EL TORO Y LOS DOS FILÓSOFOS (tercera parte).

Ni me preocupo por rebatir la evidencia del terrible dolor que sufre cualquier animal, cuya sensibilidad nerviosa es compleja y está plenamente desarrollada. Un toro llega a sentir, incluso, el cosquilleo de una mosca en su cola, ¡qué sentirá cuando le clavan banderillas en el lomo, le hunden una lanza hasta el pulmón, para desangrarlo lentamente y sacarle fuerzas, le gritan energúmenos que disfrutan con su dolor, y lo abandonan a su suerte de víctima para el sacrificio! Sentirá lo que cualquier ser vivo, la crueldad extrema de la tortura y el zarpazo de la agonía final. Quizás, también para un toro, como para cualquier ser torturado, la muerte es finalmente el descanso. En la arena, su dolor solitario. En la grada, la feliz alegría de la jauría humana.

Pilar Rahola. Toros dolor y rabia. La Vanguardia, 4 de junio de 2008.

Para introducir la personalidad de Jeús Mosterín, me permito transcribir el inicio de la página electrónica que sobre su vida y obra se puede consultar en la tan gustada Wikipedia:

Jesús Mosterín nació en Bilbao en 1941. Estudió en España, Alemania y Estados Unidos. Obtuvo la cátedra de Lógica y Filosofía de la Ciencia en la Universidad de Barcelona. Desde 1996 es Profesor de Investigación del Instituto de Filosofía del Consejo Superior de Investigaciones Científicas. Es miembro del Center for Philosophy of Science de Pittsburgh, miembro de la Academia Europea de Londres, del Institut International de Philosophie de París y de la International Academy of Philosophy of Science. Introdujo en España la filosofía analítica, corriente de pensamiento del siglo XX caracterizada por el estudio del lenguaje con la pretensión de resolver los problemas filosóficos mediante el análisis de los términos que intervienen en su formulación y de eliminar las ambigüedades en la ciencia y la filosofía. También ha tenido un papel esencial en la introducción y desarrollo de la lógica matemática y la filosofía de la ciencia en España y América Latina. Además de sus actividades académicas, ha desempeñado funciones editoriales en varios países, sobre todo en los grupos Salvat y Hachette. También se ha involucrado en la protección de la naturaleza y la defensa de los animales.

Conocí la obra de divulgación de Jesús Mosterín tiempo atrás, cuando leí “La naturaleza humana” (Espasa Calpe, 2006), un libro verdaderamente extraordinario, en el que me sorprendió el conocimiento profundo que tiene un filósofo como Mosterín de los aspectos más actuales de la biología, incluyendo los recientes descubrimientos derivados del estudio del genoma humano. Debí haberlo adivinado, pues Jesús Mosterín fue un estrecho colaborador y amigo del Félix Rodríguez de la Fuente, el héroe científico de mi infancia, a quien llamé en estas mismas páginas “El naturalista sin par”.

El libro que ha escrito por Jesús Mosterín sobre la fiesta de los toros se titula “A favor de los toros” (Editorial Laetoli, 2010). Lejos de lo que el título del libro pudiese sugerir, Mosterín se opone frontalmente a las corridas de toros y fue uno de los científicos consultados por el Parlament de Cataluña cuando finalmente decidió prohibirlas en toda la región catalana a partir de enero de 2012.

Jesús Mosterín es un intelectual muy sólido y, a la vez,  no tiene pelos en la lengua para expresar con vehemencia y de manera pública lo que piensa. La combinación de su solidez académica con el ejercicio pleno de la libertad de expresión, incluso cuando sus opiniones van en contra de la mayoría, lo convierten en un ejemplar poco común, sobre todo en nuestro medio, en el que no es difícil encontrar eruditos obsequiosos al servicio del poder en turno. Para darse cuenta, basta leer lo que dice Mosterín en el primer párrafo de la introducción:

Este es un libro monográfico sobre los toros y a favor de los toros. Me gustaría que no hubiese hecho falta escribirlo, pero desgraciadamente ha hecho falta. Aquí está. Espero que sirva para algo, al menos para elevar el nivel de conciencia e información sobre estos animales y sobre su vil maltrato, así como para romper el muro de sofismas, falsedades y mitos que la caverna taurina ha ido tejiendo en torno a este negocio de la crueldad.

Dedica el primer capítulo a la biología de los toros. Después de las extensas consideraciones taxonómicas, nos ilustra sobre los trabajos del controvertido neurólogo español José Manuel Rodríguez, que colaboró con la CIA en experimentos de control mental, descubrió los centros del placer y del dolor en el cerebro –concretamente en el llamado sistema límbico– y demostró que en los toros y la mayor parte de los mamíferos estos centros nerviosos son muy similares a los del ser humano. El toro sufre prácticamente igual que lo hacemos nosotros. Como dato adicional de interés, señala que el genoma vacuno (de la vaca y el toro) fue descifrado en 2009, se organiza en 30 pares cromosomas –el humano tiene 23 pares– y contiene unos 22 mil genes, más o menos como el nuestro. Toros y humanos nos parecemos más de lo que suponemos.

