LA GRAN FORTUNA.

Para Lucila, la razón de mi existencia.

… Somos el puente a través del infinito, arqueado sobre el mar, buscando aventuras para nuestro placer, viviendo misterios por divertirnos, eligiendo desastres, triunfos, desafíos, apuestas imposibles, sometiéndonos a prueba una y otra vez, aprendiendo el amor, el amor y ¡EL AMOR!  

 

Richard Bach. El puente hacie el infinito, 1984.

            Conocí a Lucila en los primeros días de la carrera de Medicina. Yo nunca había tenido una novia y me atrajo desde el primer día que la vi. Dada mi falta de experiencia, me fui acercando poco a poco y no fue sino hasta finales del cuarto semestre cuando le declaré mi amor. Para entonces compartíamos estudios y trabajos, tanto en las aulas como en el Banco de Sangre “Dr. Rafael Macías Peña”, uno de los proyectos más trascendentes de los estudiantes de Medicina de la Universidad Autónoma de Aguascalientes.

Nuestro noviazgo fue prolongado, pues sometimos la natural impaciencia de quienes han decidido compartir sus vidas a la lógica de nuestra preparación profesional. Nueve años en los que, como novios, pasamos de estudiantes a médicos especialistas y, en su caso, hasta terminar la subespecialidad de infectología pediátrica.

En ese lapso pasamos dos años separados, pues mientras Lucila realizaba el internado de pregrado en el Hospital Genral de Zona nº 1 del Instituto Mexicano del Seguro Social en Aguascalientes, yo lo hacía en el Hospital General de México de la Secretaría de Salud en la capital del país. Al año siguiente, Lucila realizó el servicio social en el Hospital General de Pabellón de Arteaga (Aguascalientes), mientras que yo lo realice en el Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán. Nos reunimos nuevamente en el Ciudad de México para estudiar la correspondiente especialidad y nos casamos en 1990, poco antes de terminarla.

Tras vivir unos pocos años en el Distrito Federal, coqueteando con la idea de quedarnos a vivir en aquella gran ciudad, decidimos finalmente regresar a Aguascalientes, en donde hemos vivido hasta el día de hoy. Llegamos a Aguascalientes a finales de octubre de 1992 y, dos semanas después, nació nuestra hija Brenda. Luis llegó cuatro años después. Hace ya más de veinte años que ambos trabajamos en el Hospital Miguel Hidalgo y ejercemos también la práctica privada.

Juntos, hemos construido una familia, juntos hemos despedido de este mundo a nuestros padres y juntos hemos enfrentado los retos que nos ha ido poniendo la vida. Como otros matrimonios, nuestra historia tiene episodios alegres y tristes, pero de todos hemos sabido obtener lo necesario para seguir adelante. Así nos vemos a nosotros mismos.

Como estoy convencido de que los sentimientos siempre deben ir por delante de los conocimientos, hoy soy capaz de decir y hasta de gritar a los cuatro vientos que sin Lucila sería un pobre ser humano. Tal vez sería un ser humano muy leído, pero sin duda sería muy mezquino. El peligro de desarrollar solemente el intelecto es la atrofia de los sentimientos nobles. Un hombre como yo necesita un equilibrio en su vida que dulcifique la erudición con la sensibilidad que sólo puede proporcionar el verdadero amor. Eso ha sido, es y será Lucila para mí.

No sólo es un lugar común decir que detrás de un gran hombre hay siempre una gran mujer, sino que en nuestro caso es además una gran mentira, es más, una mentira doble. Doble porque ni existe ese gran hombre y porque, además, Lucila no está detrás, sino que camina a mi lado, cuando no por delante de mí. No sólo es una luminaria que brilla con luz propia, sino que lo hace en varios ámbitos de la vida. Destaca con luz serena como hija, como esposa, como madre, como médica y como catedrática. En esta última faceta, está a unos pocos días de recibir el reconocimiento de la facultad en la que ambos somos profesores.

De Lucila siempre me ha asombrado su energía inagotable. En ella esa fuerza tiene varias manifestaciones. Desde el amor (filial, maternal, conyugal), hasta una elevadísima sensibilidad social. Su resistencia a la fatiga, que es muy superior a la mía, y su curiosidad intelectual la han hecho coronar con pleno éxito, sin desdoro de sus tareas domésticas y profesionales, dos maestrías que ha añadido a su especialidad como pediatra y a su subespecialidad como infectóloga pediatra.

