UNA DEFENSA INCOMPLETA.

La pobreza es básicamente un problema político, cuya solucion radical requiere un regreso a la justicia distributiva. ¿Por qué escribir sobre ello en una revista médica? Porque los médicos también son ciudadanos, tienen la oportunidad de observar y, tal vez, mitigar los efectos de la pobreza y deben ser, en palabras de Virchow, “los abogados naturales de los pobres”.

Douglas Andrew Kilgour Black. Journal of the Royal College of Phsyicians, 1999.

En los últimos meses hemos sido testigos en Aguascalientes de una gran inquietud social en torno a la aprobación de una iniciativa de reforma a la Constitución del Estado para “proteger la vida desde la fecundación hasta la muerte natural”. Fue presentada hace apenas unos días en el Congreso local por un diputado del Partido Revolucionario Institucional, haciendo caso omiso de las instrucciones del líder de su bancada. Al parecer, la idea general de los legisladores priístas era someter esta iniciativa a un análisis minucioso del recientemente creado Comité Estatal de Bioética, cuyos integrantes todavía no se han dado a conocer.

El interés de varios sectores sociales –en especial los más conservadores– por esta iniciativa es evidente. Se han dado ya varias acciones para ejercer presión a favor de su aprobación, como marchas multitudinarias, recolección de firmas y cabildeo con los propios diputados. En los últimos días, apareció un desplegado con el mismo propósito en los periódicos locales de mayor circulación. Lo firman 78 agrupaciones, la mayoría de filiación religiosa, aunque también hay grupos de médicos, cámaras empresariales, universidades, otros centros educativos y clubes de servicio. La principal declaración de este deplegado, que ocupa una plana entera de los periódicos, reza como sigue:

Los abajo firmantes, organismos y grupos representativos de la Sociedad de Aguascalientes, estamos convencidos de que la vida debe respetarse, sin menoscabo alguno, con la certeza de que el derecho a la vida es el principal patrimonio de toda la humanidad, que nadie puede ser discriminado de este derecho.

 

            Como médico que trabaja en un hospital público desde hace más de veinte años y como especialista en anatomía patológica, disciplina que me permite conocer de primera mano los estragos de la enfermedad en los cuerpos de quienes las padecen, soy cotidiano testigo de la vida amenazada y, no en pocas ocasiones, de la muerte que se impone a pesar los esfuerzos, muchas veces denodados, de mis colegas. Eso incluye los abortos espontáneos que ocuren con pasmosa frecuencia en más de la mitad de las fecundaciones que se dan en el seno más íntimo de las mujeres de Aguascalientes y de todo el mundo. El nacimiento de un ser humano normal es, lejos de lo que muchos creen, la excepción y no la regla.

Me intriga la gran vehemencia y las movilizaciones sociales con las que se pretende defender la vida prenatal. Me llama la atención cuando comparo esa actitud combativa con la apatía de la misma sociedad, incluyendo a buena parte de los “defensores de la vida”, hacia los que, una vez nacidos, viven en condiciones de pobreza, con grandes estrecheces materiales y escasas luces intelectuales, forzados usuarios de un sistema de salud que hace mucho que ha sido rebasado.

Son precisamente los que acuden al Hospital Miguel Hidalgo quienes sufren aquello que en la década de los setenta del siglo pasado el doctor Alejandro Celis llamó primero “la patología de la miseria” y, después, “la patología de la pobreza”. Respecto a ese cambio de nombre, vale la pena leer lo que relatan Fernando de Alba Quintanilla y Carlos A. de Alba Guevara en su artículo “Los trabajos radiológicos del Dr. Alejandro Celis” (Anales de Radiología de México 2010; 3: 154-159):

En 1971, tres meses antes de morir, el Dr. Celis recibió una invitación para pronunciar el discurso oficial en una ceremonia a la que iba a acudir el Presidente de la República. Su intención era dar lectura a la monografía: “Patología de la miseria”, un trabajo que había sido producto de una revisión exhaustiva de los reportes patológicos, protocolos de autopsias, certificados de defunción y encuestas socioeconómicas en un gran número de pacientes del Hospital General de México, en donde demostraba que existe un contraste marcado en la patología y los pobres padecen enfermedades distintas a las de grupos económicamente más favorecidos. Los asesores de la Presidencia de la Republica, al enterarse del título de la conferencia, rápidamente abordaron al Dr. Celis sugiriéndole que lo modificara, argumentando que éste no era compatible con la realidad de México ya que, “… en México no hay miseria… es posible que exista pobreza en algunos sectores minoritarios, pero la miseria… ¡se acabó!”. Como el Dr. Celis era una persona conciliadora aceptó modificar el título.

 

No deja de sorprender el desconocimiento de la realidad que tienen algunos gobernantes por la forma en la que sus más íntimos colaboradores tergiversan, cuando no ocultan, la información que les dan a conocer.

Parece que a un porcentaje significativo de los aguascalentenses les preocupa hasta la indignación la integridad vital del embrión o del feto que se desarrolla en el vientre materno, por encima incluso de la situación personal de la madre que lo está gestando. Sin embargo, no parece inquietarles en lo más mínimo la peligrosa saturación y la carencia de condiciones adecuadas que desde hace años prevalecen en los hospitales públicos de la entidad.

