MESA DE AUTOPSIAS: EL SIGNIFICADO EXTRAVIADO.

No se vaya a pensar que nosotros menospreciamos y desechamos el modelo biológico o biomédico de enfermedad; lo que tratamos es que ni la enfermedad, ni la salud, se consideren nada más como fenómenos biológicos, por tanto, abordables únicamente por medio de las clásicas ciencias biomédicas, sino en su real complejidad biopsíquica y sociocultural. Tal cosa obliga a emplear otras ciencias, además de las biológicas, para conocerlos y manejarlos. No olvidemos que los biologistas a ultranza, o reducen a lo biológico todo lo referente a la enfermedad humana o, aceptando que en dicho fenómeno existen otros componentes no biológicos, consideran que éstos no son susceptibles de ser conocidos y manejados científicamente”.

Fernando Martínez Cortés, Consulta médica y entrevista clínica. Medicina del hombre en su totalidad. 1979.

            Cualquier actividad humana es un reflejo de la filosofía de vida que predomina en un momento dado de la historia. El modelo de la medicina y su ejercicio no pueden aislarse del entorno y se convierten también un reflejo más o menos fiel de las tendencias preponderantes. Hoy vivimos en un mundo que ha entronizado los valores materiales hasta volverlos la única opción y esta visión se ha infiltrado profundamente en la práctica actual de la nuestra profesión.

En esta transformación, que el doctor Ruy Pérez Tamayo (La transformación de la medicina, Letras Libres. Octubre 1999)  definió de una manera resumida en la frase la medicina ha dejado de ser un servicio para convertirse en un negocio, los médicos hemos sufrido pérdidas y también hemos adquirido nuevos significados para las acciones que realizamos. Todo ello puede verse como parte inevitable de la evolución profesional que muchas veces no depende de nosotros mismos ni la podemos controlar. Damos por hecho que lo que hemos perdido, abandonado u olvidado es ya indeseable por anacrónico.

Una mirada atenta a algunos de esos lastres que hemos soltado para poder volar más alto y más lejos en la profesión pudiera revelarnos que no todo lo desechado es obsoleto. Si estamos perdiendo u olvidando facetas de ejercicio profesional que siguen siendo vigentes, eso significa que el rumbo que está tomando la medicina pudiese contener elementos que conviene revisar con cuidado y, en su momento, depurar si resultan nocivos.

Sin ser un experto en el tema, a mí me parece que un número tal vez significativo de médicos ha reducido el universo semántico de la palabra curar para entenderlo solamente como el restablecimiento de la función normal de los órganos. Es lo que se puede esperarse en el contexto de un modelo de la enfermedad exclusivamente biológico. Y creo que esta visión reduccionista del curar ha contribuido a ese fenómeno conocido como la deshumanización de la medicina.

Esta visión reduccionista del curar va de acuerdo con la filosofía del momento, es decir, una concepción de la vida humana en que la se privilegia la obtención de satisfacciones materiales y se promueve la competencia como el único medio para obtenerlas. Encaja también con un ritmo de vida acelerado en el que no hay tiempo para la introspección ni para dedicárselo a los demás. La curación debe ser rápida, inmediata, para pasar al siguiente enfermo y acumular en el menor tiempo posible las suficientes ganancias económicas que nos permitan acceder a las condiciones materiales que definen eso que se llama una vida exitosa.

Pero hay un significado olvidado de esta palabra que necesitamos recuperar y poner por lo menos a la par del simplemente recuperar las constantes vitales y la fisiología normal. El Diccionario del Español Actual de Manuel Seco, Olimpia Andrés y Gabino Ramos (Aguilar Lexicografìa, 1999) contiene ocho acepciones principales de curar. La última –calificada por el propio diccionario como rara– es “cuidar de alguien o de algo”. Es decir, que curar no sólo es, de acuerdo al mismo diccionario, “devolver el estado de salud a una persona o a un animal enfermos o heridos”, sino que también significa cuidar.

Si ahora buscamos lo que significa cuidar, nos encontraremos que Manuel Seco y sus colaboradores nos dicen que es “atender a alguien o algo para que se mantenga bien”, “poner esmero en que algo quede bien hecho”, “hacerse cargo”, “procurar con atención o preocuparse” y hasta “tener cautela o precaverse”, significado éste que no nos interesa por el momento.

