LA CIENCIA HACE LA DIFERENCIA.

Es preciso darnos cuenta que las enfermedades han sido acompañantes ineludibles de los seres humanos desde sus orígenes, son un tipo de acontecimientos inherentes a la vida humana cuya característica, a diferencia de otros tipos, es que provocan sufrimientos, limitaciones e inconvenientes diversos. Esto significa que pretender entenderlas disociando organismo y medio ambiente nos lleva a una simplificación engañosa y al pensarlas como objetos extraños al individuo que obedecen al orden biológico se oscurece la comprensión de la vida humana en sus diversas manifestaciones.

Leonardo Viniegra Velázquez. Penetrando el proceso vital, 2012.

 

Como respuesta a lo que escribí la semana pasada sobre el sistema sanitario público de Cataluña (Una larga lucha, 28 de septiembre de 2014), recibí un mensaje de un querido amigo al que me cuesta llamarle colega porque pecaría de presunción. El doctor Elías Campo es un patólogo español experto en los tumores de las células sanguíneas (los linfomas y las leucemias), líder mundial en este campo –hace poco que desentrañó el genoma de la leucemia linfocítica crónica–, es Presidente de la Sociedad Europea de Hematopatología y, además, Director de Investigación del Hospital Clínico de Barcelona (el Clínic, como se le suele llamar). Transcribo a continuación parte de su mensaje:

 

Toda mi vida he trabajado en el sistema sanitario público catalán (con excelentes ofertas del privado), salvo el lapso de los dos años en los Institutos Nacionales de Salud en Bethesda. No sólo quiero confirmarte de primera mano la excelencia de nuestro sistema, hoy como tú dices en una situación de amenaza y estrés límite. También quería añadir que este sistema ha posibilitado el desarrollo de un sistema sólido de investigación sanitaria en los hospitales, que hoy aporta conocimiento universal pero también ayuda a atender a nuestros pacientes con una alta calidad ya que facilita el traslado de ese conocimiento y de los nuevos procesos a nuestros pacientes. Hoy la amenaza es así doble, la del sistema sanitario como tú dices y la del  sistema de investigación asociado. Triste, muy triste, ya hemos empezado a ver la emigración de algunos de nuestros profesionales establecidos a hospitales del Reino Unido y los Estados Unidos.  Las olas de emigración de profesionales parece una experiencia recurrente en España, que se inició tras la persecución de los afrancesados por el rey Fernando VII y, más tarde, con nuestra emigración a México y en los años del franquismo a Alemania y después a los Estados Unidos. Yo creía que nuestra generación seria la primera que no iba a vivir esa experiencia, pero creo que me equivoqué.

 

Deseo llamar la atención a lo que el doctor Elías Campo señala como el sistema de investigación que, no sólo complementa al sistema de asistencia sanitaria, sino que representa una manera seria y eficaz de poner los adelantos científicos al servicio de los enfermos. La investigación científica que ellos, y otros muchos como ellos en otras partes del mundo, realizan en el ámbito biomédico no es una elucubración teórica desvinculada de sus aplicaciones prácticas, sino la mejor manera de lograr adelantos en el diagnóstico y tratamiento de las enfermedades cuya realidad cotidiana representa una dosis elevada de sufrimiento y muerte para quienes las padecen.

Veamos otro ejemplo. Acaba de aparecer el resultado de un estudio muy interesante sobre la epidemiología del cáncer en España. Realizado por un equipo de investigadores encabezados por Gonzalo López-Abente Ortega, que trabaja en la Unidad de Epidemiología Ambiental y Cáncer del Centro Nacional de Epidemiología del Instituto de Salud Carlos III de Madrid, el artículo se titula “Tendencias temporales en la distribución municipal de los patrones de cáncer en España” (Time trends in municipal distribution patterns of cancer mortality in Spain. BioMed Central Cancer 2014, 14:535, que puede consultarse en http://www.biomedcentral.com/1471-2407/14/535). En él se muestra la distribución geográfica de las muertes por cáncer en aquel país a lo largo de cuatro quinquenios, desde 1989 hasta 2008.