Aunque es posible que haya leído menos libros que yo, es mucho más sabia y sus consejos, por oportunos y certeros, me han ahorrado tropiezos y, cuando no he sabido escucharlos, sus palabras y cuidados me han sanado de los descalabros que he sufrido en la vida. Gracias a Lucila he vivido siempre lejos del estereotipo del macho y sigo convencido del inmenso poder que lo femenino tiene en todos los asuntos de este mundo. Creo que los hombres no deberíamos oponer resistencia y haríamos bien en dejarnos guiar por esa sabiduría entre instintiva y experiencial de la que ciertas mujeres hacen gala.

Son más de 20 años de vida matrimonial –el año próximo celebraremos nuestras bodas de plata– y vivimos hoy un amor renovado que nos mantiene firmes en nuestras aspiraciones, tanto familiares como profesionales. A lo largo de todo este tiempo, a pesar de los reveses y de momentos muy difíciles que hemos decidido enfrentar siempre juntos, aquello en lo que soñamos cuando nos conocimos y que mucho contribuyó a que uniésemos nuestras vidas sigue vivo.

En ocasiones, brevísimos instantes diría yo, hemos visto con cierta admiración a quienes no han tenido o han renunciado a los ideales que pudieron haber acariciado en la juventud. A los que viven hoy aparentemente felices, retozando autocomplacientes en el océano del éxito y la aceptación social, sin cuestionarse nunca sobre la realidad en la que viven la mayoría de los mexicanos y su papel en ella más allá de lo estrictamente profesional.

Y es que mantener a lo largo de los años la rebeldía y conservar la indignación ante las injusticias, por más que sean el pan de cada día, no es fácil. En nuestro caso es uno de los muchos frutos de haber compartido tantas cosas por tanto tiempo. Sin pretenderlo, nos hemos convertido en un estímulo circular y circulante el uno para el otro.

La vida feliz, esa vida buena que han perseguido a su manera todos los seres humanos, desde los filósofos más instruidos hasta los ignorantes más profundos, no sólo se compone de muchas facetas, sino del concurso de muchas circunstancias que nadie tiene garantizadas de antemano. En mi caso y sin tener especiales méritos para ello, he contado con la gran fortuna de tener a mi lado a un ser humano extraordinario y espero seguir compartiendo con ella el viaje terrenal lo que nos reste de vida, siempre bajo su serena, entrañable y amorosa influencia.

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4 thoughts on “LA GRAN FORTUNA.

  1. Estimado Luis, es un placer volverte a leer después de estos meses en que hemos tenido que prescindir de tu pluma.
    Hay mujeres coincido contigo, que no solamente están a un lado, sino muchas veces por delante del hombre y creo que ese es el éxito de un matrimonio, el hecho de que la mujer sea más sabia, intuitiva y sensible que el hombre, pero sobre todo el que las escuchemos y tomemos en cuenta sus consejos, hace la gran diferencia en nuestras vidas.
    Mantener nuestros ideales y perseguirqlos en este mundo arrevesado es muy complejo, sobre todo cuando hacerlo puede ser causa de rechazo y ostracismo, ante la amenaza de marcar la diferencia y poner el dedo en la llaga, pero con el apoyo de un alma gemela siempre será más fácil.
    Creo que uno de los ideales más grandes por el que ustedes han apostado, es ser esposos en este mundo donde el matrimonio va a la baja, en donde hombres y mujeres se separan para “vivir su vida”, sin entender que la vida que ellos decidieron era ser pareja, en donde a los hijos se les da todo, menos amor y atención, en donde la fidelidad y la bondad son sinónimo de estupidez.
    Quiero felicitarlos, tanto a Lucila como a ti, por ser como son, por se lo que son y por demostrar que ¡si se puede ser matrimonio¡ aún en este mundo donde los anti-valores están acabando con el.
    Los abrazo siempre, con todo mi cariño y afecto.

    Roberto

    1. Muy estimado Roberto:
      ¡Coincidimos contigo en tantas cosas! Recibimos con emoción tu felicitación y esperamos volver a verte muy pronto.
      Un abrazo lleno de cariño.
      Lucila y Luis.

  2. Me ha hecho emocionarme, ha conseguido expresar con palabras lo que es el amor matrimonial. Un saludo y que Dios bendiga su linda famila.

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