LAS NARRACIONES DE LOS MÉDICOS.

Los clínicos actuales no suelen escribir ni publicar sus observaciones, a menos que pertenezcan al grupo de los llamados “investigadores clínicos”, restringidos por una metodología rigurosa. Si se quiere propiciar no sólo el descubrimiento de nuevos signos clínicos, sino una mayor comunicación entre los médicos, sería preciso abrir nuevos espacios, modificando los criterios de los consejos editoriales a modo de permitir la publicación de las experiencias de los clínicos, en secciones especiales, sin más validación que la observación reiterada y juiciosa y, desde luego, sujetas a discusión y verificación, tal y como ocurre también con la información derivada de la investigación experimental. Esto contribuiría a revaluar la actividad clínica arquetípica y a reintegrarle su jerarquía académica.

 

Alberto Lifshitz. El valor de la anécdota. En: La práctica de la medicina clínica en la era tecnológica, 2000.

 

Este jueves 23 y viernes 24 de octubre de 2014 se ha presentado una obra singular en dos volúmenes titulada Narrativa médica en los 150 años de la Academia Nacional de Medicina de México (Academia Nacional de Medicina de México, Palabras y Plumas Editores y CONACYT, 2014). Mi esposa Lucila y yo acudimos el segundo día a esta presentación que se llevó a cabo en el auditorio de la Academia Nacional de Medicina de México, augusto recinto situado en las instalaciones del Centro Médico Nacional Siglo XXI del Instituto Mexicano del Seguro Social.

Justo este año, la Academia Nacional de Medicina de México, fundada en 1864, cumple 150 años y para ello ha diseñado un extenso programa conmemorativo dividido en diferentes eventos e iniciativas entre las que estaba la publicación de la obra a la que estamos haciendo referencia. La dirección editorial corrió a cargo de la doctora Herlinda Dabbah Mustri, con una amplia experiencia en estas labores y que es además la directora de Palabras y Plumas Editores.

Esta casa editorial había publicado previamente, entre otros, Medicina basada en cuentos (3 volúmenes, 2010-2011) La otra historia clínica (2012) y La salud mental de quienes se dedican a curar (2013), que nos muestran las facetas humanas y literarias del médico y su quehacer profesional. No podemos soslayar que el muy distinguido médico internista Alberto Lifshitz Guinzberg participa de una manera muy estrecha en la labor médico-literaria y editorial de su esposa, la doctora Dabbah.

En la presentación de Narrativa médica en los 150 años de la Academia Nacional de Medicina de México, con la que inicia el primer volumen de esta obra, los doctores Lifshitz y Dabbah señalan lo siguiente:

 

En su quehacer diario los médicos emplean como herramienta natural a la escritura, ya sea para las historias clínicas, notas del expediente, artículos y hasta prescripciones. Asimismo, en tanto clínicos, fungen como testigos y otras veces como actores en la actividad que desempeñan. Irrumpen en los bordes de la vida y de la muerte, sin duda los más extremos emplazamientos del hombre, además de la larguísima y honda línea de estados físicos, psíquicos y emocionales que corren entre estas dos orillas. ¿Tendrán así los médicos en su experiencia, una suerte de polvo de oro en sus manos, de posibilidad de proyección sobre su quehacer en la vida que constituiría un perfecto motivo de relatar lo vivido? Por supuesto que no es sólo poseer ese “polvo de oro”, esa materia prima compuesta por sus experiencias, sino también la capacidad de sentir, de conmoverse, de emocionarse por algún hecho, de reaccionar ante algo, y la disposición para expresarlo por escrito.

 

Son noventa y siete médicos los que han escrito los ciento nueve textos reunidos en estos dos volúmenes. En el primer volumen, los textos están clasificados en narrativa histórica, biografías, ensayos y anécdotas. El segundo volumen contiene relatos, nosobiografías, narrativa creativa, lírica y aforismos. Es en este segundo volumen donde hice mi modesta aportación, incluida en la sección de narrativa creativa, titulada El cadáver con rostro.

