UN REFUGIO INDISPENSABLE.

Creo firmemente en la correspondencia entre la vida exterior y la vida interior; así como tengo la certeza de que aunque algunos hombres consigan vivir una vida virtuosa, el resto seguirá sin advertirlo… El exterior es sólo la representación de lo que hay dentro. Los hábitos no esconden al hombre, sino que lo muestran; ellos son sus auténticos ropajes.

Henry David Thoreau. Carta a Harrison G. O. Blake, 27 de marzo de 1848.

            Escribo estas líneas sentado junto a mi esposa en un hotel de Jurica, Querétaro, cuando agoniza la tarde y se escuchan los últimos acordes de la música que ha amenizado la Comida de la Amistad, tradicional banquete con el que concluyen las reuniones anuales de la Asociación de Médicos del Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán (AMINNSZ).

En esta ocasión, se trata de la quincuagésimo quinta Reunión Anual que, como parece ser la regla, ha sido un verdadero gozo intelectual y afectivo. Yo no había acudido a estas convivencias durante más de 20 años, salvo la del año 2005 que se celebró en Aguascalientes, y me reintegré apenas el año pasado en Oaxaca, cuando se me concedió el honor de dictar la conferencia inaugural. No me arrepiento, me han permitido darme cuenta que durante mi paso por aquella institución sembré algunas semillas cuyos frutos empiezo hoy a recoger.

Tuve la fortuna de formar parte de aquella familia en la que la medicina interna se considera la madre de todas las demás disciplinas que en ella se cultivan porque cursé un año de aquella especialidad antes de sumergirme por completo y desde entonces en la que considero la mía: la anatomía patológica.

Cuando me preguntan si la medicina interna me ayudó a ser mejor patólogo, les digo que tanto que sí como que no. No me hizo tener más destreza en el análisis microscópico, pero me ha convertido en un patólogo que, a diferencia de otros, disfruta cada vez más de la interacción con sus colegas clínicos. Considero esta estrecha relación muy afortunada, ya que siento que con ella acerco la anatomía patológica al ámbito clínico –en el que a veces llega a observarse poco interés por mi especialidad–, a la vez que demuestro con los hechos que los patólogos somos médicos –hay quien lo ignora– que contribuimos de una manera sustancial a la atención de los enfermos.

Pero existe otro aspecto de estas reuniones de la AMINNSZ que deseo resaltar. Hoy, sin ir más lejos, pude constatar que uno necesita del roce con colegas del más alto nivel para restituirse, para volver a recordar que se necesita persistir en los ideales aunque el medio en el que uno se desenvuelve sea la mayor parte de las veces indiferente y, en ocasiones, hostil. Tras varias décadas de práctica profesional, se corre el riesgo de adaptarse tanto a un ambiente de estas características que se olvida o se deja de escuchar la voz de la conciencia. El llamado que esa conciencia, forjada en la fragua del Instituto, nos hace cuando nos ve flaquear.

Tras leer el párrafo precedente, algunos se reirán de mí. No los critico. Es natural sospechar de quien habla de ideales cuando ha rebasado ya el medio siglo de vida. La mayoría ignora los peligros o bien se deja llevar y encuentra eso que nombran la zona de confort, donde la falta de cuestionamientos permite una vida muelle en la que, sin advertirlo, van ganando terreno la indiferencia, el hastío y la autocomplacencia. Máxime si el ambiente en el que uno se desenvuelve es proclive a la falta de una crítica constructiva y rigurosa y la codicia –afán excesivo de riquezas que se suele disfrazar con ropajes académicos y piadosos– se considera la virtud emblemática del buen profesional y el éxito es la medida de todas las cosas.

En la Sesión de negocios de esta LV Reunión Anual, una joven residente cuestionó la necesidad de pertenecer a la AMINNSZ desde las primeras etapas de la residencia, aduciendo que, dada su carga de trabajo en el Instituto, es muy difícil que los residentes de los primeros años puedan acudir a las reuniones anuales. ¿Para qué van a pertenecer a la AMINNSZ si no van a poder asistir a estas reuniones?, dijo en tono de queja.

Varias voces se elevaron para responder esa pregunta. Una de las respuestas más inteligentes la ofreció el doctor Rubén Cortés, quien expuso la confusión en la que se estaba incurriendo: no se pagan las cuotas de la AMINNSZ con el propósito principal de asistir a sus reuniones anuales. Existen varios beneficios, incluyendo la suscripción a la prestigiosa Revista de Investigación Clínica, aunque el más importante es integrarse a una familia de profesionales de la medicina del más alto nivel, tanto en lo académico –que, a veces, es lo único que sobresale–, como en lo humano. Uno en verdad se siente acogido y rodeado del afecto sus pares cuando forma parte de esta venerable hermandad.

