CUESTIONANDO EL MODELO (segunda y última parte).

La historia de las sociedades es el hilo conductor para entender su presente. Un largo pasado colonial, una independencia formal sin desprenderse de las relaciones de subordinación con los países dominantes, y una sucesión casi interminable de gobiernos autoritarios y corruptos, han influido decisivamente para configurar una sociedad como la nuestra, con profundas desigualdades, pasiva, conformista, sometida, que sólo se moviliza colectivamente ante las catástrofes naturales o sociales, ante lo inmediato y perentorio, sin visión de mediano y largo plazos.

Leonardo Viniegra. Las gestiones de las instituciones privadas y públicas de salud, ¿por qué deben ser distintas?, 2004.

A continuación de la cita con la que encabezo la segunda parte de esta reflexión, el doctor Leonardo Viniegra señala en su artículo algo muy importante:

“Desde luego cabe aclarar que me refiero a tendencias o predominios en los grupos sociales, no a atributos absolutos de todos los actores”.

            Esa aclaración va en el mismo sentido de los comentarios que, a la primera parte escrita la semana pasada, me hiciera el doctor Jorge Calles Escandón, médico mexicano que dirige el Departamento de Endocrinología del Centro Médico MetroHealth y que es profesor de la escuela de Medicina de la Universidad Case Western Reserve en Cleveland, Ohio. En ellos, el doctor Calles expresó lo siguiente:

“El análisis de Leonardo (Viniegra) es altamente sociológico y profundamente teórico; la realidad de la dinámica entre el médico y sus pacientes rebasa en forma multiplicativa el modelo que Leonardo presenta; el factor que no está en su ecuación es la actitud y entrega de no pocos médicos que dan su tiempo y esfuerzo y aún más por ser buenos médicos comprometidos con sus enfermos en serio”.

Ambos coinciden  señalar un hecho fundamental: a pesar de la abrumadora presencia y la influencia degradante de los rasgos organizativos de autonomización en los hospitales públicos (descritos con detalle en la primera parte), algunos individuos parecen hacer caso omiso de ese ambiente laboral hostil y atienden muy bien a los pacientes, cubriéndoles incluso el costo de los exámenes y los medicamentos. ¡Cuántas veces he visto a los médicos adscritos y residentes del Hospital hacer una colecta para pagarle al paciente la tomografía que necesita o el antibiótico de amplio espectro que le ha sido indicado!

Estas y otras muestras de solidaridad pocas veces son reconocidas. Suele tenderse sobre ellas el velo de la indiferencia. Como me respondió hace años un funcionario hospitalario cuando yo presidía la Sociedad Médica del Hospital Hidalgo –hoy extinta– y hacíamos colectas para dotar a los niños de los medicamentos que necesitaban: “tu problema es que haces cosas que no lucen”.

Es la misma lógica perversa que se suele encontrar cuando alguien destaca en las labores académicas o busca por superarse profesionalmente mediante cursos de posgrado. Salvo muy raras y afortunadas excepciones, ese esfuerzo de superación no recibe respaldo institucional, debe realizarse por iniciativa personal, a costa del propio recurso pecuniario y, una vez coronado, casi nunca redunda en una promoción laboral. Todo aquello que no lleva a la obtención de beneficio político –entiéndase aquí por política la maquinación para obtener y perpetuarse en el poder y sacar provecho de él– no sólo no es objeto de interés, sino que es tratado hasta con desdén.

¿Se puede vencer la poderosa influencia del centralismo, la regulación excesiva y redundante, el verticalismo, el burocratismo, el autoritarismo y la corrupción que son con mucho los rasgos predominantes en la mayor parte de las instituciones públicas de salud? Es posible, pero no es fácil ni se puede lograr con rapidez. La razón principal de esa dificultad estriba en la marcada pasividad que caracteriza a nuestra sociedad. Cuanto antes reconozcamos esta situación e implementemos las medidas para revertirla, más pronto empezaremos a ver los resultados.

A pesar del lastre que impone la pasividad de la sociedad en general, existe una oportunidad cuando la institución pública de salud tiene cierta autonomía. Por ello es tan importante contar con el mayor grado posible de autonomía respecto al entorno inmediato, en especial si éste es poco dado a un cambio de modelo de gestión institucional.

La clave está en estimular en el interior de la institución la participación de todos sus integrantes. ¿Qué significa esta participación? De acuerdo a Viniegra, “esto significaría la movilización de cada espacio institucional en la búsqueda de formas superiores de regulación, gestión y desempeño”.  Es decir, lejos de mantener las decisiones clave de la vida institucional dentro del círculo reducido de su cuerpo directivo, se trata de involucrar de una manera decidida al personal que presta directamente los servicios (médicos, enfermeras, trabajadores sociales, etc.), mismo que, en el esquema administrativo actual, se considera el menos preparado para participar en las decisiones estratégicas que atañen al presente y futuro del propio hospital.

