UN LIBRO PARA APRENDER Y ENSEÑAR.

Éramos unos 4,000 estudiantes de primer año, por lo que era imposible establecer una relación con los maestros. Pero a algunos profesores se les permitía impartir cursos especiales a grupos pequeños y el doctor Lascano daba un curso de patología a unos veinte estudiantes. Me convenció de que la patología era la base científica de la medicina. Así que para el cuarto año yo ya había decidido que iba a ser patólogo.

Juan Rosai. Who was the first pathologist?, 2008.

 

Acaba de aparecer la novena edición del libro “Las bases patológicas de la enfermedad” (Robbins and Cotran Pathologic Basis of Disease. Elsevier, 2015), conocido como “El Robbins”, uno de los textos médicos que más ha influido en los estudiantes de medicina de todo el mundo occidental en los últimos cuarenta años. Este es uno de los libros que me ha acompañado a lo largo de toda la carrera profesional, desde que era estudiante de medicina hasta la actualidad, en mi desempeño como profesor de patología en la joven carrera de medicina de la Universidad Cuauhtémoc plantel Aguascalientes.

No voy a caer en la tentación de considerar la patología una materia superior, por encima de las otras que conforman en el plan de estudios, ni la disciplina más importante de todas las que integran el conocimiento médico. Es verdad que la patología (o anatomía patológica) es una de las bases más sólidas de la medicina científica, pero no es la única. Sin embargo, tiene la ventaja de integrar los conocimientos científicos de muchas otras disciplinas, como la anatomía, la histología, la embriología, la microbiología, la genética, la inmunología, etc., lo que permite estudiar los mecanismos de las enfermedades, identificar sus alteraciones estructurales y funcionales, establecer el diagnóstico y explicar las manifestaciones clínicas.

Mi primer ejemplar del libro de Robbins correspondió a la segunda edición, publicada en 1979, y he conseguido las ediciones siguientes hasta la actual sin perderme ninguna. En los últimos veinte años, cuando aparece una edición nueva dono la anterior a la biblioteca del Centenario Hospital Miguel Hidalgo. No se trata solamente de un libro sobre la rama de la medicina que ejerzo, sino una obra que sigo considerando fundamental en la biblioteca personal de cualquier médico y que, además, es la más completa y actualizada a la hora de impartir esta materia a los estudiantes de medicina.

¿Quién escribió “El Robbins”? Su autor fue Stanley L. Robbins, un patólogo estadounidense que nació en Portland, Maine en 1915. Estudió en el Instituto Tecnológico de Massachusetts y en la Escuela de Medicina de la Universidad Tufts, cerca de Boston. Fue Director del Instituto de Patología Mallory de la Universidad de Boston y Jefe de su Departamento de Patología desde 1965 a 1980, cuando se retiró. Finalmente, aceptó una plaza como patólogo veterano en el Hospital Brigham and Women de Boston, donde siguió enseñando tanto a estudiantes de medicina como a residentes de patología. Falleció el 7 de octubre de 2003.

¿Por qué considero que este libro es tan influyente? Recuerdo haber leído la historia de este libro hace muchos años. Por varios días he estado buscando en mis archivos el artículo en cuestión, pero esta vez mi pesquisa ha sido infructuosa, así que he tenido que hacer un esfuerzo de memoria que me hace ser cauteloso a la hora de escribir este párrafo. Recuerdo que el doctor Robbins era profesor de patología y que anotaba en unos apuntes lo que iba a exponer en su clase.

En una ocasión, se encontró con un editor y le mostró sus apuntes. Al editor le parecieron muy didácticos y le preguntó si no había considerado escribir un libro de patología para estudiantes de medicina. Así nació la primera edición en 1957, que se tituló “Texto de Patología”. Fue todo un acontecimiento que cambió para siempre la forma de enseñar esta disciplina a los estudiantes de medicina, que acogieron la nueva obra con entusiasmo. Sin embargo, para varios patólogos destacados de aquella época, el libro de Robbins no era bueno porque no contenía suficientes descripciones microscópicas y hacía demasiado énfasis en los aspectos clínicos de la enfermedad. En contraste, un estudiante de la Universidad Temple dijo lo siguiente: he empezado a leer mi nuevo libro de Robbins. Creo que hay alguien en él que de verdad me ama.

