UNA SENSACIÓN DE INQUIETUD.

La mirada médica debe ser un mirar el cuerpo sin prisas, con fijeza, así como un esfuerzo de entendimiento crítico de los que sucede en la geografía de su superficie, en su interioridad anatómica y, desde luego, en su comportamiento como persona”.

Cristóbal Pera. Desde el cuerpo. Ensayos sobre el cuerpo humano, la salud y la mirada médica, 2012.

            Me encuentro en el curso de patología quirúrgica que, año con año, organiza por estas fechas el doctor Sergio Sánchez Sosa en la bella ciudad de Puebla. Resistirse a una invitación de Sergio para asistir y/o participar en su curso es muy difícil, no sólo por el elevado nivel académico que caracteriza a esta reunión, sino porque su invitación siempre trae aparejada la garantía de su legendaria hospitalidad imposible de igualar.

Acorde con el interés que Sergio tiene por las bases moleculares del cáncer –cursamos juntos una maestría sobre este tema en años recientes– y con un laboratorio de patología molecular que da cauce a esa inquietud, este año el curso lleva por título “Curso de Biología Molecular aplicada a la Patología Quirúrgica”. Para ello, ha logrado reunir a un profesorado nacional e internacional de alto nivel –yo constituyo la excepción que confirma la regla– en esta área que hoy expande las fronteras del conocimiento médico con un vigor asombroso.

En las conferencias, los expertos despliegan los aspectos más recientes de conocimiento íntimo del genoma humano aplicados al diagnóstico y tratamiento del cáncer. Para quienes somos patólogos generales, dedicados principalmente al diagnóstico microscópico de los tumores y de varias condiciones morbosas más, estar al día en la biología molecular aplicada a la medicina exige un esfuerzo significativo. Aun para quienes hemos hecho algunos estudios en el tema, la velocidad vertiginosa con la que se suceden las novedades y el explosivo desarrollo tecnológico que las acompañan y sustentan representa una carrera donde los obstáculos pueden llegar a ser infranqueables.

Pero ese esfuerzo no resulta tan penoso porque viene acompañado de una promesa que se llama medicina personalizada. Si hasta ahora se ha tratado el cáncer con un enfoque uniformador que se basa principalmente en la morfología de las células cancerosas tal y como la revela el análisis microscópico, con la llegada de la biología molecular que estudia la composición y expresión de los genes contenidos en las células malignas, allí donde había grupos de tumores que eran tratados de la misma manera se revela hoy una heterogeneidad extraordinaria que obliga al desarrollo de tratamientos personalizados.

La oferta de una mayor eficacia –hasta la curación– sin los temidos efectos colaterales de la quimioterapia convencional es irresistible. Con ello, se está creando una expectativa inédita en torno a uno de los azotes más temidos por el género humano. No es la primera vez que algo así ocurre en el mundo del cáncer. Ya antes se pensó que estábamos muy cerca de la curación de los tumores malignos. Recordemos aquel desplegado dirigido al Presidente Richard Nixon que apareció el 9 de diciembre de 1969 en el afamado periódico norteamericano “The Washington Post”:

 

Sr. Nixon: usted puede curar el cáncer.

Si las oraciones son escuchadas en el cielo, esta plegaria será escuchada con más fuerza:

“Dios bendito, por favor, que ya no haya más cáncer”.

Apenas el año pasado, más de 318 mil norteamericanos murieron de cáncer.

Señor Presidente, este año usted tiene en sus manos el poder para empezar a poner fin a esta maldición.

Mientras que usted se angustia con el presupuesto anual, le rogamos que recuerde la agonía de esos 318 mil norteamericanos y sus familiares.

…Le pedimos una mejor manera de destinar nuestro dinero a la salvación de cientos de miles de vidas cada año.

… El doctor Sidney Farber, ex presidente de la Sociedad Americana del Cáncer, declaró lo siguiente: “Estamos muy cerca de una curación para el cáncer. Sólo nos falta el dinero y la planeación integral con los que enviamos al hombre a la Luna”.

… Si usted nos falla, Señor Presidente, va a ocurrir lo siguiente:

Uno de cada cuatro norteamericanos que hoy están vivos, es decir, 51 millones de personas, tendrá cáncer en los siguientes años.

Y eso nosotros no nos lo podemos permitir.

