CUANDO EL MÉDICO SE EQUIVOCA.

Empieza convencido de que la verdad absoluta es muy difícil de alcanzar en lo que se refiere a  nuestros semejantes, sanos o enfermos. Que los fallos en la observación son
inevitables aun con las facultades mejor adiestradas. Que los errores de juicio deben ocurrir en la práctica de una profesión que consiste principalmente en valorar posibilidades. Empieza, te digo, con esta actitud en mente y podrás percibir y arrepentirte de tus fallos. Y, en lugar de decepcionarte cada vez más, incluso ante una creciente dificultad para reconocer la verdad, obtendrás de tus errores las verdaderas lecciones que te impedirán repetirlos.

William Osler. Teacher and Student. En  Aequanimitas, 1906.

            Leer los artículos y libros del doctor Leonardo Viniegra Velázquez suele ser lo que los francoparlantes llaman un tour de force, es decir, una proeza, un acto que exige una destreza y un esfuerzo extraordinarios. No sólo porque sus reflexiones no tienen desperdicio y son en si mismos un logro muy acabado, sino que son un desafío notable a la atención, resistencia y comprensión del lector mismo. O al menos, yo así lo percibo.

Conocí al doctor Viniegra cuando realizaba mi servicio social en el Instituto Nacional de la Nutrición Salvador Zubirán (INNSZ) y aspiraba a convertirme en residente de anatomía patológica en aquel centro del saber médico, con el añadido de cursar primero uno o dos años de medicina interna. En comparación con otros hospitales, el proceso de selección en el INNSZ era más riguroso y comprendía una serie de pruebas internas que, además de los exámenes y test psicológicos, incluían varias entrevistas. Una de ellas era con el doctor Viniegra.

Antes de la entrevista uno tenía que llenar un cuestionario en el que se exploraban varios aspectos de la personalidad y aficiones del aspirante. Cuando entré a la oficina del doctor Viniegra, él ya había leído y analizado mi cuestionario. Me recibió con cordialidad y, a partir de ahí, tuve que hacer un esfuerzo considerable para seguir sus razonamientos y contestar sus preguntas. Así es él. Una mente poderosa que escudriña y reflexiona sobre lo que le interesa con un rigor y brillantez poco habituales.

Justo durante estas semanas, al escribir un par de capítulos para el libro que está preparando la Comisión Estatal de Arbitraje Médico del Estado de Aguascalientes, he revisado algunos escritos del Dr. Leonardo Viniegra. Como era de esperarse y debido a la naturaleza de los temas –los retos de la práctica médica ante la tecnificación y la naturaleza del error médico– sus artículos me han resultado de gran utilidad. Su reflexión sobre el error médico es imprescindible si uno desea ampliar su perspectiva y profundizar en este tema.

El error en la práctica médica puede ocurrir cuando el profesional realiza acciones innecesarias, cuando ejecuta de manera inadecuada maniobras útiles y necesarias o al omitir ciertas intervenciones que pueden ser benéficas para el paciente.

Lo habitual es que se atribuya el error médico a una conducta negligente del médico, es decir, a su descuido, falta de interés o irresponsabilidad. Aunque eso es cierto en varios casos, poco se toma en cuenta que detrás de un número significativo de errores existen condiciones desfavorables en las que los médicos realizan su labor. No debemos olvidar que la práctica de la medicina exige ciertas condiciones materiales para que se pueda desempeñar de una manera adecuada y completa. En México, los médicos que trabajamos en el sector público lo hacemos habitualmente en una insuficiencia de condiciones que sería impensable en los países desarrollados.

¿A que insuficiencia de condiciones me estoy refiriendo? Los doctores Sergio Ponce de León y Leonardo Viniegra lo señalan claramente en el capítulo “La otra cara de la medicina. ¿Es todo responsabilidad del médico?”, que forma parte del libro “Iatrogenia”, coordinado por el doctor Ruy Pérez Tamayo (El Colegio Nacional, 1994). Las condiciones inapropiadas para el trabajo del médico que ellos identifican son:

1.-Bajas remuneraciones.