Este análisis espacio-temporal de un millón de muertes por cáncer permite descubrir algunas cosas importantes. Por ejemplo, que el riesgo de morir por cáncer de estómago es mucho en Castilla y León que en resto de España. Según los autores, esto puede ser debido a las costumbres alimentarias de estas zonas rurales, ya que se consumen más alimentos curados y ahumados y menos frutas y verduras que en las zonas costeras.

Ya se sabe que el cáncer de pulmón está relacionado con el tabaquismo, pero en el estudio se menciona que la Agencia Internacional de Investigación sobre el Cáncer (IARC, por sus siglas en inglés) también ha señalado como factor de riesgo a la contaminación atmosférica. Se da el caso particular de algunos pueblos de Galicia, en los que este cáncer se relaciona con el radón, un gas radioactivo que se origina espontáneamente a partir del uranio del subsuelo. Genera inquietud el efecto que pueda tener sobre la salud el radón contenido en el congelador de los refrigeradores caseros. Estos investigadores también han descubierto un mayor riesgo de morir por cáncer de colon y de pulmón en los pueblos cercanos a las minas de carbón a cielo abierto y también un mayor riesgo de morir por cáncer de colon en los pueblos españoles vecinos de las cementeras.

Los autores del artículo afirman que “la distribución espacial de la mortalidad por tumores puede revelar diferencias en los factores de riesgo y contribuir de manera significativa a establecer políticas para luchar contra el cáncer”. De eso se trata. No sólo es importante conocer los mecanismos moleculares que conducen a la transformación maligna de las células tumorales y diseñar con ese conocimiento nuevos tratamientos para intentar curar estas enfermedades, sino que también es necesario enfrentar el problema del cáncer desde otros enfoques, máxime si con ello se identifican factores de riesgo que, una vez evitados o atenuados, se impide la aparición de nuevos casos de cáncer. Ese es el gran valor de los estudios epidemiológicos que, como los de la biología del cáncer, se llevan a cabo con todo rigor científico.

Y estoy seguro de que existen otros enfoques para estudiar el cáncer que todavía no han sido explorados. Llegará el día en el que el estudio de las enfermedades incluirá aspectos que hoy se consideran marginales e irrelevantes, pero que tienen el potencial de transformar profundamente nuestra concepción del ser humano, tanto sano como enfermo, e incluso revolucionar lo que hoy entendemos sobre el proceso vital –la vida– en general.

Y vuelvo a hacerme la misma pregunta que formulé en mi escrito de la semana pasada: ¿tiene alguna relevancia para quienes trabajamos en el ámbito de la salud en México y en Aguascalientes conocer este tema? Y la respuesta es nuevamente afirmativa. Los médicos tenemos que convencernos, y convencer también a las autoridades y a los ciudadanos en general, de que el único camino seguro para conocer nuestra realidad sanitaria es la investigación científica. Cualquier otra estrategia o enfoque, incluyendo los que esconden intereses políticos y económicos de grupos de poder, no sólo son completamente inapropiados para velar por la salud pública de la comunidad, sino que la perjudican por partida doble, pues desvían los recursos públicos hacia negocios privados y retrasan una y otra vez la implementación de medidas eficaces para mejorarla.

Como en cualquier otra parte del mundo, en Aguascalientes siguen sin resolver varios problemas de salud pública. ¿Es muy frecuente la insuficiencia renal crónica terminal entre los habitantes del municipio de Calvillo? En caso de que así sea, ¿cuál o cuáles son las causas? ¿Es cierto que los suicidios en Aguascalientes son más frecuentes que en otros estados? Si es cierto, ¿a qué se debe? ¿Los numerosos embarazos de adolescentes tienen alguna relación con el incremento del consumo de bebidas alcohólicas durante la Feria Nacional de San Marcos? Hasta el momento, no se ha logrado responder estas preguntas mediante la investigación científica rigurosa. Y es la ciencia lo que hace la diferencia entre el conocimiento razonablemente cierto de la realidad y las ocurrencias, por simpáticas o convenientes que nos parezcan.

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