UNA VISITA INOLVIDABLE.

Para el doctor Fausto Rodríguez, patólogo del Hopkins y amigo generoso.

Los indigentes enfermos de esta ciudad y de sus alrededores, sin importar su sexo, edad o color, que necesiten tratamiento quirúrgico o médico… y los pobres golpeados por alguna desgracia, deben ser atendidos sin costo en este hospital… también se recibirá a un número limitado de pacientes que paguen el cuarto y la atención que lleguen a requerir.
Johns Hopkins. Instrucciones de su testamento, 10 de marzo de 1873.

Se cumplió el sueño largamente anhelado. Habiendo leído, escrito y hablado en numerosas ocasiones sobre el Hospital Johns Hopkins y los personajes que lo fundaron, el pasado miércoles 6 de marzo de este 2013 tuve la dicha de visitar esa gran institución. Me acompañaron en la visita varios colegas mexicanos, argentinos y hasta el doctor Roberto Miranda, un hematopatólogo peruano que hace ya más de 20 años vive en los Estados Unidos y trabaja en el también afamado Hospital MD Anderson de Houston, Texas, una de las mecas de la oncología en todo el mundo.
El doctor Fausto Rodríguez, notable neuropatólogo y parte del equipo de médicos del Hopkins, fue nuestro guía. Se presentó a la hora convenida en el hotel para recogernos y llevarnos al Hospital. Caminando por el puente que une el estacionamiento con la entrada actual, a cubierto de la lluvía pertinaz y del gélido viento que azotan a Baltimore en estos días, empezamos a escuchar lo que nos iba contando el doctor Rodríguez sobre los diversos edificios que conforman el imponente complejo hospitalario. Y así empezó el asombroso deleite que nos hipnotizó por más de tres horas.
Nos enteramos de los cuantiosos donativos que han permitido el crecimiento asombroso de varias áreas, legado de hombres muy ricos que, para corresponder a lo recibido del Hospital, financiaron la construcción y puesta en marcha de impresionantes edificios que pudimos ver con admiración infinita. Uno de ellos es el Centro Infantil Charlotte R. Bloomberg, erigido en honor de la madre del próspero empresario y alcalde de Nueva York Michael Rubens Bloomberg. Otra edificación de este origen es la Torre Sheik Zayed Bin-Sultán Al Nahayan, quien fuera el primer presidente de los Emiratos Árabes Unidos. Todo resultado de esa cultura filántrópica que tan espléndidos frutos rinde en aquel país y que tan poco vemos en México.
Nos dirigimos al Departamento de Patología, un lugar totalmente familiar para nosotros excepto por un detalle: allí no huele ni una pizca a formol. Boquiabiertos, comprobamos su actividad ingente, tanto asistencial, como educativa y de investigación. Por debajo de los 50 quirófanos en los que se opera todo lo imaginable –incluyendo la práctica de la cirugía robotizada–, una centena de patólogos, más los fellows, residentes, internos y estudiantes, desahogan un trabajo inagotable diagnosticando un promedio de 80 mil biopsias y piezas quirúrgicas al año. En la parte administrativa, varias secretarias diligentes registraban los casos para su estudio, a la par que en una oficina contigua decenas de patólogos diagnosticaban absortos en sus microscopios. Hasta tuvimos la oportunidad de atestiguar un estudio transoperatorio de un tumor cerebral, reconocido como una metástasis por el propio doctor Rodríguez, nuestro anfitrion y guía.
En un recorrido retrospectivo, empezamos a viajar primero al pasado reciente y, poco a poco, a las épocas fundacionales del Hospital Johns Hopkins. Conocimos “The Old Pathological”, el viejo edificio del Departamento de Patología, en cuyas paredes se honran las contribuciones científicas de los patólogos más destacados del Hopkins. Incluso pudimos contemplar la foto en donde el patólogo fundador y decano de la Facultad de Medicina, el doctor William Henry Welch, aparece sentado entre los residentes de la primera generación de patólogos egresada en 1897. También pudimos contemplar extasiados una pared tapizada de las primeras páginas de los artículos de investigación más importantes producidos por los médicos del Departamento de Patología, tanto aquellos que por su relevancia han sido citados un mínimo de 500 veces en la literatura médica internacional (destacados en placas doradas), como los mencionados al menos 250 veces. A la sala de autopsias no nos permitieron entrar. Se escuchaba en ese momento el ruido de la sierra eléctrica al cortar la bóveda craneana de un cadáver.
Uno de mis objetivos era contemplar el cuadro “Los cuatro doctores” (Welch, Osler, Halsted y Kelly, fundadores de la Escuela de Medicina y del Hospital Johns Hopkins), que se exhibe en la Biblioteca Médica Welch, sede del Instituto de Historia de la Medicina. Lamentablemente, los rigores climáticos la mantenían cerrada, de modo que no pudimos pasar. No me pesó, en especial cuando el doctor Fausto Rodríguez me ofreció para una ocasión futura la oportunidad de hacer una investigación histórica en aquel sagrado depósito del devenir histórico de la medicina norteamericana y mundial.
Tras visitar una pequeña sala con los cuadros de los grandes cirujanos del Hopkins, incluyendo a Alfred Blalock y su extraordinario ayudante Vivien Thomas y discurrir por un amplio pasillo adornado con fotos y textos de los hechos históricos y los grandes personajes de aquella institución, llegamos por fin a la parte más antigua del Hospital. Se trata del Edificio Administrativo Billings, nombrado así en honor al cirujano militar John Shaw Billings, responsable de su diseño original, antiguo inspector médico del Ejército del Potomac durante la Guerra Civil Norteamericana, inventor del Index Medicus (catálogo de publicaciones médicas que muchos de nosotros usamos antes de la invención de las actuales bases electrónicas de datos) y, además, creador del Museo y Biblioteca Médica del Ejército, embrión de la actual y muy famosa Biblioteca Nacional de Medicina ubicada en Bethesda, Maryland, asentada en los amplios terranos ajardinados de los Institutos Nacionales de Salud.
El Edificio Administrativo Billings es el sello distintivo del Hopkins, con el tono rojizo de sus ladrillos y la famosa cúpula central cubierta de pizarra gris, con una afilada aguja que apunta al cielo. Bajo la bóveda, en el vestíbulo del Billings, destaca una estatua imponente de Jesús, copia de la original realizada en 1820 por el escultor danés Bertel Thorvaldsen. La del Hopkins fue tallada en un solo bloque de mármol de Carrara y se conoce como “El Cristo del Consuelo”. Recibe a los enfermos y visitantes con los brazos abiertos y en su pedestal se puede leer “Vengan a mí todos los que están fatigados y llevan una carga pesada, que les daré reposo”. Ya de regreso, pensando en el infinito dolor y agobio que tanto abundan en el mundo, no pude evitar que mis ojos se humedeciesen y mi garganta se cerrase al recordar el alivio que emanaba de aquella monumental figura.
En junio de 2010, escribí “De pie frente a la oportunidad”, artículo en donde repasé la historia de la creación de la Facultad de Medicina y del Hospital Johns Hopkins. En aquel artículo expuse lo siguiente:

El Hospital y la Facultad de Medicina Johns Hopkins son las instituciones fundadoras de la medicina norteamericana moderna. Allí tuvieron origen tradiciones actuales de la práctica y de la enseñanza de la medicina como las guardias, los residentes y los médicos de base. También en ellas nacieron especialidades médicas y quirúrgicas como la neurocirugía, la urología, la endocrinología, la pediatría, la cirugía cardiovascular y la siquiatría infantil.
El Hospital Johns Hopkins está clasificado entre los mejores del mundo. Ha sido considerado el mejor de los Estados Unidos durante 19 años consecutivos, incluyendo el 2009. Fue allí donde William S. Halsted creó la primera residencia en cirugía de Norteamérica y su Departamento de Radiología –el Departamento de Radiología y Ciencias Radiológicas Russell H. Morgan– es considerado el mejor de los departamentos intrahospitalarios de radiología de aquel país.

Gracias al doctor Fausto Rodríguez, un grupo de patólogos inquietos pudimos conocer uno de los templos más venerados de la medicina moderna. Ni como pagarle.

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6 thoughts on “UNA VISITA INOLVIDABLE.

    1. Estimado Saúl:
      Muchas gracias por tu comentario que, en realidad, me abruma. Por otro lado, me estimulas para ir avanzando en este camino de compartir experiencias e ideas a través de la escritura.
      Te mando un abrazo.

  1. Estimado Luis:
    Sigo aprendiendo tremendamente de leer y releer tus ensayos de la historia de la medicina, y esta visita al Johns Hopkins la haz enriquecido con los hechos historicos que mencionas viven en esa institucion, que continua como lider en el mundo de la ciencia y la medicina. Mientras tanto, con otros colegas argentinos y mejicanos, nos preguntabamos: porque no ocurre esto en Argentina, Mejico o en el Peru? Que nos falta para ver estas manifestaciones supremas del espiritu o del conocimiento en nuestros paises?

    Un abrazo afectuoso,
    Roberto Miranda

    1. Estimado Roberto:
      Gracias por tu comentario. En nuestros países, por desgracia, la manifestaciones supremas del espíritu y del conocimiento se ven seriamente contrarrestadas por la mezquindad, codicia, insolidaridad e ignorancia que nos agobian.
      Te mando un abrazo.

  2. Estimado Luis:Gracias por invitarnos a conocer el John Hopkins en tu visita, la verdad que muy ameno relato, gracias. Dr Jorge Platt G.

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