CONTAR LO QUE FUIMOS (primera parte).

‘Recuérdalo tú y recuérdalo a otros’, dice Luis Cernuda. Recordar y contar lo que uno ha visto esforzándose por no mentir y por no halagar y por no dejarse engañar uno mismo por el resentimiento o por la nostalgia es una obligación cívica. 

Antonio Muñoz Molina. Todo lo que era sólido, 2013.

            Quienes seguimos con fidelidad e interés las aventuras del Capitán Alatriste, saga extraordinaria que escribe Arturo Pérez-Reverte y que hasta este momento se ha desarrollado a lo largo de siete novelas –El Capitán Alatriste, 1996; Limpieza de sangre, 1997; El sol de Breda, 1998; El oro del rey, 2000; El caballero del jubón amarillo, 2003; Corsarios de Levante, 2006 y El puente de los asesinos, 2011–, pudimos asomarnos con anticipación a un momento clave del último libro de los dos que todavía no ven la luz.

Fue durante la película Alatriste (2006), basada en esta saga y dirigida por Agustín Díaz Yanes, cuyo episodio final corresponde a la batalla de Rocroi el 19 de mayo de 1643, cuando se enfrentaron las tropas francesas comandadas por Luis II de Borbón-Condé y el ejército español a las órdenes de Francisco de Melo, Capitán General de los Tercios de Flandes. En esa batalla los españoles fueron derrotados aunque, lejos de lo que sugiere la película, no fueron totalmente aniquilados.

En la película, un último puñado de españoles se enfrenta a los franceses que se disponen al asalto definitivo. Entre ellos se encuentra el propio Capitán Alatriste, su protegido Íñigo de Balboa y Sebastián Copons, fiel compañero de armas. Con la certeza de la muerte inminente, Copons empuja hacia atrás a Íñigo para que tenga oportunidad de escapar, a la vez que le dice con acento urgente: ¡cuenta lo que fuimos! Con ello expresaba la preocupación de que las generaciones venideras se enterasen de lo fueron aquellos Tercios de Flandes, uno de los cuerpos de infantería más temidos y eficaces que en el mundo han sido. Y se entiende que ese deseo de contar no sólo tenía el propósito de preservar la memoria, sino de servir como ejemplo, incluyendo tanto lo bueno como lo malo de aquellos hombres tan valientes como terribles.

En estas semanas me he sometido a un doble ejercicio mnemotécnico de este tipo a través de la lectura de dos libros sobre la historia reciente de España. Se trata de La década que nos dejó sin aliento (Editorial Planeta, 2011), de Juan Eslava Galán y de Todo lo que era sólido (Seix Barral, 2013), de Antonio Muñoz Molina.

La década que nos dejó sin aliento es el cuarto libro de una serie que empezó con Una historia de la Guerra Civil que no le va a gustar a nadie, 2005, seguido de Los años del miedo, 2008 y De la alpargata al seiscientos, 2010, todos publicados por la misma editorial. Su lectura es muy entretenida porque Juan Eslava Galán, Doctor en Filosofía y Letras por la Universidad de Granada, con estudios de Filología Inglesa en varias universidades del Reino Unido, combina la descripción de los grandes acontecimientos históricos con pequeñas y divertidas anécdotas de personajes comunes y totalmente verosímiles (eso lo sé yo muy bien) que aparecen a lo largo de los cuatro libros y que nos permiten conocer de cerca los aspectos más íntimos de la vida española durante aquellos años. Además, incluye fotos e ilustraciones que en lo personal me hacen recordar muchos aspectos de mi vida antes de venir a México. No ha sido infrecuente que interrumpa su lectura con una risa incontrolable que deja perpleja a Lucila, mi esposa, a la que tengo que explicar el motivo de mi hilaridad. Este último libro es una descripción de lo ocurrido en España desde el asesinato de Luis Carrero Blanco el 20 de diciembre de 1973, Presidente del Gobierno durante la dictadura de Francisco Franco, en manos de un comando de la banda terrorista vasca ETA, hasta el 28 de octubre de 1982, día en el que Felipe González, líder del Partido Socialista Obrero Español, ganó las elecciones y se convirtió en el primer presidente del Gobierno de signo izquierdista en la joven democracia española. Después de leer sus más de 500 páginas, aprendí que la admirada transición española desde una férrea y no pocas veces sanguinaria dictadura a una democracia moderna no fue tan ejemplar como se suele admitir.

