EL DECLIVE Y LA DEBACLE (cuarta parte).

Supongo que el proceso de aceptación de una idea científica controvertida pasa a través de cuatro etapas: 1)es un disparate sin valor; 2)es un punto de vista interesante, pero retorcido; 3)es cierto, pero carece de importancia y, 4)yo siempre lo dije.

J.B.S. Haldane. Journal of Genetics, 1963.

La búsqueda de la inmortalidad es una ciencia extraña. Así lo considera Jonathan Weiner, autor del libro “Longevo para este mundo. La extraña ciencia de la inmortalidad” (Long for this World. The Strange Science of Immortality. HarperCollins Publishers, 2010). Y en una disciplina así, no resulta extraño encontrarse con personajes excéntricos que tiene ideas controvertidas. El propio Weiner nos describe a uno de los más destacados:

Aubrey David Nicholas Jasper de Grey nació en Londres [el 20 de abril de 1963 (lo anotado entre corchetes es mío]. Su madre era una artista bohemia de Chelsea; ella le dio ese nombre tan extraordinario y algunas de sus esperanzas increíblemente grandes (no conoció a su padre). Estudió en el Trinity College de la Universidad de Cambridge, donde aprendió a beber cerveza y a pasear en batea por el río Cam, uno de los deportes favoritos de los estudiantes de Cambridge. Después de graduarse [en ciencias de la computación] se quedó en la ciudad escribiendo códigos.

Aubrey mide casi dos metros y es delgado y pálido al estilo medieval, a pesar de tanta cerveza. Cuando está de pie, la barba le llega a una distancia de la cintura sorprendente. Cuando se sienta, se posa en su regazo.

 

En 1990, Aubrey de Grey conoció a una genetista norteamericana llamada Adelaide Carpenter, quien había ganado prestigio gracias a sus estudios sobre la división de las células sexuales en la mosca de la fruta. Acabaron casándose y fue ella quien despertó en de Grey el interés por la biología. A partir de entonces, él decidió lanzarse a la búsqueda de la inmortalidad.

Aubrey piensa –nos sigue contando Weiner– que el envejecimiento es un problema médico. Ya que todos tenemos este problema y es indefectiblemente fatal, cree que deberíamos atacarlo con el mayor ahínco posible. Está convencido de que todos nosotros nos uniremos a la búsqueda en cuanto nos demos cuenta de que no hay obstáculo técnico para la cura del envejecimiento que no pueda superarse, al menos en principio.

 

Podríamos decir que Aubrey de Grey en un biólogo teórico, un generador de ideas y teorías y que necesita de los biólogos experimentales para poder ponerlas a prueba en el laboratorio. A pesar de que la puesta en práctica de estas ideas resulta para muchos un desatino y, en el mejor de los casos, parece estar muy lejana, su vehemencia a la hora de defenderlas y la seriedad con la que se toma su cometido han logrado atraer la atención de la comunidad científica internacional.

Tras acudir en el año 2000 a Los Ángeles, California, para dar una conferencia sobre cómo agrupar todas las líneas de trabajo sobre el envejecimiento en un único programa de investigación, de Grey se exasperó al ver la falta de comunicación y colaboración entre los diferentes grupos de gerontólogos –los estudiosos del envejecimiento–, que de esta manera no lograban ponerse de acuerdo y avanzar para encontrar soluciones.

Se fue a dormir a su hotel y, debido a la diferencia de horarios entre Inglaterra y los Estados Unidos, despertó súbitamente a las cuatro de la mañana. Fue entonces cuando tuvo un rapto de inspiración. Si el envejecimiento se debía a la acumulación de desechos provenientes de las numerosas reacciones químicas –el metabolismo– que suceden todos los días en el cuerpo, ¿por qué no limpiar todos esos desechos? Le pareció que todo el problema se reducía a una simple eliminación de residuos. No era necesario comprender a fondo el metabolismo. Bastaría con limpiar la basura que deposita el metabolismo en nuestras células y tejidos. En palabras de Weiner:

Nuestros cuerpos no estaban diseñados para durar tanto como nos gustaría que durasen, así que ¿por qué no los mantenemos en buen estado, como mantendríamos un coche antiguo muy preciado, eliminando el óxido, reponiendo las piezas estropeadas y demás? También mantenemos nuestras casas. Si queremos que no tengan goteras, habremos de calafatear los alféizares y reparar el tejado cada dos años. Tenemos que repintar, replantar, volver a sembrar los jardines, limpiar las tuberías, rejuntar los ladrillos con argamasa nueva. Es mucho trabajo, desde luego, pero no hay nada misterioso ni sorprendente en ello. Si hacemos todo eso y luego lo mantenemos, la casa durará mucho tiempo. Así que, ¿por qué no hacer lo mismo con nuestro cuerpo?

 

Pensando y pensando, entre una jarra de cerveza y la siguiente de una sucesión interminable, saltando de un lado a otro para reunirse con gerontólogos de todo el mundo, de Grey fue definiendo sus ideas, las publicó en revistas científicas de prestigio y llegó a identificar lo que él llama las “Siete Cosas Mortales”, el equivalente de los siete pecados capitales en el mundo espiritual. Son los siete fenómenos ligados con el envejecimiento que deben combatirse y eliminarse para prolongar sustancialmente la duración de la vida humana.

Las “Siete Cosas Mortales”, cuyo efecto se acumula conforme pasan los años, son las siguientes:

1.-Las interconexiones que se forman en las proteínas que unen a las células, responsables de la pérdida de la elasticidad de los tejidos. El resultado puede ser la ateroesclerosis y la presbicia de las personas mayores.

2.-La incapacidad creciente que tienen las células para dividirse y la secreción de proteínas dañinas, lo que puede conducir al envejecimiento del sistema defensivo y a la diabetes.

3.-La pérdida de células que no se reponen o lo hacen muy lentamente. Así sucede en la enfermedad de Parkinson.

4.-La acumulación de desperdicios ENTRE las células, como ocurre en la enfermedad de Alzheimer.

5.-La acumulación de desperdicios DENTRO de las células, fenómeno que se observa en la degeneración de la retina (degeneración macular) y en varias enfermedades degenerativas del sistema nervioso, como la propia enfermedad de Alzheimer.

6.-Las mutaciones que sufre el material genético de las mitocondrias, esos organitos intracelulares que se encargan de la producción de energía. Las alteraciones consecutivas a estas mutaciones influyen en varios aspectos del envejecimiento.

7.-Las mutaciones del material genético contenido en el núcleo celular y de sus mecanismos regulatorios (epigenética), que son responsables del cáncer.

Para arreglar cada una de las “Siete Cosas Mortales”, Audrey diseñó una serie de planes y acciones que ha denominado “Estrategias para la Ingeniería del Envejecimiento Insignificante” (Strategies for Engineered Negligible Senescence), o SENS, por sus siglas en inglés. Lo que propone en ellas puede sonar hoy a ciencia ficción, cuando no produce temor o incluso repugnancia, pero no cabe duda que son todo un ejercicio mental asombroso y original. Creo que merece la pena que le dediquemos cierta atención en la siguiente entrega.

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