La frase “estamos muy cerca de una curación para el cáncer” vuelve a sonar hoy con gran insistencia. Es el eslogan implícito en los nuevos tratamientos que están apareciendo. Esos que ahora llamamos, no sin falta de pudor, medicamentos dirigidos contra blancos moleculares. Ese nombre tampoco es original. Viene de la idea de aquel inolvidable médico y bacteriólogo alemán llamado Paul Ehrlich, quien concibió, con la anticipación que distingue a los genios, un futuro en el que existirían tratamientos específicos para las enfermedades infecciosas. Medicamentos milagrosos a los que llamó “balas mágicas”.

Conforme escucho las conferencias, me permito algunas reflexiones y pongo especial atención a ciertos comentarios que parecen el eco de mis propios pensamientos.

Tras la estimulante ponencia de un oncólogo cuyo optimismo sólo rivaliza con su notable estatura, alguien pide la palabra y pone el dedo en una de las llagas: ¿Se ha preguntado usted el costo-beneficio de estos tratamientos novedosos para el cáncer? Un catedrático inquisitivo entre el público se ha atrevido a urgar en la herida de la que no suele hablarse cuando se diserta sobre las minucias moleculares de las células cancerosas. Costo-beneficio es un binomio clave a la hora de valorar la utilidad de unos medicamentos cuyo precio quebranta la economía familiar y cobra singular importancia cuando introducimos en la ecuación esa variable elusiva llamada calidad de vida. ¿Merece la pena la ruina económica de la familia en la lucha desesperada por obtener algunos días, semanas o meses de una vida que la enfermedad ha lastrado ya con un sufrimiento corporal y anímico casi indescriptible?

Y la cosa no para ahí. Otro de los profesores hace una nueva pregunta sin dar cuartel al joven médico especialista que defiende los nuevos tratamientos contra el cáncer: ¿qué opina usted de que no existe hasta el momento ningún caso de un enfermo curado con los medicamenos dirigidos contra blancos moleculares? Se suceden una serie de explicaciones en plan de retirada.

Son muchos los intereses para seguir desarrollando esta nueva estrategia de tratamiento contra los tumores malignos. Algunos intereses atienden a la esperanza de descubrir un blanco molecular de tal prominencia que al bloquearlo se colapse estrepitosamente la fortaleza del cáncer. Otros le apuestan al uso de combinaciones de nuevos medicamentos dirigidos contra diversos blancos para aturdir primero y destruir después a las células malignas. Esperanzas que son hipótesis a la espera de superar la prueba de los ensayos clínicos rigurosos y, sobre todo, el implacable tamiz del tiempo.

Y también hay intereses que obedecen al negocio globalizado. Tal vez sea por eso que en el cáncer nos hemos enfocado mucho más a la medicina curativa que a la medicina preventiva. Convertir una enfermedad incurable y mortal en una enfermedad crónica puede interpretarse de varias maneras, incluyendo la lógica del parásito: debilitar pero no matar para garantizar que el huésped siga siendo la fuente del sustento.

Las reflexiones precedentes pueden parecer exageradas y tal vez lo sean. Pero cuando uno conoce la materia prima de la que está hecha la condición humana no puede dejar de hacerse esas preguntas. Y mientras me las formulo, me va embargando una sensación de inquietud.

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2 thoughts on “UNA SENSACIÓN DE INQUIETUD.

  1. Querido amigo:
    Esa inquietud es un punto crítico respecto al cáncer: el interés científico para afrontarlo y curarlo y el interés de la industria farmaceútica como negocio. Y nosotros, los médicos patólogos que somos los encargados de hacer “medicina traslacional” estamos en el medio. No hay duda de que desentrañar la complejidad de los mecanismos moleculares y los ensayos clínicos nos conducirán, tarde o temprano, por la ruta curativa. Las preguntas son: ¿cuánto durará esta búsqueda?, ¿depende solo de factores económicos? o ¿también de intereses económicos? Mientras estas preguntas sigan flotando, la estrategia para nuestros paises, según mi punto de vista, debe seguir siendo la inversión en la prevención. Siempre será más barato prevenir que curar….
    Un abrazo,
    Carlos Barrionuevo Cornejo

    1. Querido Carlos:
      Me da mucho gusto recibir tu comentario con el coincido casi completamente. El casi es porque yo veo mucho negocio atrás de todo esto y creo que no se investiga lo suficiente en factores prevenibles puesto que no representan cuantiosas ganancias económicas. En fin, igual que tú, lo nuestro debe ser dirigirnos hacia una medicina primordialmente preventiva y no tan enfáticamente curativa. Por el camino que impulsa la industria farmacéutica hay demasiados intereses que tuercen unas conclusiones de las que esperaríamos mayor rigor científico.

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