LOS QUE EMERGEN DE LOS SÓTANOS.

Patólogos, personas obedientes y sumisas que trabajan en los sótanos.

Renato Baserga. Pathologists: Servants or Colleagues? The New England Journal of Medicine, 1973.

            Escribo estas líneas durante un atardecer de tonos rojizos y dorados en la Bahía de San Carlos, Nuevo Guaymas, Sonora. Mis muy queridos amigos y colegas sonorenses, los doctores Jorge Platt García y Jorge Ernesto Valdez García me han invitado a que imparta un par de conferencias en la Reunión Académica 2013 del Grupo de Patólogos del Noroeste.

Ha sido un enorme placer compartir con ellos, sus distinguidas esposas y un grupo de patólogos de los estados vecinos de Chihuahua, las Bajas Californias y Sinaloa este fin de semana en el que las actividades académicas se han sucedido en la mañana y la gratísima convivencia ha transcurrido plácidamente durante la tarde.

La doctora Raquel Garza Guajardo, patóloga destacada del Hospital Universitario “Dr. José Eleuterio González” de la Universidad Autónoma de Nuevo León, ha tratado en varias conferencias tópicos de interés sobre la patología mamaria, dada la gran actualidad e importancia que tiene el cáncer de esta glándula, que ocupa hoy el primer lugar de los tumores malignos del sexo femenino. Empiezan a dejarse atrás aquellos largos años en los que el cáncer del cuello uterino dominaba ampliamente el panorama de la oncología de las mujeres mexicanas.

A mi me ha tocado exponer los conceptos básicos de la biología molecular para el trabajo cotidiano del patólogo y hacer una reflexión del lugar que debemos ocupar en esta nueva era de nuestra profesión que recibe el nombre de “medicina personalizada”. Desde que inicié la maestría en las bases moleculares del cáncer –que terminé hace poco más de un año–, tema que constituye la avanzada del conocimiento en mi especialidad, ésta es ya la quinta ocasión que se me invita a hablar de ello frente a los colegas patólogos.

Como punto de arranque de mi intervención en esta reunión académica, seleccioné una editorial que el doctor Eduardo López Corella escribió en Patología. Revista Latinoamericana el año de 1991, misma que me fue enviada –yo la había extraviado varios años atrás– por su autor, un muy estimado y admirado colega que fue profesor mío cuando aprendí las bases de la patología pediátrica en el Departamento de Patología del Instituto Nacional de Pediatría que él sigue encabezando hasta la fecha.

La editorial se titula “El patólogo como guardián del tesoro” y en ella se plasma una reflexión que hoy más que nunca tiene gran valor para quienes ejercemos la patología en estos tiempos en los que los conocimientos de la biología molecular están irrumpiendo y modificando varias ramas del saber científico, incluyendo, desde luego, la medicina.

Lo primero que expone el doctor López Corella es la forma artesanal en la que los médicos anatomopatólogos hemos trabajado durante muchísimos años, haciendo uso sin grandes modificaciones de técnicas inventadas en el siglo XIX o incluso antes, mientras que otros colegas, señaladamente los patólogos clínicos, han dado grandes saltos tecnológicos, automatizando buena parte de las técnicas que utilizan, o los radiólogos que, revolucionando sus instrumentos, han cambiado hasta de nombre, para denominarse ahora imagenólogos.

Con el buen humor y la fina ironía que le son tan característicos, el doctor López Corella nos dice lo siguiente:

            Y cuando nuestros colegas clínicos sepultaban sus errores, nosotros los impregnábamos en parafina y allí quedaban para resurgir y delatarnos años después…

… Este quehacer artesanal imprimió sello imborrable en el temperamento del patólogo. Lo hizo obsesivo y ensimismado. La exposición al formol lo hizo calmado y tranquilo y de modestas miras…

… Y nos hicimos apocados y sumisos, aceptamos trabajar en sótanos como cita Renato Baserga…

… Y, de repente, nos dimos cuenta que ese cerro de parafina en el que estábamos sentados era un tesoro.

