EL CAMINO A SANTIAGO (cuarta y última parte).

¿Qué fuerzas misteriosas presiden la aparición de los procesos [dendritas y axón], promoviendo su desarrollo y ramificación, provocando la migración coherente de células y fibras en direcciones predeterminadas, como si obedeciesen un sabio plan arquitectónico, para establecer finalmente esos besos protoplásmicos, las articulaciones intercelulares [sinapsis] que parecen constituir el éxtasis final de una épica historia de amor?”.

                                                                                          Santiago Ramón y Cajal. Recuerdos de mi vida, 1917.

El pasado viernes 1 de junio de 2012 presenté mi trabajo de ingreso a la Corresponsalía en Aguascalientes del Seminario de Cultura Mexicana, titulado “Vida y obra de Santiago Ramón y Cajal”. Más que la bondadosa acogida que tuvo mi conferencia –motivo de alegría personal y de sincero agradecimiento hacia mis colegas corresponsales–, disfruté mucho la reunión por los comentarios y preguntas que se me hicieron. Lo que varios de los asistentes preguntaron y comentaron muestra un vivo interés por conocer los detalles de nuestra naturaleza biológica.

Estoy plenamente convencido de que la comprensión cada vez mayor de nuestra biología y el asumir que somos seres compuestos de complejas sustancias químicas que se relacionan de maneras muy complejas no le resta un ápice de grandeza al portento de ser humano… o de ser animal. No son pocos los que temen que los descubrimientos científicos los destierren de la vasta red de mitos y engaños en los que han vivido por años con un falso sentimiento de seguridad. Y también los hay que ven en el avance de la ciencia un claro aviso del ocaso de su poder. Cuestión de tiempo.

En 2002 se cumplieron los 150 años del nacimiento de Santiago Ramón y Cajal. Para celebrarlo, el Departamento de Cultura y Turismo del Gobierno de Aragón patrocinó la publicación de la obra más importante del sabio, “Textura del sistema nervioso del hombre y de los vertebrados” (1899-1904), una bella edición facsimilar en tres tomos que, sin lujos excesivos, nos permite tener en las manos una de las obras cumbre de la medicina y la biología a un precio accesible. Aun siendo un libro redactado en el lenguaje técnico propio del tema, su lectura es muy agradable desde las primeras páginas, con el sello inconfundible de elegancia, sencillez y precisión que distinguen el estilo de Don Santiago. Así empieza el primer capítulo titulado “Idea general del sistema nervioso. Plan de estructura de los centros nerviosos en la serie animal”:

El sistema nervioso representa el último término de la evolución de la materia viva y la máquina más complicada y de más nobles actividades que nos ofrece la naturaleza. En cuanto este sistema aparece, la unidad del ser viviente se acentúa, sus recursos para procurarse el alimento y sus defensas de los ataques del mundo exterior se multiplican, adquiriendo también mayor precisión eficacia y congruencia; y en los peldaños más altos de la animalidad, a guisa de perfeccionamientos de estos aparatos defensivos, surgen fenómenos tan admirables como la sensación, el pensamiento y la voluntad.

 

Así como Camilo Golgi desarrolló la técnica –la reacción negra– para teñir con nitidez las neuronas y sus prolongaciones, Cajal la perfeccionó y la enriqueció con procedimientos adicionales que lo llevarían a esclarecer de una manera inobjetable la estructura microscópica del tejido nervioso. Fue hacia el final de su estancia en Valencia (1883-1887), cuando el psiquiatra y neurólogo Luis Simarro le mostró algunas preparaciones teñidas con la técnica de Golgi. Así describió el propio Don Santiago aquel momento histórico de la primera observación de las neuronas teñidas con el nitrato de plata:

En resumen, se necesitaba un método para teñir de manera selectiva un elemento, o, al menos, un pequeño número de elementos, aislándolo del resto de los elementos invisibles. ¿Podría volverse realidad el sueño de contar con una técnica así, haciendo del microscopio un bisturí y de la histología un fino instrumento de la disección anatómica?… ¡Qué espectáculo inesperado! ¡En un fondo amarillo perfectamente transparente, aparecían escasos filamentos lisos y delgados o espinosos y gruesos, así como cuerpos celulares negros de forma ahusada, estrellada o triangular! Uno podía haber pensado que se trataba de diseños plasmados con tinta china en papel transparente japonés… El ojo asombrado no podía separarse de este paisaje. ¡La técnica soñada se había hecho realidad! La impregnación metálica había logrado esta delicada disección.

 

            Fue Joseph von Gerlach (1820-1896) quien desarrolló la teoría reticular sobre la estructura microscópica del sistema nervioso, según la cual las neuronas estaban unidas físicamente entre si, formando un retículo continuo por el que circulaban los impulsos nerviosos. El propio Golgi creyó firmemente en ella a pesar de haber inventado una técnica para teñir las células nerviosas con gran nitidez. Y lo siguió creyendo a pesar de los descubrimientos indiscutibles de Cajal. Camilo Golgi llegó a extremo de exponer la misma teoría reticular en su discurso de recepción del Premio Nobel en 1906 junto a don Santiago.

El mérito de Cajal fue concebir el modelo experimental ideal para esclarecer la estructura fina de las neuronas y sus conexiones. En lugar de usar cerebros de animales adultos, decidió utilizar el tejido nervioso de embriones y animales jóvenes. Un tejido con una estructura mucho más sencilla, en el que las neuronas no forman bosques espesos y no tienen ramas tan numerosas y entrelazadas, como ocurre en el cerebro de los animales adultos. De esta manera, Don Santiago concluyó que, como en el resto de los tejidos del organismo, las neuronas son entidades físicamente independientes, que, aunque cercanas en sus conexiones –separadas por una brecha de apenas 20 millonésimas de milímetro–, no llegan a formar la famosa red continua que había enunciado Gerlach. La concepción de Cajal fue bautizada como la doctrina neuronal.

Regresemos para despedirnos al goce estético, a la faceta artística de la maravillosa histología del sistema nervioso. Mi muy querido amigo Sergio Sánchez me mostró hace varios meses el hermoso libro “Las mariposas del alma de Cajal. Ciencia y arte”, de Javier DeFelipe (Cajal’s Butterflies of the Soul. Science and Art. Oxford University Press, 2010). Sin poder resistir la tentación, adquirí un ejemplar gracias a las bondades de las librerías electrónicas. Un libro en gran formato que contiene una espléndida serie de dibujos de Cajal y otros histólogos dedicados al estudio de las células nerviosas. Al contemplarlos, uno no puede sino sentir admiración por la minuciosidad y la paciencia con los que fueron realizados.

Las láminas, que contienen ilustraciones en blanco y negro y a colores, son de una belleza indescriptible y nos demuestran una vez más que los descubrimientos científicos nos acercan, no nos alejan, a nuestra verdadera esencia. Que son la forma más honesta y confiable de conocernos a nosotros mismos. Ese fue el camino que siguió Cajal y esa es la senda por la que algunos pretendemos discurrir siguiendo sus huellas. Esa es mi vía personal, la que lleva a mi interior, la que conduce al centro de Santiago Ramón y Cajal.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s