ESCUCHANDO EL ALMA Y LEYENDO EL CUERPO (quinta y última parte).

¡Qué diferencia con los reconocimientos de Don Gaetano! El viejo, mientras vuelve a vestirse, recuerda a la indiscutida autoridad médica catanzaresa, en su consulta del corso. ‘Allí entra uno como quien es y sale siéndolo más todavía’. Su iracunda reacción contra la milanesa clínica le permite reconstruirse antes de salir del cubículo”.

José Luis  Sampedro, La sonrisa etrusca. 1985.

            En octubre de 1999, el doctor Ruy Pérez Tamayo publicó un artículo en la revista Letras Libres titulado “La transformación de la Medicina”. En él, señaló que, con la invención del estetoscopio por René Laënnec en 1816,

            el uso de este sencillo instrumento predicaba ya dos de las tres modificaciones principales que la tecnología introdujo en la relación médico-paciente tradicional: 1) la interposición de un instrumento entre el médico y el enfermo, que le revela al médico datos que el paciente ignora y sobre los que no tiene control alguno; y 2) mayor confianza del médico en los datos recogidos por medio del instrumento (son más “objetivos”) que en las opiniones y quejas del paciente.

            Con la introducción de los rayos x en la tecnología médica, en los primeros años del siglo XX, se completó la transformación de la relación médico-paciente, porque 3) con las radiografías, el primero podía estudiar diversas estructuras internas del segundo sin que éste estuviera presente.

            Hay un acuerdo casi general sobre el creciente debilitamiento de los estrechos lazos que sustentan la relación médico-paciente tradicional. Esa relación que, como se ha repetido en numerosas ocasiones, el doctor Ignacio Chávez definía como una confianza (la del paciente) frente a una conciencia (la del médico).

Por lo menos en el medio profesional donde yo me desenvuelvo, es ya un lugar común señalar las deficiencias de la información contenida en las historias clínicas. Da la impresión de que los médicos jóvenes o en formación (casi siempre responsables de elaborar esas historias clínicas) ya no cultivan la obtención y el registro minucioso de los datos que se obtienen a través del interrogatorio y la exploración física de los enfermos. Se puede decir que, salvo algunas excepciones, las nuevas generaciones están abandonando el método clínico tal y como lo conocimos. Y parece ser un fenómeno irreversible. Las razones son múltiples. Mucho tiene que ver el ambiente en el que se desenvuelve la educación de los futuros médicos y la propia práctica profesional, tanto en el sector público como dentro de la iniciativa privada.

Por otro lado, parece haber cierta relación entre la merma cuantitativa y cualitativa en el correcto uso del método clínico y la aplicación creciente de la tecnología en la práctica de la medicina. En principio y en teoría, ambos aspectos del ejercicio profesional no tendrían que ser mutuamente excluyentes, ya que son facetas complementarias que el médico utiliza en el conocimiento del paciente para establecer el diagnóstico de la enfermedad. Sin embargo, en la práctica llega a ocurrir que la relación entre ambas suele ser asimétrica, con un predominio acentuado del uso (y abuso) de la tecnología médica sobre el ejercicio del método clínico.

El doctor Leonardo Viniegra Velázquez, investigador y experto en educación médica, publicó en la Revista de Investigación Clínica, publicación del Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán, un artículo titulado “El fetichismo de la tecnología” (Rev Invest Clin 2000; 52 (5): 569-580). Como ya es costumbre en el doctor Viniegra, este artículo es una disección exhaustiva y rigurosa de la problemática en cuestión. Su lectura es indispensable para quienes nos interesamos en el tema.

Leonardo Viniegra hace una descripción descarnada del momento actual que atraviesa la profesión médica. Señala que “hoy día asistimos a un debilitamiento sin precedentes de la aptitud propiamente clínica. la acuciosidad y el refinamiento de los médicos para allegarse información relevante y detallada del paciente está en vías de extinción…La elaboración de la historia clínica, que hasta hace poco constituía la verdadera base de sustentación de todo el proceso de atención, se va convirtiendo en una actividad burda, rutinaria, desdibujada”.