 

El “cerro de parafina” al que se refiere el doctor López Corella son los cientos o miles de bloques de cera en los que están embebidas las muestras que nosotros estudiamos con el microscopio y que conservamos celosamente en nuestros archivos. ¿Por qué los llama un tesoro? La razón es muy simple. Esos tejidos humanos contienen información genética y genómica de enorme valor para el estudio actual de las enfermedades, en especial el cáncer. Información a la que podemos acceder gracias a las nuevas técnicas que, provenientes de la biología molecular, se aplican hoy con gran provecho en los laboratorios de patología más avanzados.

Si el investigador Marcelino Cereijido nos dice que “ciencia sin seso, locura doble”, lo mismo podemos nosotros decir de la implementación de estas ténicas novedosas en la práctica cotidiana de la anatomía patológica. Lo primero que debemos hacer los patólogos es interesarnos por el estado actual de nuestra disciplina y enterarnos de las nuevas tendencias que, lo aceptemos o no, están modificando sustancialmente su evolución y práctica.

Esto viene sucediendo desde hace ya varios años en los países más desarrollados. En el nuestro, con el retraso científico que nos ha caracterizado hasta hoy, las cosas van mucho más despacio. Para eso fui invitado a esta reunión del Grupo de Patólogos del Noroeste, para compartir esta inquietud por estar al día y acercanos sin temor a un campo del conocimiento que, hasta hace poco, nos era ajeno.

La complejidad de la biología molecular y de las técnicas que se utilizan en su práctica infunden cierto temor en los patólogos, especialmente en aquellos que ya llevamos algunas décadas ejerciendo la profesión, pero debemos estudiarlas y auxiliarnos de quienes las desarrollan con seriedad para que podamos aplicarlas como interesantes y útiles auxiliares en nuestros propios análisis e interpretaciones. Estamos obligados a formar parte e incluso a encabezar equipos multidisciplinarios que, además de nosotros, incluyan a quienes dominan con soltura la ejecución de estas técnicas. Nuestro conocimiento como médicos nos permite ubicarlas en el lugar que les corresponde y dar su justo valor a la información que se obtiene con estos estudios. Como nos dice el doctor López Corella:

Y que ese cerro de parafina tiene tejidos a los que podemos ver nuevamente por primera vez. Verdaderamente revisarlos… Nosotros verdaderamente revisamos a nuestros pacientes. Volvemos a ver el tejido y lo volvemos a interrogar… Y con estos nuevos recursos tecnológicos que debemos incorporar a nuestro oficio podemos dar mejor complemento a la petición de Ruy Pérez Tamayo, la de HACER PREGUNTAS, y acatar asimismo la petición de nuestros pacientes, la de PRODUCIR RESPUESTAS.

 

            ¿Cómo nos concebiremos los patólogos a partir de ahora? El doctor Eric E. Walk nos ofrece una propuesta en su artículo “El papel de los patólogos en la era de la medicina personalizada” (Archives of Pathology and Laboratory Medicine, abril de 2009). Los patólogos debemos convertirnos en integradores de los datos clínicos, los estudios tradicionales de laboratorio y del gabinete de imagenología, nuestros análisis microscópicos y la información proveniente de las técnicas de biología molecular, para poder definir el diagnóstico y el pronóstico de la enfermedad y predecir la respuesta a los nuevos tratamientos que se están desarrollando en la actualidad.

Debemos ya emerger de los sótanos en donde hemos permanecido confinados de manera voluntaria por décadas. Ponernos a un lado de nuestros colegas clínicos y cirujanos, es decir, junto a los enfermos, como elementos de integración indispensables para que, juntos, logremos ofrecer una atención médica de la mejor calidad.

Estas son las reflexiones que compartí en este bello lugar del estado de Sonora.

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4 thoughts on “LOS QUE EMERGEN DE LOS SÓTANOS.

