UNA SITUACIÓN INSOSTENIBLE.

Acepto de todo corazón el lema “El mejor gobierno es el que menos gobierna”, y me gustaría verlo aplicado de modo más rápido y sistemático. Puesto en práctica, equivale al final a lo siguiente, que es algo que también creo: “El mejor gobierno es el que no gobierna en absoluto”, y cuando los hombres estén preparados para ello, esa será la clase de gobierno que tendrán…

… El gobierno, que es tan solo un medio escogido por el pueblo de ejecutar su voluntad, puede igualmente ser objeto de prácticas deshonestas y pervertido antes de que el pueblo tenga tiempo de actuar por medio de él.   

Henry David Thoreau. Desobediencia civil, 1849.

            Serví como director médico del Centenario Hospital Miguel Higaldo desde el primero de diciembre de 2004 al 30 de noviembre de 2005, cuando decidí renunciar por motivos personales a este cargo para reintegrarme plenamente a mis labores de patólogo, mismas que había iniciado a principios de noviembre de 1992. A lo largo de esos doce meses como diretor médico pude participar directamente en la actividad administrativa relacionada con la operación de un hospital público y aprendí algunos aspectos interesantes de la interacción entre la práctica de la política y el ejercicio de la medicina. Si me viese forzado a sintetizar o, como diría cierto colega que hoy ostenta varios cargos importantes dentro de la administración estatal, si tuviese que abusar de mi capacidad de síntesis, concluiría que cuando la medicina y la política se cruzan, es aquella la que casi siempre sale perdiendo.

Si el político y el médico ejercen la forma más elevada de su correspondiente quehacer, la influencia perjuicial de la política en la medicina no sólo se reduce a su mínima expresión, sino que llega a desaparecer y se transforma en lo opuesto, es decir, en el impulso determinante de la medicina social en un momento determinado de la historia. Conocemos algunos ejemplos notables en el desarrollo de la medicina pública de nuestro país, como aquellos que dieron nacimiento a lo que hoy conocemos como Institutos Nacionales de Salud.

Se puede ir más allá. Incluso cuando el político no está especialmente dotado para serlo, si sabe rodearse de asesores brillantes y visionarios, su influencia global en la medicina puede ser particularmente positiva. También aquí existen algunos ejemplos notables. Lo que nos lleva a poner en el primer plano de nuestro análisis la calidad de los individuos por encima de la profesión que ejercen. Son ellos los responsables del nivel que su labor adquiere en una sociedad determinada.

De lo anterior se desprende la importancia que tiene la selección cuidadosa y meditada de los mejores hombres (incluyo aquí a ambos sexos) para cualquier actividad pública o privada. Lamentablemente, seguimos observando de forma reiterada que se escoge a los amigos, a los leales, a los submisos hasta la abyección, en lugar de seleccionar aquellos que por su preparación y reultados demuestran ser los más aptos para desempeñar cierta función. En nuestra sociedad no hemos logrado superar el temor a los méritos de los demás, en especial cuando percibimos, con esa intuición primitiva que nace en la inveterada desconfianza del cavernícola, que el otro puede superarnos y hacer evidente ante los demás nuestras propias insuficiencias.

Además de la calidad humana y profesional de los actores involucurados, existen otros factores que explican la influencia perniciosa que llega a tener la política en la medicina. Uno de los más importantes es la naturaleza de la medicina misma. La esencia de la profesión descansa en la delicada naturaleza de la relación entre el paciente y el médico. Vínculo que exige condiciones específicas para que pueda alcanzar su mayor fortaleza y rendir así sus mejores frutos. Estas condiciones rara vez se reúnen hoy en la práctica de la medicina dentro de los hospitales públicos de Aguascalientes. Y seguramente podría decir lo mismo de la inmensa mayoría de estos establecimientos en el resto del país.

Yo no sé cuánto tiempo más pueda mantenerse este estado en el que se violenta sistemáticamente la práctica adecuada de la medicina. Para muchos políticos, cuyos emolumentos les permiten atenderse en los mejores hospitales mexicanos y extranjeros, incluso sin pagar de su bolsillo la ateción que reciben, esta situación no es importante ni apremiante. Simplemente, no les afecta.

Aliados con médicos sin escrúpulos, han hecho a un lado su obligación de crear las condiciones para que los mexicanos y los aguascalentenses de todos los estratos sociales, en especial los millones de pobres cuyo número sobrepasa la mitad de toda la población, puedan tener acceso a unos servicios médicos de primera y ser atendidos en hospitales con todas las condiciones de seguridad, modernidad y calidad que exigen los estándares nacionales e internacionales.

Un buen ejemplo para intentar revertir esta situación dramática desde la trinchera de la ciudadanía es el que nos ofrece el movimiento “La rebelión de los enfermos” (página electrónica: http://rebeliondeenfermos.org), que se ha originado recientemente en el Estado de Sonora. La justificación de este movimiento social se basa en la siguiente “declaración de guerra”:

1.-“El derecho a la salud está considerado en el capítulo primero de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos”: los ciudadanos continúan recibiendo atención médica de mala calidad a través de las diversas instituciones que prestan este servicio en el país. La falta de infraestructura y de personal, son dos de los graves problemas que padece el sistema sanitario del país.

2.-“Los ciudadanos hemos sido testigos de cómo algunos servidores públicos ejercen el presupuesto de manera absurda”: actualmente las asignaciones presupuestarias que se hacen desde los congresos de los estados no son suficientes, pues se ha demostrado que en la práctica hay gobernantes que modifican, subejercen, reetiquetan y desvían recursos sin que haya consecuencias.      

3.-“Estar afiliado a una institución pública no garantiza el acceso a una atención médica oportuna y de calidad”: el manejo que actualmente hace la administración pública federal sobre las cifras de las personas que tienen acceso a los servicios sanitarios es poco ético pues se pretende que la sumatoria de las afiliaciones a las diversas instituciones de salud, públicas y privadas, sea sinónimo de cobertura universal de salud.

4.-“Las personas no decidimos de qué enfermarnos, es inadmisible que el Estado Mexicano decida cuales son los padecimientos que debemos sufrir”: el Seguro Popular únicamente cubre la atención a 275 incidencias de salud (especificadas en CAUSES 2012) dejando de lado un importante universo. Los enfermos de este país no somos números, somos personas con anhelos y dignidad. El brindar atención médica deficiente es una violación a nuestro derecho a la salud y atenta contra los principios fundamentales del ser humano.

5.-“Los servidores públicos no nos hacen un favor, cumplen la obligación de brindarnos atención”. Los profesionales que laboran en instituciones de salud a cargo del Estado, deben comprender que son servidores públicos con derechos y obligaciones y son sujetos a rendir cuentas de sus acciones. Por otro lado, debemos estar conscientes de que no podemos aspirar a tener servicios de primer mundo si no se dignifica la labor de médicos, enfermeras, trabajadoras sociales y se resuelven los problemas presupuestarios que frustran su vocación.

 Aguascalientes, “la tierra de la gente buena” –alabanza en boca propia es vituperio–, a pesar de su lejanía geográfica con Sonora, padece carencias médico-sanitarias muy similares. Yo me pregunto: ¿cuándo nos rebelaremos?

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2 thoughts on “UNA SITUACIÓN INSOSTENIBLE.

    1. Querido Jorge:
      Me alegra mucho saber que tú formas parte de este movimiento que considero justo y ejemplar. Un gran abrazo.
      Luis.

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