2.-Falta de materiales para el diagnóstico o tratamiento de las enfermedades.

3.-Tendencia a la “rutinización” de las tareas, desprovistas así de creatividad e iniciativa.

4.-Obstáculos diversos para la reflexión, el análisis, la crítica y la autocrítica por parte de los mismos médicos.

5.-Carencia de estímulos al trabajo de alta calidad y compromiso.

6.-Responsabilidades excesivas por la complejidad o la cantidad de las tareas asignadas.

7.-Burocratismo en la tramitación de los servicios requeridos y en la ejecución de las decisiones de los médicos.

8.-Supervisión insuficiente o inadecuada del cumplimiento de las tareas y sus resultados.

9.-Lucro desmedido en la prestación de servicios médicos privados.

¡Con qué fidelidad nos vemos reflejados en estos nueve puntos!

Otro aspecto poco tratado en el tema del error médico es el ambiente social como factor predisponente para que éste no sólo ocurra, sino que además no sea claramente identificado y analizado con el propósito de generar un aprendizaje del que deriven medidas correctivas y preventivas.

En nuestro país el tono predominante del ambiente social en el que se lleva a cabo la práctica médica es de una marcada pasividad. Viniegra lo describe muy bien: “el país en donde nos toca vivir, en virtud de su dilatada historia colonial, su ininterrumpida y creciente dependencia del exterior y la permanencia de gobiernos autoritarios, se caracteriza porque la participación efectiva de los diversos grupos y sectores (que comparten necesidades e intereses) en los asuntos públicos es muy desigual. Unos, los dominantes, pesan decisivamente; otros, las enormes mayorías, tienen sólo una presencia simbólica desprovista de influencia… En medio de tal pasividad, el control efectivo que la sociedad ejerce sobre la calidad de bienes y servicios es también desigual, cercano al mínimo, en términos generales”.

Eso explica que las causas del error médico se propicien en un ambiente social donde la regulación que ejercen los ciudadanos es mínima o inexistente. “Dicho en términos sucintos, el control que la sociedad ejerce sobre los servicios de salud es raquítico”, vuelve a señalar Viniegra. Muchos pacientes ignoran su derecho a demandar servicios médicos de calidad, no prevén la posibilidad de que ocurra el error médico y en muchas ocasiones no saben que pueden y deben exigir la reparación del daño. Por otro lado, en esta atmósfera de baja exigencia, el médico no percibe el error como un acto indigno ni como una amenaza a su continuidad profesional. Este ambiente social propicia la aparición y permanencia de la negligencia, la ignorancia y la impericia de los médicos.

En contraposición a lo descrito en los párrafos precedentes, hoy observamos en los países desarrollados una revolución en la medicina que no tiene que ver con los descubrimientos científicos ni con los adelantos tecnológicos. Se trata de una nueva mirada sobre la práctica médica. Este nuevo enfoque descansa en dos elementos:

1.-El surgimiento y consolidación de la noción de calidad de vida de los pacientes, que ha obligado a la revisión profunda de nuestros parámetros de evaluación de la utilidad y eficacia de todas las maniobras que los médicos empleamos en la prevención, el diagnóstico y el tratamiento de las enfermedades.

2.-La preocupación creciente por los daños iatrogénicos. Esta mayor conciencia de los daños que puede provocar el médico es uno de los efectos favorables de la creciente participación de los pacientes y usuarios de los servicios de atención médica y tiene ya en estos países una influencia importante en el enfoque que se le da a la investigación y el estudio de la práctica médica.

En México, esta revolución ve apenas sus momentos iniciales.

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4 thoughts on “CUANDO EL MÉDICO SE EQUIVOCA.

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    Saludos,
    Ernesto

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