No pretendo que lo que estoy escribiendo en estos momentos sea una reseña detallada de Narrativa médica en los 150 años de la Academia Nacional de Medicina de México, pues apenas ayer se me entregó un ejemplar de la obra durante su presentación, por lo que hasta ahora no he podido leer sino la presentación escrita a la que hice referencia y algunos textos aislados cuyo título y/o su autor me han llamado la atención. Conozco personalmente o por referencia a varios de los noventa y siete autores, incluso con algunos mantengo una amistad de muchos años. Es el caso del doctor Carlos Ortiz Hidalgo, jefe del Laboratorio de Patología Quirúrgica del Hospital ABC, quien escribió una interesante biografía de uno de los gigantes de nuestra especialidad, el patólogo checo Carl Rokitansky. Su texto, titulado Las 30,000 autopsias, inicia con la siguiente introducción:

 

Rokitansky realizó 30,000 autopsias en toda su vida, nos dijo el profesor Carvallo en aquella sesión de un lunes por la mañana en el antiguo Hospital General del Centro Médico Nacional al ver que los residentes de anatomía patológica nos quejábamos de hacer dos o tres autopsias a la semana. Treinta mil autopsias –insistió el profesor–, de las que se tienen protocolos escritos con su puño y letra y además, se sabe que Rokitansky supervisó cerca de ¡40,000 autopsias más! Quedé sorprendido, impresionado, atónito después de averiguar que Rokitansky realizó su última autopsia a los sesenta y dos años (vivió hasta los setenta y cuatro años), y comenzó sus estudios de anatomía patológica a los veintitrés; treinta mil autopsias representan de dos a tres autopsias al día, durante siete días a la semana, durante ¡treinta y ocho años! En toda mi residencia hice cerca de setenta autopsias y creía haber hecho muchas. Rokitansky fue un hombre excepcional y el protagonista de una auténtica revolución académica, y junto con Rudolf Virchow fue el iniciador de la llamada “nueva anatomía patológica”.

 

Javier Baquera Heredia fue mi residente de tercer año –R3, en el argot hospitalario cuando yo llegué como R1 al Departamento de Patología del Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán. Tratar a Javier es toda una experiencia. A diferencia de la mayoría de los patólogos, que se interesan sobre todo en el diagnóstico de los tumores, Javier es ya una referencia nacional en la patología de las enfermedades infecciosas, particularmente las ocasionadas por parásitos. Compartimos nuestro gusto por la biología, por la lectura y, naturalmente, por la escritura. Sólo él podría haber escrito la conversación que sostuvo con un ejemplar hembra de esos gusanos intestinales que arrojan al defecar los niños infestados y que quienes hacemos autopsias nos encontramos a veces formando marañas que se retuercen cuando abrimos el intestino. Su texto, clasificado también como narrativa creativa, se titula El nuevo inquilino:

 

El nuevo inquilino es un “Áscaris lumbricoides” (Linnaeus, 1758) hembra que me regaló el Dr. Ortiz de la Peña. La mantengo viva a base de cuidados y de cariño, de darle agua con azúcar y calor en una caja de Petri con agar sangre; le gusta la luz del negatoscopio en la penumbra, el color de las buganvilias. A veces levanta su carita y yo la miro con la lupa y conversamos. Me pregunta por qué la demás gente le tiene asco y no sé qué responderle. Trata de explicarme que ella no es mala, que ella no es sucia, que si salió por la nariz del paciente fue porque era la única vía que encontró, cálida y viscosa y porque la boca estaba cerrada.

 

Estoy seguro que me esperan muchas horas de gozo y asombro con la lectura de Narrativa médica en los 150 años de la Academia Nacional de Medicina de México. Y espero que, una vez que se defina su comercialización y distribución, llegue a manos de muchos colegas a lo largo y ancho de México, incluso más allá de sus fronteras.

Le agradezco de corazón a la doctora Dabbah el haberme animado y permitido participar en esta obra conmemorativa sin ser miembro de la Academia Nacional de Medicina de México.

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