También advierte sobre la falacia que se esconde en la idea de que “las poderosas tecnologías para el diagnóstico hacen innecesario un trabajo clínico detallado y preciso. Cuando la clínica se hace tosca… tal deficiencia se pretende subsanar con el concurso de la tecnología que sin orientación precisa adquiere una forma de uso marcadamente indiscriminada, desprovista de la selectividad requerida”.

Según Viniegra, las consecuencias de lo anterior son:

a) utilización innecesaria de recursos (costos injustificablemente elevados); b) incremento de la probabilidad de resultados falsos positivos, con la consecuente necesidad de utilizar más recursos para “aclarar el porqué de un hallazgo no previsto”; c) saturación del tiempo de uso de la tecnología, que hace necesario el diferimiento de estudios, aún de aquellos con verdadero carácter urgente; d) agudización de los problemas de mantenimiento de los equipos, cuyo uso intensivo e indiscriminado eleva la probabilidad de averías que retrasan o difieren el proceso diagnóstico…; e)molestias innecesarias de los pacientes al exponerse a procedimientos estrictamente no indicados; f) mayor subordinación-dependencia de la tecnología que acrecienta el “analfabetismo clínico”, cerrándose así el círculo vicioso.

            El doctor Viniegra nos demuestra que una medicina clínica depurada y cuidadosa es el elemento indispensable que garantiza el uso adecuado de la tecnología médica. Sin aquella, ésta pierde la orientación precisa, queda desprovista de selectividad, por lo que su uso se vuelve indiscriminado. Lamentablemente, observamos ejemplos de lo anterior con demasiada frecuencia.

Un motivo más de preocupación en las últimas décadas es el avance avasallador de la biología molecular. Sin restarle la importancia que tiene y los beneficios reales y potenciales que derivan de este conocimiento, su enfoque tiende a ser reduccionista y peligrosamente simplificador.

Si bien resulta evidente que en la medicina se está imponiendo el trabajo de equipos multidisciplinarios formados por expertos en diferentes aspectos de la biología, la informática y la medicina, no deja de llamar la atención la facilidad con la que algunos biólogos moleculares sin formación médica se atreven a intervenir en la toma de decisiones clínicas. La complejidad y poder de las técnicas que dominan pueden hacerles pensar que el ser humano enfermo se reduce a la simple disfunción de sus moléculas, ignorando las otras facetas que lo integran.

Es imposible saber hoy cómo será nuestra profesión en el futuro. Aunque por lo expresado en los párrafos precedentes pareciese que nos encaminamos hacia una medicina altamente tecnificada y fría, pienso que siempre tendrá (o deberá tener) un papel central el médico clínico. Ya en los tiempos actuales y mucho más en os venideros, el médico se verá obligado a realizar un esfuerzo enorme para comprender los avances científicos y sus aplicaciones técnicas sumarlos a los datos clínicos en el análisis del enfermo. Una labor titánica de integración que confirmará una vez más lo extenso que es el arte y lo corta que es la vida para aprenderlo.

En este punto y a manera de epílogo, conviene recordar unas sabias palabras del doctor Francisco González-Crussí:

El momento extraordinario que está atravesando la ciencia nos hace olvidar que en los cimientos de la medicina se encuentra un humanismo universal que está bajo una grave amenaza. Salvaguardarlo para las futuras generaciones es para la profesión médica un reto similar o incluso superior a varios   de los problemas técnicos o científicos que hoy tiene que enfrentar y resolver.

Quiero pensar que, independientemente de lo mucho que avance la ciencia médica, siempre será necesario el médico que sepa escuchar el alma y leer el cuerpo de sus pacientes, sus iguales en la condición humana y sus compañeros de viaje en este mundo lleno de incertidumbre.

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