LA BRECHA INSALVABLE (segunda parte).

Siempre me ha fascinado la idea de que pueda tener  un alma. Cuando era niño, mis profesores de catequesis me inculcaron esa idea, y respondían a mis incesantes preguntas sobre la localización del alma diciéndome que estaba muy dentro de mí. Mi primer experimento científico consistió en iluminarme la garganta con una linterna delante de un espejo para ver si podía captar un atisbo de mi alma, que yo imaginaba que se parecería a una especie de niño de gelatina”.

                                                                                                              Len Fisher. ¿Cuánto pesa el alma?, 2009.

            La semana pasada, concluí la primera parte de este escrito citando un párrafo de “El telar encantado. El enigma de la relación mente-cerebro” (Grupo Editorial Miguel Ángel Porrúa, 1994)  en el que sus autores, Bruno Estañol y Eduardo Césarman, nos advierten la imposibilidad de comprender el funcionamiento del cerebro a menos que se utilice un enfoque unificador “que integre la perspectiva microscópica con la macroscópica, el estudio analítico con el fenomenológico y los conocimientos de la física con los de la biología y que, además, tome en cuenta la relación del hombre con los demás seres humanos, con la cultura y con la historia, y con su propia biografía”.

En términos generales, yo coincido con su planteamiento, aunque también entiendo que debemos avanzar mucho más en las investigaciones científicas para ir disecando con mayor precisión los elementos estructurales y funcionales en los que se asienta la conciencia y todas esas características que los médicos llamamos las funciones cerebrales superiores.

Ya he mencionado en otras ocasiones que el conocimiento creciente de nuestra naturaleza biológica no representa para mí ninguna decepción respecto a creencias previas. Todo lo contrario. Sigo sorprendiéndome de nuestra complejidad material y creo firmemente que su conocimiento científico no le resta un ápice de dignidad al hombre ni amenaza con destruir su trascendencia en caso de que ésta pudiese comprobarse.

Planteado lo anterior, resulta fascinante que hoy existan líneas de investigación que traten de esclarecer las bases anatómicas y fisiológicas de la conciencia. Dada la gran complejidad de nuestro sistema nervioso –dicho sea sin el menor asomo de soberbia–, es claro que el asunto empieza en las sinapsis –los puntos de comunicación entre las neuronas–, pero no puede terminar ahí. Poco a poco, surgen evidencias que ponen de relieve lo que parece ser un rasgo constante de la materia que constituye a los seres vivos : su organización estructural y funcional en estratos, capas o niveles.

Esta organización aparece muy pronto en la historia evolutiva a partir de la emergencia de los seres multicelulares, aquella “explosión del Cámbrico”, que según los expertos ocurrió unos 500 a 600 millones de años atrás. Quienes estamos familiarizados con el mundo microscópico lo advertimos de inmediato. ¿Qué es una célula? Un sistema conformado por varios compartimentos en los que ocurren reacciones químicas particulares con singular eficacia. Estos sistemas de compartimentos –la célula en si misma y cada uno de sus componentes– parecen haber sido una exigencia para la aparición de la vida en la Tierra y su ulterior evolución hasta alcanzar los niveles de complejidad de los que hoy somos tanto parte como testigos.

Trasladados estos conceptos a la comprensión del sistema nervioso, los descubrimientos de los últimos 50 años van confirmando que su organización y funcionamiento siguen los mismos lineamientos que aplicamos al resto de los sistemas orgánicos. Y, un poco más allá, también podemos decir con razonable seguridad que las funciones cerebrales, incluyendo las que llamé superiores –la conciencia, la atención, la memoria, el juicio, la abstracción y la concentración–, obedecen a las mismas leyes que regulan toda la materia que se encuentra en el universo. Para algunos, aceptarlo es muy difícil, ya que contraviene de manera frontal creencias religiosas entrañables, implantadas en la más tierna infancia, que nos hablan del lugar especialmente elevado que el hombre ocupa en la escala de los seres vivos y los planes igualmente elevados que Dios tiene para nosotros y que habrá de revelarnos en el momento preciso, casi siempre después de cruzar el umbral que, una vez traspasado, ya no permite el retorno ni reconsideración alguna. Por eso la fe –en la razón o en lo sobrenatural– es el único asidero que nos permite transitar con cierta seguridad en medio de tanta incertidumbre.

Como ha sucedido en otras ramas de la biología, también las neurociencias se han beneficiado de los enfoques científicos provenientes de campos tan aparentemente remotos como la física. Recordemos como en el descubrimiento de la estructura del material genético –el ácido desoxirribonucleico, ADN– jugó un papel fundamental la utilización de técnicas como la cristalografía de rayos X y el particular enfoque conceptual de Francis Crick, físico de formación y uno de sus descubridores.

En su reciente libro “La conciencia. Confesiones de un reduccionista romántico”, Christof Koch (Consciousness. Confessions of a Romantic Reductionist. The MIT Press, 2012) nos cuenta que, ya graduado como físico en la Universidad de Tübingen, Alemania, se dio cuenta de que no poseía el talento suficiente para hacer una carrera destacada en cosmología, como había sido su deseo original. Cobró un vivo interés por las computadoras y se sintió muy atraído por la idea de que el cerebro era una especie de computadora, un procesador de información.

Koch encontró trabajo en el Instituto Max Planck de Cibernética Biológica, bajo la supervisión del físico italiano Tomasso Poggio, uno de los expertos mundiales más destacados en el procesamiento de información. De esta manera, Koch hizo su tesis de doctorado creando un modelo por computadora sobre el funcionamiento y las interacciones de las sinapsis excitadoras e inhibidoras en una misma neurona. De esta manera conoció lo que se convertiría su gran pasión intelectual: el estudio científico de la conciencia:

Bajo la guía de Tommy –Tomasso Poggio– resolví las ecuaciones diferenciales que describen cómo una carga eléctrica dentro y fuera de la membrana de una célula nerviosa se transforma en el patrón ramificado de sus dendritas –las prolongaciones de las células nerviosas– y la arquitectura de sus sinapsis.

            ¡Gran párrafo éste! Uno advierte maravillado que en la transmisión de los impulsos nerviosos no sólo importa la existencia de las sinapsis necesarias entre las neuronas, sino que tienen un papel muy destacado la forma de sus ramificaciones y la estructura tridimensional que construyen al unirse con otras células vecinas y distantes a través de estas conexiones. A través de las palabras de Christof Koch, podemos asomarnos al abismo –la brecha– que hasta ahora nos parecía insalvable. Es verdad que la comprensión de algo tan complicado exige un esfuerzo mental considerable, pero empezamos a ver una pequeña luz allí donde antes sólo reinaba la oscuridad y el oscurantismo.

Terminemos por hoy con otro párrafo de Koch:

El poder del sistema nervioso no se encuentra en la velocidad de caracol a la que funcionan sus componentes, sino en su comunicación masiva en paralelo: su capacidad para coordinar coaliciones muy grandes y heterogéneas de neuronas a lo largo de grandes distancias en patrones sinápticos muy específicos. Como demostraría 30 años más tarde, son estos patrones de donde emergen nuestros pensamientos. Las sinapsis son como transistores. Nuestro sistema nervioso tiene tal vez mil billones de sinapsis que comunican alrededor de 86 mil millones de neuronas.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s