Ahí donde debiera defenderse con el mismo ardor la vida amenazada, no se escucha más que el lamento de los enfermos, el trajinar de los médicos abrumados o el llanto de quienes ven sufrir o han perdido ya a su ser querido. Sobre esa tragedia cotidiana, esa “guerra de baja intensidad” que libramos todos los días en los hospitales públicos y que mata de uno en uno, el resto de la “gente buena” mira hacia otro lado y tiende el velo piadoso de la indiferencia.

Se practica una doble moral que permite medir con dos varas distintas a los seres que todavía no nacen, por los que nos desgarramos las vestiduras cuando se habla del aborto, y a los que, ya nacidos, siendo pobres y desconocidos, dejan de ocupar nuestro interés. Si los accidentes o las enfermedades amenazan su vida y no hay espacio, ni personal suficiente, ni instrumentos o técnicas con qué atenderlos en las condiciones óptimas que hoy exigen la medicina y la salud pública, eso ya no es cosa nuestra. Que se las apañen como puedan. Al fin que, aunque nos duela reconocerlo, en este país abundan los ciudadanos desechables. En el último censo rondaban los 52 millones.

Tal vez sea cosa de esa cercanía geográfica e histórica con aquel Guanajuato conservador que tan bien supo describir Carlos Fuentes en su famosa novela “Las buenas conciencias” (Alfaguara, 1959), que en Aguascalientes somos como somos:

Así, el guanajuatense es un mocho calificado. Un mocho laico (como todos los eficaces) capaz de servir a la iglesia más oportuna y que, en su concepto, garantice la mejor administración práctica de la “voluntad general” teórica… Lo que en los michoacanos es seriedad rayana en lo solemne, en los guanajuatenses se deja atenuar por el sentido de la conveniencia y de la ironía… Lo que en el capitalino, en fin, es afirmación o reticencia, en el guanajuatense es puro compromiso.

El mismo entusiasmo, decisión y recursos con los que se planean las grandes bodas, las fiestas deslumbrantes de los quince años primaverales, los grandes viajes y las manifestaciones desbordantes del fervor popular, lo quisiera ver yo para exigir con respeto, no exento de contundencia, la ampliación de la estructura hospitalaria, la modernización de la práctica y la enseñanza de la medicina, la terminación de las obras inconclusas y el cabal cuplimiento de los compromisos pendientes. Ojalá y la tan esperada visita del Primer Mandatario nos traiga la buena nueva que algunos médicos de Aguascalientes esperamos desde hace tanto tiempo.

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4 thoughts on “UNA DEFENSA INCOMPLETA.

  1. Estimado Luis: Totalmente de acuerdo contigo.
    Citando a Leonardo Viniegra “Cuidar de la salud, es sólo un componente de algo superior: cuidar de la vida. ¿Qué sentido tiene el cuidado de la salud si pasa por alto el cuidado de la vida?”.

    En este caso se cuida la vida de los que van a nacer, pero una vez que nacen ¡no cuidamos de su salud y por lo tanto de su vida!. ¿Qué nos mueve como sociedad a cuidar la vida prenatal, al grado de hacerlo a través de la constitución? sí una vez que nacen, !los dejamos abandonados a su suerte! en una sociedad poco incluyente, desigual, injusta e indiferente al sufrimiento humano.
    No tengo ahora la respuesta, sé que está dentro de la naturaleza humana, la cual habrá que explorar para encontrarla.
    Creo que sería un buen principio que los médicos, dentro de nuestra responsabilidad ciudadana, hiciéramos ver a la sociedad, en este caso a través de sus representantes (llámense diputados o senadores) que el derecho a la vida no es exclusivo de los que aún no han nacido, sino que una vez que lo hacen, se prolonga a través de todas las etapas de su vida, y que para que este mandato constitucional, que el estado esta obligado a cumplir, se requiere un sistema de salud que realmente cubra todas las necesidades de los mexicanos de manera integral, proporcionando los medios necesarios para tal fin, de acuerdo al desarrollo científico, tecnológico y social de la medicina actual.
    El instrumento para ello tendrían que ser los Colegios Estatales de la Profesión Médica y la Federación Nacional de Colegios, apoyados incondicionalmente por sus afiliados, creo que es un trabajo arduo y de tiempo completo, pero se tiene que hacer.

  2. Estimado Roberto:
    Gracias por tus palabras que son para mí un respaldo muy importante en esta lucha contra la injusticia prevaleciente.
    Luis.

  3. Estimado Dr Muñóz: Esa realidad de falta de recursos que mata es “natural” para mucha gente sobre todo a los “beneficiados”.que son de diferentes sistemas de creencias
    Sociedad donde cada uno se acomoda y salvese el que pueda, de las consecuencias ya veremos, con un Indice Gini (de desigualdad) tremendo.
    en todo México Gusto de saludarle y Felicidades que llevó a cabo el proyecto de su libro ¡Felicidades¡ y Saludos a su Distinguida Esposa Lucila
    CP José de Jesús Venegas
    virm09@hotmail.com

    1. Estimado Contador Venegas:
      Me dio mucho gusto recibir su comentario con el que, como es costumbre, estoy de acuerdo. Le daré sus saludos a mi esposa y muchas gracias por lo que comenta de mi libro. Le mando un abrazo.
      Luis.

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