EDUCAR LA MIRADA.

Por eso Dios te dio el inflexible ojo del espíritu

que puede servir para perfeccionar el ojo de la carne.

Cuando ves con uno, también usa el otro,

con los dos verás bien, si uno no es suficiente.

Gotthold Ephraim Lessing. Obras, 1753.

           Lucila y yo seguimos domingo a domingo la columna que escribe el doctor Arnoldo Kraus en el periódico El Universal. Hace un par de semanas, nuestro entrañable amigo Arnoldo escribió un texto que nos conmovió profundamente titulado Apología del parque. Al leerlo, recordamos la maravillosa experiencia de paz y serenidad que experimentamos en un parque que visitamos por casualidad durante un viaje. Pero dejemos hablar al propio Arnoldo:

 

Los parques son imprescindibles… Representan otra forma de medir la salud de una nación. Convivencia, paz, respeto e historia son atributos de los parques. Aventuro una hipótesis: existe, en ocasiones, una relación directamente proporcional entre civismo y número de parques, funcionales y limpios…

… Quienes miran a las personas ahí sentadas y se acercan para platicar pueden valorar de otra forma algunos pasajes de la vida. Georges Perec, novelista francés, lo explica bien.

En su libro póstumo, “Lo infraordinario”, tras explayarse sobre algunas obviedades, como son las calles o los cafés de París, sugiere que otra forma de valorar es apreciar “… lo que carece de significado, lo que no notamos, lo que no nos llama la atención, lo que tiene poca importancia”, y, se pregunta, “… qué sucede cuando nada sucede, qué pasa cuando nada pasa, excepto el tiempo, las personas, los automóviles, las nubes”.

 

Cuando uno está rodeado de libros parece que los tiene todos y que, por lo tanto, los ha leído todos. Es mentira. Ya lo decía William Osler: Es más fácil comprarlos que leerlos. Y es más fácil leerlos que asimilarlos. Grande fue mi sorpresa cuando, a los pocos días, mi esposa Lucila me regaló un ejemplar dedicado de Lo infraordinario (Eterna Cadencia Editora, 2013). Yo ni siquiera conocía la existencia y mucho menos la obra de Georges Perec. Bastó la lectura del primer ensayo, que se titula ¿Aproximaciones a qué?, para darme cuenta de la agudeza penetrante y delicada de este autor y lo mucho que inspiran sus palabras. Gracias, mi amor, por hacerme un regalo tan excelso (uno más). Gracias también a ti, Arnoldo, por habérnoslo dado a conocer.

Como médico patólogo puedo decir literalmente que vivo de la observación. He procurado diversificar los objetos que observo para no circunscribirlos a los puramente microscópicos. Sin embargo, es la mía una mirada especializada que utilizo a diario, muy inclinada a detectar todo aquello que los médicos consideramos anormal. Así lo afirma el patólogo y escritor Francisco González Crussí en su libro Ver. Sobre cosas vistas, no vistas y mal vistas (Fondo de Cultura Económica, 2010):

 

Hoy la mirada médica se ha extendido a un grado inimaginable. Ayudada por la tecnología, sondea los recovecos más lejanos y más inaccesibles del cuerpo. Tenemos rayos X, tomografías computarizadas, resonancias magnéticas, ultrasonido, cardiotocografía, tomografía por emisión de positrones, etc. Con estas técnicas, el ojo clínico mira dentro del sanctasanctórum, el altar del cuerpo.

 

Por eso, cuando leía tanto a Arnoldo Kraus como a Georges Perec, me di cuenta de que necesitamos enriquecer y ampliar nuestra mirada para poder captar lo verdaderamente esencial. Perec lo plantea de una manera sencilla y magistral en el siguiente párrafo:

 

En nuestra precipitación por medir lo histórico, lo significativo, lo revelador, no dejemos de lado lo esencial: lo verdaderamente intolerable, lo realmente inadmisible: el escándalo no es el grisú (el gas que ocasiona las temidas explosiones en las minas de carbón), es el trabajo en las minas. Los “malestares sociales” no son “preocupantes” en período de huelga, son intolerables veinticuatro horas por día, trescientos sesenta y cinco días por año.

 

Desarrollar la capacidad para interrogar lo habitual –reflexionar sobre el quehacer cotidiano, diría Leonardo Viniegra–, lo común, lo que no es noticia, para encontrar en ello algunas de las claves de la existencia. En el mundo actual, y particularmente en nuestro medio, se nos ha vuelto costumbre saltar de un escándalo a otro sin descanso, lo que acaba embotando los sentidos y achatando nuestra sensibilidad. De nuevo Georges Perec:

 

Detrás del acontecimiento tiene que haber un escándalo, una fisura, un peligro, como si la vida sólo debiera revelarse a través de lo espectacular, como si lo que se dice, lo significativo fuese siempre anormal: cataclismos naturales o conmociones históricas, conflictos sociales, escándalos políticos…

… Interrogar lo habitual. Pero, justamente, es a eso a lo que estamos habituados. No lo interrogamos, no nos interroga, para no constituir un problema, lo vivimos sin pensar en ello, como si no transmitiera ninguna pregunta ni respuesta, como si no fuera el portador de ninguna información. Ni siquiera es condicionamiento, es anestesia.

 

Llevo días observando, mirando, interrogando en silencio (y a veces no tan en silencio). Cada mañana, como en Fiesta de Joan Manuel Serrat, “vamos subiendo la cuesta que arriba mi calle se vistió de fiesta”, mi esposa y yo subimos por la calle Galeana, desde donde estacionamos nuestro vehículo hasta la entrada del Centenario Hospital Miguel Hidalgo.

Contemplo el paisaje urbano mientras sorteamos los obstáculos en el camino. Ese tramo está en obras desde hace varios meses y aunque el arroyo vehicular está terminado, las aceras siguen sin construir, lo que ha obligado a que el propio arroyo vehicular esté fraccionado: dos tercios de su anchura para que discurran los automotores y el tercio restante para los peatones como nosotros.

A últimas fechas, la parte reservada para los viandantes está interrumpida por los vehículos estacionados de los vecinos y los visitantes, lo que hace más difícil el trayecto a pie. Y no hablo por nosotros, que gozamos de un aparato locomotor íntegro hasta ahora, sino por quienes acuden al Hospital enfermos, en sillas de ruedas, con muletas, cojeando o con pasos inciertos debido a su edad avanzada o a causa de una enfermedad. Ellos son lo cotidiano que debemos interrogar y dejar que nos interrogue. ¿Qué les preguntaríamos? ¿Qué les responderíamos?

Las obras inconclusas más allá de lo razonable son el viacrucis que corona sus vidas llenas de necesidades elementales insatisfechas, de promesas incumplidas, de horizontes oscuros, de falta de oportunidades y esperanzas tanto para ellos como para las generaciones que los sucederán en el papel que esta sociedad injusta les ha asignado desde hace siglos.

Y para más inri, a lo largo de la calle pueden verse letreros inspirados en aquella campaña que en 1939 diseñó el Ministerio de Información británico para animar a los ciudadanos a resistir el peligro inminente de una invasión nazi: Keep calm and carry on (Mantén la calma y sigue adelante). En la versión local ha desaparecido la corona del rey Jorge VI, aunque también se nos pide calma a sabiendas de que más que calma, lo que nos sobra a estas alturas es resignación.

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2 thoughts on “EDUCAR LA MIRADA.

  1. Como siempre estupendas reflexiones. Esta capacidad de observar y analizar nuestro entorno ..¡ qué importante! , se descubren muchas cosas observando . Nuevamente felicidades

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