Respecto a la supuesta bravura de los toros de lidia, Jesús Mosterín la considera uno de los mitos que deben ser eliminados del imaginario colectivo. Como el resto de los rumiantes, los toros de lidia son animales proclives a huir frente al peligro, les gusta engullir con rapidez su comida, para retirarse enseguida a un lugar seguro en donde pueden regurgitarla y rumiarla. Nos dice que, una vez acorralados, los toros bravos se defienden antes a coces que a cornadas:

Los cuernos de los bóvidos no son armas para defenderse de los predadores, sino instrumentos para llevar a cabo los combates rituales entre machos de la misma especie por las hembras, el territorio o el rango en la jerarquía social dentro de la manada.

Habiendo escrito todo un tratado sobre la cultura (La cultura humana, Espasa Calpe, 2009), también hace una descripción y análisis de lo que llama “la cultura de la crueldad” y aclara desde las primeras líneas que la palabra cultura se emplea frecuentemente como si solo abarcase cosas buenas, deseables o admirables, cuando no es así:

Nada más lejos de la realidad. Cultura es toda la información transmitida por aprendizaje social, y estos incluye ideas y costumbres de todo tipo…

… De hecho, hay toda una teratología cultural, todo un catálogo de monstruosidades de la cultura: deformaciones craneales, mutilaciones corporales, escarificaciones de la piel y tatuajes, anillos incrustados, pies estrujados, cilicios, ablaciones del clítoris, adicciones al opio y al tabaco, borracheras, prejuicios y supersticiones de todo tipo, espectáculos crueles, guerras, guerrillas y terrorismos diversos…

En relación a la crueldad, nos dice:

Del término latino ‘cruor’ (sangre derramada), procede ‘crudelis’ (cruel o sanguinario), el que hiere hasta verter sangre o el que se complace viendo cómo brota sangre de las heridas…

… La crueldad activa consiste en el maltrato doloroso e intencional de una criatura sensible, produciendo, alargando e incrementando su dolor sin necesidad alguna. Este aumento deliberado e innecesario de la víctima es la esencia de la crueldad. La crueldad pasiva es la indiferencia ante el sufrimiento ajeno y, sobre todo, el goce positivo en la contemplación del sufrimiento infligido a la víctima.

Jesús Mosterín utiliza como punto de partida la cultura de la crueldad para rebatir uno de los argumentos más utilizados por los defensores y grandes aficionados a la fiesta brava: que se trata de una tradición secular muy arraigada. El que lo sea no significa que debamos seguir aceptándola y fomentándola sin más. Para demostrar que no todas las tradiciones son dignas de ser conservadas, difundidas y defendidas, pone como ejemplo una tradición igualmente secular que se practica en varios países, principalmente africanos y asiáticos: la ablación o extirpación del clítoris en las adolescentes. Es sus países de origen es una tradición muy arraigada, sin embargo, a todos nos resulta inaceptable, la consideramos una forma de violencia sexual y está prohibida en el mundo occidental. Mosterín aclara que con este ejemplo no está equiparando a las mujeres con los toros. Lo que desea enfatizar es que las dos prácticas –la tauromaquia y la ablación del clítoris– tienen en común el ser tradiciones. A pesar de ello, en nuestras sociedades la práctica de la ablación del clítoris está completamente prohibida por la ley.

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2 thoughts on “EL TORO Y LOS DOS FILÓSOFOS (tercera parte).

  1. Estimado Luis:

    Me he vuelto un seguidor de tus escritos, y de la pasion y cuidado con que presentas tus escritos filosoficos. Resulta que ahora me absorbiste en el tema de las corridas de toros. Respecto a la discusion de los toros, me adhiero al grupo de los que defienden el respeto a los toros, no solo por el sufrimiento innecesario inflijido a los animales, sino por el sufrimiento de los que asisten arrastrados a ver ese espectaculo. Mi abuelo me llevo a algunas “corridas de toros” en mi infancia, y mi recuerdo es de angustia interminable, no solo por el sufrimiento del ensangrentado, sino por las “corneadas” que sufrian los banderilleros y los toreros… recuerdo era mas que nada un espectaculo donde “la sociedad” vestia de luces, y aparecian en al primera plana de “La industria” del Trujillo de mi infancia …

    Recibe un abrazo afectuoso,

    Roberto Miranda

    1. Estimado Roberto:
      Muchas gracias por tus amables palabras. Yo no soy un experto en el tema y, al igual que tú, creo que se puede prescindir de las corridas de toros, con todo y que sean una tradición muy arraigada en algunos países y haya en ellas expresiones artísticas y lecciones sobre la vida y la muerte. En esta serie que estoy escribiendo y que concluirá el próximo fin de semana, he procurado ser equilibrado y dar espacio para la exposición de ambas posturas. Te mando un abrazo afectuoso.

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