SALTO MORTAL SIN RED.

Del nivel de nuestra patología, es nuestra práctica de la medicina… Lo que el patólogo piensa hoy, el médico clínico lo pensará mañana.

Wiliam Osler. 1849-1919.

Ha sido un empeño de más de dos décadas. Ya durante mis años como residente de anatomía patológica tuve que enfrentar los prejuicios que rodean a la especialidad que practico. Para una porción nada despreciable de los médicos, los patólogos somos una especie aparte. Es más, muchos de ellos abrigan serias dudas a la hora de llamarnos y tratarnos como colegas.

Ya escribí sobre el asunto durante mis primeros meses como especialista. Primero como residente y después como médico adscrito al Departamento de Patología del Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán, tuve la oportunidad de colaborar varias veces en una revista del Instituto que daba cauce a la inquietud de escribir sin la rigurosa exigencia metodológica de su afamada Revista de Investigación Clínica.

Se trataba de una publicación más ligera que acariciaba también la idea de la divulgación médica, científica y cultural entre un público menos especializado. En 1991, publiqué en la Revista del Instituto Nacional de la Nutrición Salvador Zubirán –que así se llamaba aquella publicación periódica de divulgación–un artículo titulado “De la relación entre médicos clínicos y patólogos”.

En él me interesaba dejar bien sentada la premisa que los patólogos somos también médicos, no sólo porque hemos estudiado medicina, sino porque con nuestro trabajo, aunque realizado dentro de un laboratorio, contribuimos de una manera fundamental al estudio y tratamiento de los enfermos.

Si bien en la gran mayoría de las ocasiones no tenemos un contacto personal con los pacientes e intimamos con ellos sólo a través del análisis morfológico y molecular de sus células y tejidos, el estudio que realizamos los patólogos es una verdadera consulta médica. Ya lo plasmaron así el grupo de expertos que publicaron el sistema actual de reporte de los estudios citológicos cérvico-vaginales o “Papanicolaous”, como habitualmente se les conoce.

Desde que leí su muy citado artículo aparecido en 1988, quedé convencido de que los patólogos somos los colegas consultores de los médicos que solicitan nuestros servicios. Por eso, cuando lleno el recibo provisional de honorarios en los hospitales privados, en lugar del consabido “estudio de patología”, escribo en la parte destinada a plasmar el tipo de servicio brindado: “interconsulta de patología”.

La otra cara del problema es la existencia de patólogos que ya olvidaron o tal vez nunca supieron que son médicos, que sus diagnósticos tienen muchas veces no sólo un impacto decisivo en las decisiones y acciones que van a llevar a cabo los médicos tratantes, sino que afectan de una manera decisiva la vida de los mismos enfermos. Sus palabras, escritas en el reporte de patología, tocan y trastocan el curso vital de los seres humanos cuyas enfermedades describen y nombran. Por eso siempre ha sido para mí una preocupación central el uso que los patólogos hacemos del lenguaje. Así lo expresé en aquel articulo que escribí para Patología. Revista Latinoamericana:

            Por razones tan sutiles como misteriosas, de campos ajenos a los estrictamente profesionales provienen destrezas que hacen la diferencia entre un buen patólogo y un gran patólogo. Uno de estos campos es el que se refiere al uso y dominio del idioma. Desde que empezamos la residencia, la descripción morfológica se vuelve una característica constante de nuestro trabajo. Una buena descripción constituye las tres cuartas partes del diagnóstico. Y para describir no hay como tener a la mano un buen manojo de palabras, aunque el médico clínico no las lea. Palabras abundantes, diversas, que hablen por si solas aun en ausencia de imágenes. Hoy que las nuevas generaciones reciben y emiten buena parte de la información que utilizan a través de imágenes digitalizadas, las palabras más que abreviarse, se amputan y su uso se escatima con inexplicable aunque gozosa avaricia. Parece que volvemos a los gruñidos y monosílabos del cavernícola. Los patólogos debemos hacer gala de un lenguaje preciso. Esa precisión que tan bien definía Mark Twain: “La diferencia entre la palabra correcta y la que casi es la correcta es la que existe entre el relámpago y la luciérnaga”. Nada sustituye al conocimiento de las palabras que usamos cotidianamente y que son las propias de nuestro ejercicio profesional.

El que algunos médicos clínicos o quirúrgicos no nos consideren sus pares es comprensible. En apariencia, nuestras actividades distan mucho de las que ellos realizan cotidianamente. Y nuestro lenguaje también. Sin embargo, yo pienso que nuestras semejanzas superar a nuestras diferencias. Es por esa razón que establezco un estrecho paralelismo entre el método clínico –que no en balde se le llama también anatomoclínico– y el método que utilizamos los patólogos para estudiar las biopsias y piezas quirúrgicas.