En el nuevo modelo de gestión institucional, se considera a este personal el punto clave para lograr frenar y revertir la influencia nociva de los rasgos dominantes que ya han sido mencionados. El personal que presta directamente los servicios está expuesto a los efectos negativos de la estructura organizativa y, a la vez, conoce de primera mano las necesidades y expectativas de la población a la que atiende, es decir, se encuentra en un punto crítico de la organización.

De acuerdo a la propuesta del Dr. Viniegra, un aumento de la participación no significa un activismo exacerbado ni el incremento de las actividades para obtener más resultados en menor tiempo. Se trata de seguir un camino de conocimiento en el que todos los integrantes se cuestionan lo que hacen en la institución, cómo lo hacen, por qué lo hacen y para qué lo hacen. Se busca el cómo de la experiencia a través de un ejercicio permanente y cada vez más profundo de reflexión. Este camino distingue a la experiencia rutinaria –desprovista de reflexión– de la experiencia que a través de la reflexión adquiere un carácter cuestionador, inquisitivo y propositivo.

En el modelo actual se considera que esa reflexión es exclusiva solamente de los altos directivos, quienes disponen de información privilegiada sobre el desempeño institucional para tomar las decisiones estratégicas. Y es justamente esta división técnica del trabajo –los que dirigen y los que ejecutan– el mayor obstáculo para lograr crear ambientes que favorezcan la reflexión.

En el artículo de Leonardo Viniegra, el párrafo que me parece más importante es el siguiente:

De lo dicho puede inferirse que las exigencias de productividad y eficiencia impuestas a las instituciones públicas de salud, en ausencia de ambientes propicios para la reflexión, quizás se traducirán en mayor número de acciones, pero serán repetitivas, acartonadas, rígidas, burdas, superficiales y de escasos alcances, porque son el resultado de imposiciones y coerciones. De ahí la afirmación de que toda labor administrativa y directiva, así se allegue de los mejores medios y procedimientos técnicos, cuando se despliega en ambientes laborales adversos para la reflexión sobre la experiencia, tenderá –incluso en contra de los deseos del directivoa la verticalidad y el autoritarismo y dejará intacto el burocratismo. El más experimentado y carismático directivo poco logrará a la larga si no tiene como estrategia central de su labor, revertir el proceso de degradación del ambiente laboral de su personal.

 

Incrementar la productividad… ¿dónde he oído yo eso antes? Quisiera imaginar una convocatoria formal para participar en una serie de foros de reflexión sobre el presente y futuro de mi hospital que hoy se encuentra en un predicamento tan delicado. ¿Tendríamos algo que aportar? Yo creo que sí. Muchos anhelamos realizar en él la medicina que aprendimos, la profesión más extraordinaria de cuantas se pueden ejercer. Se acerca el momento de repensar el modelo de organización con el que hemos venido trabajando durante los últimos 109 años.

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4 thoughts on “CUESTIONANDO EL MODELO (segunda y última parte).

  1. Interesantes apreciaciones. Lamentablemente la realidad que nos rodea es otra. Ojala hubiera una rayo de esperanza en medio de tanta obscuridad porque parece que el mundo está cayendo en el absurdo total. No se si las presente generaciones les interesa implicarse enun cambio. La salud es solo la punta del gran Iceberg que tenemos que afrontar, el otro es la economia..pero todo esto esta controlado por los hilos de una generacion de politicos “aberrante ” y por lo tanto no es posible cambiar nada hasta que suceda lo que tiene que suceder, otra gran guerra o gran cambio social a nivel mundial que determine nuvas conductas a seguir…nos lo dice la historia no es una apreciación personal. saludos Dr.

    1. Estimada Isabel:
      Me considero pesimista, pero con este comentario me superas con creces. Tal vez tengas razón. Yo prefiero persistir sin esperar nada a cambio. Dejarme asimilar por el sistema sería todavía más triste. Un abrazo.

  2. ¡Hala! como dicen mis hijos, que bonito escribes,¡me encanta!. No nos desanimemos, es difícil lo que estamos viviendo, pero hay que echarle ganas, cada uno debemos de poner nuestro grano de arena, poniéndole las ganas en nuestra labor diaria, a nivel institucional u/o privado. A nivel institucional, es difícil mas no imposible, con solo cumplir lo que a cada quien nos ocupa lo podemos lograr y así transformar poco a poco lo que parece imposible. como dijo Albert Einstein y Schweitzer , “Enseñar con el ejemplo no es la mejor manera de enseñar, es la única manera de hacerlo”.
    saludos estimado maestro.

    1. ¡Qué gusto recibir tu comentario, querido Manuel! Muchas gracias por lo que expresas en él. Yo tampoco me rindo… todavía.
      Un abrazo.
      Luis.

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