Pero el libro que ha resultado para mí una verdadera revelación es Todo lo que era sólido. Su autor, Antonio Muñoz Molina (Úbeda, Jaén, 1956) es un escritor y periodista al que sigo desde hace años y del que leo sus colaboraciones en el peródico español El País, especialmente su columna sabatina en el suplemento cultural Babelia de este mismo rotativo. En los últimos días, Muñoz Molina  ha sido noticia al ser distinguido con el Premio Príncipe de Asturias de las Letras en su edición 2013, quince años después de que le fuese otorgado este importante galardón a otro escritor español, Francisco Ayala.

Todo lo que era sólido es, en principio, un examen sereno e implacable de las causas que provocaron la grave crisis económica por la que atraviesa España en estos momentos. Seré incluso más específico. Es un ejercicio reflexivo de las causas internas, originadas en España y protagonizadas por los españoles, sin referencia a las condiciones e influencias externas que, seguramente, también deben tener su parte en esta tragedia. Decía que eso es este libro en principio, porque además es también un ejercicio de introspección que lo convierte en una auténtica e intersantísima autobiografía.

En él he descubierto facetas que me han resultado de gran utilidad para explicarme mi propia realidad en México y en Aguascalientes. Con su lectura he experimentado momentos de gran emoción, porque sus palabras y reflexiones no sólo iluminan y aclaran aspectos de lo que vivo todos los días, sino que confirman muchas de las percepciones y pensamientos con los que trato de entender lo que observo en mi entorno inmediato. Este libro ha corrobarado muchos de los argumentos que, cuando los expongo, hacen que más de uno ponga cara de extrañeza y fastidio. Y es que no es lo mismo que los diga un servidor, a que los esgrima y publique en un libro magnífico un escritor tan reconocido como Antonio Muñoz Molina.

Igual que en México, lo que ocurre en España tiene mucho que ver con el bajo nivel que tiene la educación pública. Muñoz Molina señala sin tapujos a los responsables, que son los funcionarios gubernamentales y los expertos educativos que trazan los planes de estudio y organizan todo lo relativo a este imporante aspecto de la vida en sociedad. Lo resume en una frase breve y demoledora:

 

Dejar que se degradara la educación o fomentar abiertamente la ignorancia les permitiría difundir mentiras y leyendas sin miedo a que los refutaran.

 

Es decir, que no se trata de un simple error de cálculo o planeación, sino de una estrategia deliberada para embrutecer a la población y dejarla a merced de las fuerzas que la manipulan a favor de sus oscuros intereses. En México sabemos mucho de este tema porque hemos sido, a lo largo de nuestra historia, víctimas propiciatorias de una funesta alianza entre el poder político y sus planes educativos, las codiciosas empresas televisivas y los sectores más retrógrados de la Iglesia Católica.

Me ha resultado también muy reconfortante, aunque sea nada más un consuelo que en algo mitiga el desaliento cotidiano, vernos reconocidos –mi esposa, yo y algunos más– en estas palabras:

 

Me ha entristecido ver la aceptación cínica del éxito de los trepadores, los corruptos y los enchufados, y la dificultad de muchas personas brillantes y honradas para desarrollar sus capacidades y recibir una recompensa justa por unos méritos que al mismo tiempo contribuyen al progreso de la comunidad. Me ha llenado de abatimiento que muchas veces diera igual que se hicieran las cosas bien o que se hicieran de cualquier modo o no se hicieran, que el mérito se quedara sin elogio y la trapacería o el engaño sin censura, que se aceptara con naturalidad el favor y la trampa, lo mismo en un premio literario que en la provisión de una cátedra…

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s