LA FORMACIÓN DE UN MÉDICO (primera parte).

“Debe aceptarse que uno no puede esperar ser un profesional diestro en la medicina al terminar los cuatro o cinco años de estudios universitarios. La medicina no es un oficio que se aprende, sino una profesión que exige una entrega absoluta”.

Francis W. Peabody, The Care of the Patient. 1927.

            Fue el doctor Gerónimo Aguayo Leytte quien me habló por primera vez de la palabra alacridad. Yo no la había escuchado antes y, por tanto, ignoraba su significado. Él me lo explicó y luego lo confirmé por mi mismo. Alacridad, según la define el Diccionario de la Real Academia Española, es “alegría y presteza del ánimo para hacer algo”. Y para que no dejar ningún resquicio a la duda, presteza es “prontitud, diligencia y brevedad en hacer o decir algo”.

No fue casualidad que Gerónimo Aguayo dirigiera mi atención hacia aquella palabra. Puedo decir sin temor a equivocarme ni a exagerar que alacridad define muy bien su actitud frente a la profesión que cultiva con singular esmero. Refiriéndome a su ejercicio apasionado como especialista de las enfermedades del sistema nervioso en Aguascalientes, siempre he dicho que –sin ánimo de menospreciar a otros colegas– el doctor Aguayo es “el neurólogo del pueblo”.

He dedicado las últimas dos semanas a leer la biografía de Francis W. Peabody, un médico muy distinguido aunque poco conocido en el ámbito latinoamericano. El autor del libro es Oglesby Paul y su obra se titula “El médico que cuida. La vida del doctor Francis W. Peabody” (The Caring Physician. The Life of Dr. Francis W. Peabody. Countway Library, 1991).

Dado que alacridad no es una palabra que se use con frecuencia, me sorprendió gratamente encontrarla en el siguiente fragmento de la biografía del doctor Peabody:

En 1920, Francis fue nombrado profesor adjunto de medicina en Harvard y, por su extraordinaria alacridad, fue ascendido a profesor titular el 13 de junio de 1921.

           

            Francis Weld Peabody nació en Cambridge, Massachusetts, un 24 de noviembre de 1881. Descendía de una familia muy arraigada en Nueva Inglaterra, región norteamericana a la que en 1635 había emigrado un inglés llamado también Francis Peabody. Su padre fue pastor de la Iglesia Unitaria en Cambridge y un destacado catedrático en temas religiosos. Gran escritor y orador, estaba convencido de que la iglesia debía participar activamente en la solución de los problemas sociales y no reducirse solamente “a los asuntos del culto, el clero, la doctrina y la caridad, sino abarcar también los problemas mundanos de la vida moderna, sus conflictos de clases, los desacuerdos en la industria, los problemas políticos y los pecados por las disputas sobre la propiedad”. Ese fue el ambiente en el que vivió su infancia el futuro doctor Francis W. Peabody.

Aunque durante sus estudios iniciales no destacó por su brillantez y dedicación, empezó a cambiar una vez que ingresó a la Escuela de Medicina de la Universidad de Harvard. Pronto fue estimado y repetado por sus compañeros y elegido jefe de grupo durante cuatro años. Años más tarde describiría sus experiencias más valiosas en la facultad como sigue: 1)la consulta externa de pacientes quirúrgicos durante el verano de 1904; 2)el curso patología con el doctor Frank B. Mallory entre 1904 y 1905; 3)la consulta externa de medicina en el verano de 1905 y, 4)un curso especial de medicina impartido por el doctor Joseph H. Pratt en 1906. De éste mencionó que “me hizo asomarme por primera vez a la investigación”. Un año después, Francis W. Peabody se graduó con honores.

Deseoso de completar su formación, ingresó al Hospital Johns Hopkins, donde permaneció dos años como médico residente asistente bajo las órdenes del doctor William S. Thayer, con quien estableció profundos lazos de amistad que durarían toda su vida. En Johns Hopkins trabajó en el Laboratorio Hunteriano haciendo investigaciones de fisiología, estudiando y enseñando anatomía patológica. Como muchos médicos norteamericanos de su generación, decidió continuar su preparación en Alemania, donde estudió química orgánica con el doctor Otto Paul Hermann Diels y su maestro, el famoso Profesor Emil Fischer.

A principios de 1911, el doctor Peabody se incorporó como médico residente asistente al Hospital del Instituto Rockefeller de Nueva York. Allí pasó los siguientes 15 meses, haciendo trabajo clínico e investigación con los pacientes de neumonía en el invierno y con los de poliomielitis en el verano. El ambiente en aquel hospital fue muy estimulante, pues congeniaba muy bien con sus compañeros y pudo profundizar en la investigación clínica que tanto le atraía.

Aunque ya habia publicado sus investigaciones desde la época en Johns Hopkins, de los casos de neumonía del Hospital Rockefeller escribió y publicó cinco artículos, de los cuales en cuatro fue el único autor. En estas publicaciones aparecerían ya los rasgos característicos de su estilo como escritor científico: una prosa clara, gran cantidad de datos y una discusión amplia de los mismos. Bajo la guía de Simon Flexner, el doctor Peabody, junto con George Draper y Alphonse R. Dochez, realizó minuciosos estudios en 161 casos de poliomielitis aguda. Con la experiencia adquirida, George Draper llegó a ser médico de un paciente con poliomielitis muy famoso: Franklin Delano Roosevelt, trigésimo segundo presidente de los Estados Unidos de Norteamérica.

A finales de abril de 1912 y con la construcción del Hospital Peter Ben Brigham, Francis W. Peabody regresó a Boston para convertirse en su primer médico residente. Antes de su inauguración oficial, Peabody y otros cuatro médicos del Brigham viajaron a Europa para conocer algunos centros hospitalarios de prestigio. Visitaron Londres, Oxford, La Haya, Leyden, Amsterdam, Hamburgo, Copenhague, Berlin, San Petesburgo y Estocolmo. Lo más provechoso para el doctor Peabody fue el mes que pasó en Conpenhague, donde estudió fisiología respiratoria con el profesor August Krogh y un nuevo concepto sobre la acidez y la alcalinidad –el pH– con el profesor Sorensen.

El trabajo formal en el Hospital Peter Ben Brigham empezó a finales de 1912 y fue allí donde Francis Peabody inició los estudios sobre la función pulmonar que le interesarían el resto de su vida. En 1915, completó sus tareas asistiendo por un tiempo al Instituto de Patología Russell Sage del Hospital Bellevue, en Nueva York, bajo la dirección del doctor Eugene F. DuBois, pionero en el campo del metabolismo y la nutrición. Juntos publicaron en 1916 “El metabolismo basal de los pacientes con enfermedades cardíacas y renales”.

Durante su residencia en el Hospital Brigham, ocurriría un hecho singular. Aconsejado por su asesor, el Reverendo Frederick T. Gates, John D. Rockefeller se interesó por los problemas educativos de Asia. Envió a dos hombres para que explorasen las necesidades de China, Japón, Corea e India y de este viaje partió la idea de establecer en China una institución educativa que enseñase las ciencias naturales. Esta propuesta fue diferida por un tiempo, en enero de 1914 fue retomada y se invitó a Francis W. Peabody para que se integrase a un comité que investigaría la posibilidad de crear una escuela de medicina en China bajo el auspicio de Rockefeller. Aunque en un principio Peabody rechazó esta invitación, Simon Flexner y Rufus Cole, viejos amigos del Instituto Rockefeller, vencieron su resistencia e hicieron los arreglos necesarios para que ese viaje fuese posible.

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