MESA DE AUTOPSIAS: ALGUNAS REFLEXIONES SOBRE EL OCIO Y LA LENTITUD.

Entiéndase que la lentitud a la que me voy a referir no es un rasgo de carácter, sino una elección vital: convendría no precipitar el tiempo ni dejarnos atropellar por él, una tarea saludable, urgente, en una sociedad que nos acucia, a menudo con muestro consentimiento”.

Pierre Sansot, Del buen uso de la lentitud. 2001.

            Cuando un colega me dijo una vez que había inscrito a su hijo en cierta escuela de moda para que le enseñasen a ser competitivo, a mí se me pusieron los pelos de punta. El concepto de rivalidad que a él parecía agradarle tanto y hasta lo imbuía de orgullo, a mí me daba escalofríos.

Siempre he pensado que mi papel como padre es, en primer lugar, lograr que mis hijos tengan los fundamentos suficientes para ser buenas personas. Confío en que, llegado el caso –seguro que llegará, porque hoy en el mundo rige una competencia atroz–, sabrán sacar las fuerzas necesarias de esa reserva espiritual que son la bondad y el buen conocimiento. A lo mejor estoy totalmente equivocado.

Aunque en estos momentos mis dos hijos ya están en ambos extremos de la adolescencia, cuando eran niños a mi esposa y a mí nunca nos pareció una buena idea atiborrar sus vacaciones con una retahíla de cursos de verano y actividades programadas de esas que brotan como hongos tras la lluvia cuando se supone que viene un tiempo de descanso. Claro que no dejo de ver lo conveniente que resulta para algunos padres sacudirse de encima a la prole –hoy palabra motivo de escarnio– cuando la escuela cierra sus puertas.

Ante la primera sugerencia que les hicimos para inscribirlos en esos cursillos veraniegos –es muy difícil no caer en la tentación que dicta el manual del padre moderno–, nos pusieron el alto: las vacaciones son para dormir a pierna suelta, acostarse tarde y, entre ambos polos del día, hacer lo que plazca, sin un plan preestablecido.

Nos dejamos vencer por el tono imperativo sin oponer mucha resistencia. Hoy vemos que obramos bien. La niñez es posiblemente la única etapa de la vida en la que nos podemos dar el lujo de derrochar sin sentimiento de culpa lo que en ese momento sobra: tiempo. Ya vendrá después el momento de las obligaciones que no dejan resuello. De trabajos que llenan todos los espacios y todos los instantes, de ese sentimiento de reclamo insertado en lo más profundo de la psique por obra y gracia del condicionamiento social y su instrumento favorito: la educación básica.

Pierre Sansot, autor de Del buen uso de la lentitud (Tusquets Editores, 2001), es un sociólogo francés y antiguo profesor de antropología y filosofía en las universidades de Grenoble y Montpellier. La portada de Del buen uso de la lentitud no puede ser más sugerente: con los remos en horizontal, un par de hombres en una barca pescan con caña en aguas inmóviles. La escena se encuentra bajo una luz solar dorada, tal vez crepuscular, que infunde una sensación placentera, casi de somnolencia.

Sansot nos dice acerca de la condena actual a la inacción que “la novedad estriba el actuar (que supera las fronteras del trabajo) se presenta hoy como un valor superior, como si, por no actuar, un individuo se extenuara y desapareciera. Por eso los soñadores, los que contemplan o rezan, los que aman silenciosamente o se contentan con el placer de existir, molestan y son estigmatizados”.

En su libro propone lo que llama actitudes que dejan espacio a la lentitud y aseguran un alma invariable:

Vagar: tomarnos tiempo, dejarnos guiar por nuestros pasos, por un paisaje.

            Escuchar: ponernos a disposición de otra palabra a la que concedemos crédito.

            El aburrimiento: no el no querer nada, sino la aceptación y el gusto por lo que se repite hasta la insignificancia.

            Soñar: instalar en nosotros una conciencia crepuscular pero alerta, sensible.

            Esperar: con el fin de ampliar el horizonte de la forma más vasta y libre posible.