No tengo ya la menor duda que, al haber olvidado o extraviado estos otros significados del curar, somos responsables, por lo menos en parte, de que la sociedad nos perciba deshumanizados. Si para nosotros curar es sólo lo que compete a la esfera biológica de la enfermedad, proyectamos una imagen carente de aquello que identificamos como entrañablemente humano.

Si en el origen del acto médico hay una preocupación por el otro que, en ausencia de los numerosos medios materiales que hoy tenemos, obligó a los primeros médicos a salirse de ellos  mismos para poner atención en el otro, renunciando a su propio tiempo para dedicarlo al cuidado del enfermo, parece que nos hemos olvidado de ese origen que decimos reconocer de labios para afuera.

Desde luego que no se trata de un hecho generalizado, ya que hay muchos médicos que honran todos los días este principio sagrado de la profesión. Sin embargo, debe ser de la suficiente magnitud para que la sociedad lo perciba y se comente abiertamente en no pocas ocasiones.

Cito nuevamente al doctor Ruy Pérez Tamayo en su obra Ética médica laica (Fondo de Cultura Económica y El Colegio Nacional, 2002), en la que propone un código ético médico basado en los objetivos de la medicina. ¿Cuáles son esos objetivos? En palabras del autor, son 1.-El estudio continuo, 2.-La información y docencia no sólo hacia los colegas y los estudiantes de medicina, sino a los enfermos y sus familiares, 3.-La investigación científica y 4.-El manejo integral. Sobre este último, el doctor Pérez Tamayo señala lo siguiente:

 

El médico debe tener siempre presente que el enfermo acude a solicitarle ayuda para que lo cure o lo alivie de su’ padecimiento’, lo que es algo distinto de su ‘enfermedad’, aunque el primer término incluye al segundo. Para poner un ejemplo, el enfermo puede tener una tuberculosis pulmonar, pero lo que lo lleva a ver al médico son la astenia, la falta de apetito, la palidez, el insomnio, la febrícula, la tos, la disnea, y además el miedo a lo que pueda pasarle, a que lo tengan que operar, la angustia por sus familia, por dejar de trabajar, por interrumpir su vida habitual, y naturalmente el terror ante la posibilidad de la muerte. Todo eso es lo que el enfermo ‘padece’, y es lo que espera que el médico lo quite al curarlo… Es con este carácter con el que se presenta en la consulta, y no como un par de pulmones infectados por el bacilo de Koch.

 

Prosigue y finaliza el cuarto objetivo de la medicina “El manejo integral” con las siguientes palabras:

 

El médico que no se involucra en su atención con el padecimiento integral del paciente, sino que se conforma con diagnosticar y tratar la enfermedad, está cometiendo una grave falta de ética médica al no cumplir con los objetivos de la medicina, está ignorando su obligación profesional de ‘curar’, o ‘aliviar’ cuando no se puede curar, pero siempre ‘apoyar y consolar al enfermo’, es un médico inmoral.

 

Necesitamos recuperar el significado extraviado de la palabra curar y convencernos de que una medicina con prisa no es lo que esperan de nosotros nuestros pacientes. Tampoco es lo que aspiramos para nosotros mismos ni como profesionales ni como los enfermos que seremos también tarde o temprano. Valdría la pena también comunicárselo con respeto y con firmeza a los administradores y a los educadores médicos.

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4 thoughts on “MESA DE AUTOPSIAS: EL SIGNIFICADO EXTRAVIADO.

  1. Él Dr. Antonio Padilla Raygoza era ese médico en toda la extensión de la palabra, siempre nos atendió muy bien

  2. Estimado C.P. Venegas:
    Es siempre un consuelo saber que cerca de nosotros hay un médico en la plena extensión de la palabra. Algunos, de manera muy modesta, luchamos desde nuestra trinchera para que esa especie, hoy en peligro de extinción, no desaparezca.
    Con mis mejores deseos para esta Navidad y un venturoso 2012.
    Luis Muñoz.

  3. Existen personas tan excepcionales que JAMAS DEBERÍAN MORIR COMO EL DOCTOR ANTONIO PADILLA RAYGOZA. Ahora sin él ningún doctor me ha llenado al 100 OJALA DESDE EL CIELO CUIDE DE MI EMBARAZO Y DE MI BEBITA

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