Me hubiese gustado externarle a aquella residente un concepto adicional, pero la sesión estaba alcanzando una longitud maratónica y empezábamos a desear su fin para acudir al ágape que nos esperaba en los amplios jardines del hotel. Así que renuncié a la intervención verbal y decidí hacerlo por este conducto. Ojalá que ella y quienes comparten sus ideas puedan leer estas líneas.

Empezaré diciendo que entiendo la postura de la joven médico residente. Es la expresión de una forma de ver la vida que hoy predomina en nuestra sociedad y que se ha extendido con singular fuerza en nuestra juventud. La llamaré el anhelo del beneficio inmediato.

Pocos son los jóvenes que en estos días se atreven a dar sin esperar un beneficio instantáneo. Muchos menos los que se sacrifican inspirados en ideales que consideran obsoletos. Y son casi inexistentes los que consideran que sus sacrificios pueden ser una inversión a largo plazo. Permea una especie de miopía que impide ver más allá y que se alimenta de un medio ambiente en el que los seres humanos no valen por lo que son, sino por lo que tienen.

Hay algo más. Por razón natural, y eso incluye a todos los que fuimos jóvenes, es casi imposible que a esa tierna edad uno pueda ser capaz de anticipar lo que le espera a la vuelta de veinte o treinta años. Y lo que nos aguarda tiene mucho que ver con el rumbo que hoy y, muy posiblemente mañana, siguen las cosas. Yo no puedo decir que vivamos en tiempos especialmente críticos en relación al pasado, pero siento que, salvo las excepciones que también existen, sufrimos el imperio de una mezquindad cuyos niveles tornan por momentos el aire irrespirable.

Justamente por eso es también indispensble la existencia de agrupaciones como la AMINNSZ, porque son el refugio en donde uno se puede poner a salvo de este egoísmo, propio y ajeno, que todo lo arrasa. ¿Cómo evitar o atenuar el que con el paso de los años de un ejercicio profesional tan absorbente como la medicina uno devenga en un ser humano egoísta e intolerante? La respuesta es clarísima: conviviendo con amigos de ideales elevados y, en lo posible, de vida virtuosa, y someterse a su implacable y afectuoso escrutinio. Eso es lo que uno encuentra en la AMINNSZ.

Por eso yo me felicito de haber regresado a su seno. En él he recordado lo que es el rigor científico, la capacidad de disentir sin perder el respeto, tanto el dado como el recibido, para buscar después el acercamiento cordial que tan buenos frutos rinde en la vida profesional, individual y social.

Hoy, en un simposio titulado Investigación farmacológica en red, pude atestiguar con gusto una discusión que, sin ser acalorada, desarmó de manera implacable e impecable los argumentos expuestos por algunos de los participantes. Pocas veces he podido ser testigo del triunfo de la razón y de la verdad. Hoy las vi brillar en el seno de esta reunión. Por ello y por muchas cosas cosas más que experimenté en estos días y que pertenecen ya al ámbito de lo íntimo me siento profundamente agradecido.

No me queda la menor duda de que para quienes hemos tenido el privilegio de recibir en el Instituto una formación de excelencia la AMINNSZ es un refugio indispensable.

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6 thoughts on “UN REFUGIO INDISPENSABLE.

  1. Los placeres sencillos son el último refugio de los hombres complicados.
    Oscar Wilde

    Sin duda las grandes alegrías se reciben cuando uno cruza el umbral de la desesperanza e imagina que nada puede llegar a endulzar el entorno turbio o amargo en que nos encontramos. Siempre será grato compartir la buena mesa, el buen vino, la dulzura de la vida y la belleza de las palabras, como las que escoge nuestro buen amigo Luis Muñoz.

    Por eso, durante la reunión AMINNSZ, el re-encuentro con amigos, con maestros y con los jóvenes que algún día tomarán las riendas no deja de ser grato. Refugio, es siempre una palabra mágica que tiene al menos 128 sinónimos. Entre ellos, me llamaron la atención 5 de sus acepciones (1) abrigo, (b) asilo, (c) alberge, (d) guarida y (e) nido.

    Sin duda, la AMINNSZ representa un generoso “abrigo” a los años de estudio en la licenciatura. Para muchos, ingresar oficialmente a su casa es como un sueño largamente acariciado. Es la oportunidad de ir a misa a catedral y no solo a la parroquia de la esquina. Es tener el placer de escuchar las voces de líderes destacados, iluminados y muchas veces carismáticos. Por eso, “el abrigo” se cuida, se guarda en los rincones de la memoria para un día ser gratamente recordado o desempolvado.