            Escribir: para que poco a poco se abra paso en nosotros la verdad.

            El vino: escuela de sabiduría.

            La moderación: un recurso, no para comportarnos tímidamente o para prescribirnos la austeridad, sino para estar atentos y para luchar contra unos excesos que amenazan al género humano.

             Por su parte, Carl Honoré, en su Elogio de la lentitud (RBA Bolsillo, 2004), nos pone al tanto del movimiento Slow (lento, en inglés), que tiene un alcance mundial y cuestiona el culto a la velocidad propio de nuestros días. Nos habla de la ciudad de Wagrain, en Austria, donde todos los años se celebra en octubre la conferencia anual de la Sociedad para la Desaceleración del Tiempo. Dice que sus más de mil miembros son la infantería en la guerra contra el culto a la rapidez. Y prosigue:

En la vida cotidiana, eso significa ir más despacio cuando tiene sentido hacerlo. Si un miembro de la sociedad es médico, debe insistir en tomarse más tiempo para charlar con sus pacientes. Un asesor de gerencia podría negarse a responder a las llamadas que le hagan el fin de semana. Un diseñador podría ir en bicicleta a las reuniones en vez de hacerlo en coche. Los “desaceleradores” utilizan una palabra alemana, ‘eigenzeit’, para resumir su credo. ‘Eigen’ significa “propio” y ‘zeit’, “tiempo”. En otras palabras, cada ser vivo, acontecimiento, proceso u objeto tiene si propio tiempo o ritmo inherente, su propio ‘tempo giusto’ (tiempo justo).

            Honoré nos advierte que no nos hagamos una idea falsa de los “desaceleradores”. Nos dice que no son reliquias chifladas de la era hippie. Son ciudadanos preocupados: abogados, asesores, médicos, arquitectos, maestros, etc. Se toman su filosofía con toda seriedad, lo que no excluye el sentido del humor. En una ocasión la sociedad visitó a Comité Olímpico Internacional para conceder medallas de oro a los atletas con tiempos más lentos.

El colmo de ese culto a la velocidad que nos abruma todos los días es el estilo de hacer vacaciones. Referido por Honoré, Berhhard Wallmann, señala que

la mayor parte de las vacaciones son estresantes. Empiezan con el viaje en avión o en coche, y entonces uno corre de aquí para allá, tratando de ver el máximo número de cosas posibles. Examinas tu correo electrónico en un cibercafé y miras la CNN o la MTV en el televisor del hotel. Utilizas el móvil (nuestro teléfono celular) para ponerte en contacto con los amigos o los colegas y, al final, regresas más cansado de lo que estabas al partir.

            También en el libro de Carl Honoré encontramos un fragmento del sermón titulado “¡Más despacio!” que el reverendo Gary James de la primera iglesia unitaria de Rochester (Nueva York) pronunció en febrero de 2002:

La vida requiere momentos de esfuerzo intenso y ritmo apresurado, pero también necesita una pausa de vez en cuando…, un momento sabático para determinar el rumbo que estamos siguiendo, la rapidez con que queremos llegar a nuestro destino y, lo que es más importante, por qué queremos ir ahí. La lentitud puede ser hermosa.

            Hace poco que ingresé al mundo del Facebook donde un grupo de colegas de la Asociación de Médicos del Instituto Nacional de la Nutrición Salvador Zubirán (AMINNSZ) tiene una página para tratar asuntos de interés común. Un colega al que no he visto en varios años, cardiólogo por más señas, se comunicó conmigo para decirme, entre burlas y veras, que él ignoraba el significado de una palabra que yo había mencionado en ese foro: ocio. Sólo acerté a responderle lo siguiente: amigo, ¡preocúpate!

Anuncios

6 thoughts on “MESA DE AUTOPSIAS: ALGUNAS REFLEXIONES SOBRE EL OCIO Y LA LENTITUD.

  1. Aw, this was an extremely good post. Taking a few minutes and actual effort to create a superb article… but what
    can I say… I hesitate a lot and never seem to get nearly anything done.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s