativo a la problemática que sufren las mujeres con estos embarazos no deseados. No es asunto menor.

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