  1. Ojalá entonces, no sólo los patólogos, sino los otros mencionados especialistas, pudiesen encontrar en su quehacer la sencillez y solidaridad que se requiere para poder entablar una charla amena entre ellos, y así, quizá tomando un café en un lugar agradable que no sea el sótano, con sus residentes al lado -que toman café también- encontrar solución a los problemas clínicos de los pacientes. Acá parece a veces que es tan difícil comunicarse entre colegas!

    1. Es difícil pero creo que vale la pena intentarlo. Yo lo he experimentado y siento que es la mejor manera de servir a los pacientes y de aprender todos juntos.
      Gracias por el comentario.

  2. Que tal, estoy a punto de sustentar el ENARM y me encuentro en una encrucijada, desde antes de entrar a la universidad ya sabía que quería ser anatomopatologo, pero en el transcurso de la carrera mis profesores no hacían otra cosa más que desanimarme y los pocos patólogos que me dieron clases solo me confundieron más, por otro lado en el hospital donde hice el internado no tenía servicio d anatomía patológica. Mis preguntas son las siguientes: como es un día normal en la residencia?, se hacen guardias?, como se distribuye el plan de estudios durante los 3 años?, como esta la oferta laboral al terminar?, se hacen autopsias todavía?, que hospital es más rentable para hacer la residencia?, que debo buscar en un hospital para hacer la residencia?, existen su especialidades?

    1. Apreciado Eladio:
      Gracias por tu comentario-interrogatorio. No sé en qué universidad estudiaste la carrera de medicina y en qué hospital hiciste el internado, pero lamento que no recibieses la orientación que andabas buscando. Mira, la patología (anatomía patológica es su nombre oficial, aunque le queda ya un tanto corto) es desde hace ya muchos años una especialidad médica enfocada a la atención de los pacientes vivos, de modo que la mayor arte del tiempo se ocupa en el estudio de las biopsias y piezas quirúrgicas y las muestras de citología. Ese estudio implica, según el caso, el conocimiento de los datos clínicos, el análisis macroscópico, microscópico y la identificación molecular mediante inmunohistoquímica, inmunofluorescencia y diversas técnicas de la biología molecular. La autopsia (me refiero a la autopsia médica, no a la médico-legal), aunque se practica cada vez menos en todo el mundo, es un ejercicio exhaustivo de análisis e integración, una reconstrucción de la enfermedad a través del estudio del cadáver, muy útil en la formación del patólogo y una herramienta hasta hoy insustituible para todo tipo de médicos. Aunque cada departamento de patología tiene su propia agenda particular de trabajo, un día normal de la residencia puede empezar con la preparación y presentación de sesiones con otros departamentos del hospital y seguir con la realización de estudios transoperatorios, autopsias, asistencia a sesiones intra o interdepartamentales y la inclusión (preparación) de las biopsias y piezas quirúrgicas que son enviadas para su estudio. Lejos de lo que se suele decir, el trabajo es incesante. También se hacen guardias, en especial si en el hospital se hacen autopsias. Aunque no es una regla absoluta, yo te sugiero que selecciones un hospital público de buen nivel para hacer la residencia. Entre ellos, yo destacaría el Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán (que fue donde yo hice la residencia), el Hospital General de México, el Hospital General del Centro Médico Nacional Siglo XXI, el Hospital General Manuel Gea González, el Hospital Universitario de Monterrey, el Nuevo Hospital Civil de Guadalajara, etc. Debes asegurarte que en donde vayas a hacer la residencia, además de las técnicas de rutina, se realicen con frecuencia estudios de inmunohistoquímica y que se hagan también las técnicas de biología molecular aplicadas al diagnóstico. Intentaré enviarte a tu correo un artículo que me me publicaron en la Revista Patología hace cosa de cinco años donde ofrezco algunos consejos a los residentes de patología. Espero que esta información te sea útil.
      Te mando un abrazo y quedo a tus órdenes.
      Luis Muñoz Fernández.

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