    Sin embargo, a veces los refugios se convierten en “asilo” de conceptos arcaicos, de ideas no progresistas que se cobijan en la fuerza de la costumbre, de la pereza ante la necesidad de actualización o simplemente del hábito de hacer crítica teórica sin ser parte de la acción. Por ello, la maravilla de las reuniones AMINNSZ es que se abre la puerta a la discusión que es una oportunidad para romper paradigmas y abrirse al diálogo hacía las evidencias de la razón.

    Por otro lado, AMINNSZ siempre ha sido y será un “generoso albergue” para almas generosas, dedicadas, entusiastas y deseosas de aportar un rayito de luz de conocimiento a través de un informe de Servicio Social o de Estancia corta, de una tesina o una tesis de Especialidad, Maestría o Doctorado o bien simplemente de aquellos que escogen “cobijarse” en su seno por ciertos meses o años de destierro. Sin duda, el albergue AMINNSZ tiene espacio para refugiar a miles de egresados. Es posible que así las voces se multipliquen y el espíritu generoso de la mística de nuestro fundador se abone en más terrenos fértiles y abiertos a la generosidad del corazón.

    Los que pasamos largos años de nuestra vida vinculados al querido instituto vivimos su transformación con cierto dolor. De ser un centro de Alta Especialidad, “refugio para casos de alta complejidad diagnóstica o terapéutica” nos sorprendemos ante la lamente saturación de sus servicios, que lo transforman en una “guarida de casos crónicos” que en parte explican su pérdida de eficacia, de eficiencia y de calidad en sus servicios. Por ello, la AMINNSZ debe pugnar por abrir y explorar nuevos caminos que fomenten la mejora continua, la apertura a certificaciones externas nacionales o internacionales y la vinculación con instituciones que le permita “regresar los casos clínicos estables o resueltos” y que le permita enfocarse en la atención de los “verdaderamente complejos” y que requieren mayor tiempo unitario de atención, mayor reflexión en sus compleja esencia de expresión y mayor acción en su resolución.

    Finalmente, cierro esta breve alocución reconociendo a AMINNSZ como “el nido” que cobija a los embriones que llegarán a transformar y mejorar los caminos de la Salud en México. Sin duda, nuestro país requiere propuestas, ideas y proyectos que vislumbren nuevos horizontes, para mejorar el buen cuidado que ofrecemos a los pacientes. AMINNSZ anida y puede seguir alimentando ese espíritu indomable que permite “entregar el pensamiento y la acción sin límites de tiempo y esfuerzo….y procurar que el esfuerzo que cada quien realiza en la Institución, contribuya a la solución de los problemas nacionales de salud” (extractos de la mística del maestro Salvador Zubirán).

    Jorge Luis Poo
    Investigador del ITESM, campus Ciudad de México. jpoo@itesm.mx

    1. Querido Jorge:
      Muchas gracias por tu estupendo comentario. Si no tienes inconveniente, lo “copiaré y pegaré” en la página de la AMINNSZ en Facebook, como parte de los que he recibido a lo que acabo de escribir. Un abrazo y seguiremos en contacto.

  2. Estimado doctor Muñoz:

    Mi nombre es Aldo Luna Jiménez, soy estudiante de medicina de tercer año. Antes que nada, quiero felicitarlo por su trabajo en el ámbito profesional y cultural, tuve la oportunidad de escuchar su ponencia en el AMINNSZ de este año en Querétaro; concuerdo por completo con su aseveración inicial “quien solo sabe de medicina ni de medicina sabe”.

    De igual forma quiero invitarlo a participar activamente en un proyecto que he estado realizando últimamente, se llama iFOAMed. iFOAMed es una red social diseñada para que médicos, profesionales de la salud, estudiantes de carreras de la salud y especialistas de todo el mundo compartan información, noticias, comentarios y aportaciones. Pienso que sería de gran interés contar con su aportación activa dado que, si bien es una red social enfocada a la salud, es imprescindible abrir los horizontes de todos los profesionales.

    Espero, de corazón, contar con su apoyo y lo felicito de nuevo por su labor y trayectoria.

    Atentamente
    Aldo Luna Jiménez

    1. Estimado Aldo:
      Por mis ocupaciones actuales, creo que la mejor forma en la que puedo colaborar en tu proyecto IFOAMed es autorizándote a que incluyas en tu red el link de mi blog. Si te parece apropiado, adelante. Ya me dirás.
      Un abrazo.
      Luis.

  3. Una mesa de autopsias y un refugio inolvidable, que además nos recuerda la importancia de creer firmemente en la correspondencia entre la vida exterior y la vida interior.

    Lucila Martínez de Muñoz

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