Los equivalentes del interrogatorio y la exploración física para el patólogo son la consulta de la información clínica, la observación macroscópica o a simple vista y el análisis microscópico de la muestra en cuestión. De esta fase, al igual que sucede con el médico clínico, surgen las hipótesis diagnósticas. A partir de ellas, el médico clínico solicitará exámenes de laboratorio y radiográficos para confirmarlas o refutarlas. De manera similar, el patólogo utilizará –en casos muy seleccionados– la microscopía electrónica, la inmunohistoquímica y/o la biología molecular para llegar a un diagnóstico definitivo.

Desde luego que todo tiene un límite y las diferencias entre ambos tipos de médicos son una realidad inobjetable, pero los dos sirven a un mismo propósito, que es atender al ser humano enfermo. Además, médicos clínicos o quirúrgicos y patólogos se complementan mutuamente. El desempeño de cada uno sería imposible sin la participación de los demás.

¿Puede un médico patólogo hablar y escribir sobre aspectos íntimos de la medicina clínica? Todo depende. Una condición indispensable para poder hacerlo es tener o haber tenido cierta experiencia clínica que vaya un poco más allá de la poca que se obtiene durante el paso por la escuela de medicina. Experiencia sobre la que haya reflexionado lo suficiente y que le siga interesando como tema de estudio, aunque ya no la lleve ejercite cotidianamente. No se olvide que el patólogo sigue teniendo contacto con los pacientes que, aunque sea esporádico, puede aprovechar muy bien para seguir alimentando su interés en la medicina clínica.

Algo habrá de verdad en el párrafo precedente cuando se me ha dado la oportunidad y se me ha concedido el honor de hablar sobre medicina frente a grupos de distinguidos médicos clínicos. La primera sucedió hace ya varios años, durante un congreso nacional del Colegio de Medicina Interna de México que se celebró en el Distrito Federal. En aquella ocasión aproveché el famoso dibujo de Leonardo da Vinci conocido como “El Hombre de Vitrubio” para hacer una breve exposición sobre los límites del especialista en medicina interna.

Hoy enfrento un reto mucho mayor. A partir de mi renovado acercamiento a la Asociación de Médicos del Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán (AMINNSZ), se me ha invitado a dar la conferencia inaugural de su próxima Reunión Anual que se celebrará en Oaxaca durante la segunda semana del mes de octubre de 2012. El doctor Patricio Santillán Doherty, actual presidente de la AMINNSZ, me propuso como tema a desarrollar la interfase humana del quehacer científico del médico. Tras pensarlo unos días, le contesté lo siguiente:

He pensado ofrecer una reflexión sobre lo que para mí significa ser médico en estos tiempos. Cómo conciliar la tradición secular de la profesión con el explosivo desarrollo científico en áreas que afectan de lleno nuestra concepción y práctica de la medicina, la enseñanza de la misma y, por otro lado, las ingentes y urgentes necesidades de atención médica y sanitaria que vivimos a diario en nuestro país. Por ello, he pensado titular a esta conferencia “Ser médico hoy: el reto de superar el desconcierto”.

            Como puede verse, se trata de un desafío mayúsculo para un simple patólogo provinciano. Es como si un trapecista novato o poco hábil se atreviese a dar un salto mortal sin la red protectora. Espero cumplir satisfactoriamente semejante encomienda y salir de ella indemne.

Anuncios

2 thoughts on “SALTO MORTAL SIN RED.

  1. Me encantaría escuchar tu presentación en Oaxaca, pero por obligaciones con el Colegio, Octubre es un mes que debo dedicar a el.
    Una observación a manera de pregunta: ¿No sería mas correcto decir “Consulta de Patología”? lo menciono porque interconsulta se interpreta como el lapso o espacio entre dos consultas…y que conste que es pregunta. De hecho esta palabra no la encontré en el Diccionario de la lengua española. ¿Que opinas?

  2. Estimado Juan:
    Creo que “consulta” es un término totalmente válido. Respecto a la palabra “interconsulta”, hay que recordar que la lengua española es, toda proporción guardada, un organismo vivo y la Real Academia siempre va detrás de ella. Es decir, que son los hablantes los que, al usar con frecuencia y con el mismo sentido una nueva palabra, acaban por hacer que la Real Academia la incluya en su diccionario. Es lo que se llama sancionar con el uso. Tal vez suceda así en un futuro con “interconsulta”, palabra que todos los médicos usamos cuando requerimos los servicios y opinión de un colega al que consideramos competente en un campo determinado. Si bien tú interpretas “interconsulta” como un lapso o espacio entre dos consultas, creo que también puede entenderse como una consulta entre dos pares, es decir, entre dos médicos que atienden a un mismo paciente en un momento determinado. Sucede lo mismo con “interacción”, que el DRAE define como “acción que se ejerce recíprocamente entre dos o más objetos, agentes, fuerzas, funciones, etc”.
    De veras lamento que no nos podamos ver en Oaxaca. Hubiera sido estupendo conversar en un lugar tan propicio para la expansión del espíritu y del cuerpo (¡la cocina oaxaqueña!), vehículo idóneo para estrechar los lazos de amistad.
    Te mando un abrazo.
    Luis.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s