El doctor Robbins había dado en el clavo al escribir su libro con un enfoque que no consistía en simplemente describir la enfermedad, sino que discutía su origen y el impacto que tenía en el paciente. Todavía hoy, no son pocos los profesores universitarios que cometen el error de creer que no hay diferencias entre enseñar patología a estudiantes de medicina, futuros médicos generales, y hacerlo a residentes de patología, futuros especialistas en esta disciplina. El siguiente extracto del prólogo de la primera edición ejemplifica la filosofía del doctor Robbins:

 

De hecho, el estudio de la morfología es sólo una faceta de la patología. La patología contribuye mucho a la medicina clínica. El patólogo no se interesa solamente en las alteraciones estrcuturales, sino también en su significado, es decir, en los efectos de estos cambios en la función de las células y los tejidos y, finalmente, su repercusión en el paciente. La patología no es una disciplina alejada del paciente vivo, sino un enfoque científico para comprender mejor la enfermedad y, por lo tanto, una base sólida de la medicina clínica.

 

A partir de 1957 y a lo largo de los siguientes 12 años fueron publicadas otras dos ediciones. Pero entonces Stanley L. Robbins decidió reescribir completamente su obra y empezar de nuevo, así que publicó una nueva primera edición en 1974. A esta la tituló “Las bases patológicas de la enfermedad”, título que conserva hasta la fecha. Desde ese año y cada lustro aparece una edición nueva. Se comprende que con el paso del tiempo el doctor Robbins ha contado con otros coautores y que en las últimas ediciones ya no lo escribe porque murió en 2003. Sin embargo, el libro sigue fielmente el espíritu de su creador y se mantiene uno de los textos fundamentales para la formación de los estudiantes de medicina en todo el mundo. Por ende, es el mejor libro para quienes enseñamos esta materia en la universidad.

A pesar de su respetable extensión, está escrito en un estilo muy atractivo para los estudiantes. Stanley L. Robbins solía introducir algunos comentarios jocosos que aligeraban su lectura. El doctor Vinay Kumar, autor principal de las últimas ediciones, recuerda uno en especial que estaba en la sección sobre los pigmentos en los tejidos humanos:

 

Un tatuaje es un pigmento que tiene la preocupante propiedad de persistir dentro de los macrófagos (las células de la defensa que ingeren microbios y cuerpos extraños) durante toda la vida, lo que provoca serias dificultades si uno se quiere casar con “Alicia” cuando el tatuaje dice seductoramente “Mary”.

 

            Son muchas las virtudes de este libro. Sus ilustraciones son soberbias, en especial los esquemas (hoy disponibles, como todo el texto, en una página web), que en las últimas dos ediciones ponen de relieve el papel central que tiene en la actualidad la biología molecular en el estudio y la comprensión de las enfermedades y su tratamiento. Con un libro así y el acceso a la Internet, hoy los estudiantes de medicina que no aprenden es porque no quieren hacerlo. Hoy la abundancia de información y la facilidad con la que se puede acceder a ella deben ir acompañados de un esfuerzo consciente para analizarla y asimilarla.

Siempre les he recomendado a los estudiantes de medicina que procuren tener una biblioteca propia. En ella siempre debe estar “El Robbins”. No importa que especialidad médica cultiven en un futuro. Seguro que en sus páginas encontrarán conceptos útiles que le darán solidez a su práctica profesional. Como profesor, espero que pueda estrenar esta novena edición el próximo semestre. Y que mis futuros y desconocidos alumnos traten de tenerlo a punto.

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6 thoughts on “UN LIBRO PARA APRENDER Y ENSEÑAR.

  1. Querido amigo, he leído cada una de las líneas de esta “mesa de autopsias” con un gran deleite….y por supuesto, suscribo todo lo que mencionas, tanto como asiduo lector “del Robbins” como profesor universitario. Hay seres humanos que siempre dejarán huella a muchas generaciones, entre otras cosas, por su gran contribución a la formación profesional, en este caso de la medicina. Uno de ellos, sin duda, es Stanley Robbins…..que de la gloria del gran hacedor del universo goce…

    1. Muy estimado Carlos:
      Gracias por tu comentario. Como siempre, fue un placer convivir contigo en días pasados. Coincido completamente con tus apreciaciones.
      Un abrazo.
      Luis.

  2. Pues por la culpa de este “librito” tome la gran decisión de ser patólogo y casi lo logro.
    Después de leer estas líneas he recordado tantas cosas tan agradables y otras no tanto pero con un gran sabor de boca.

    1. Apreciado Arturo:
      Lamentablemente, no puedo ayudarle porque no conozco ninguno.
      Saludos cordiales.
      Luis Muñoz.

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