UN HOSPITAL NO LO ES TODO.

Pero los problemas de la población son mucho más amplios. Incluyen no sólo la parte visible del iceberg (aquellos pacientes que acuden al sistema) sino también su parte oculta (aquellos que no acuden al sistema, así como aquellos que, aun estando sanos, son vulnerables a la enfermedad y cuya vulnerabilidad podría eliminarse o reducirse con la intervención del sistema de salud). El sujeto de intervención del sistema de salud es, pues, todo el iceberg –toda la población– y no sólo la parte visible.

 

Vicenç Navarro. Concepto actual de salud pública, 2009.

 

Con el mismo espíritu científico que me animó a escribir mi colaboración anterior del 23 de noviembre de 2014 (¿Por qué en Aguascalientes no?), me dispongo a redactar las siguientes líneas con el objeto de ubicar en un contexto más amplio esta reflexión sobre el proyecto de un nuevo hospital público en Aguascalientes. Y lo hago además para salir al paso de quienes, con justa razón, pudiesen concluir al leer lo previamente escrito que se tendría una visión muy limitada de la salud pública en nuestro estado si se centrase exclusivamente en el citado proyecto.

Así como una política de atención médica es solamente uno de los componentes –importante, pero no el único– de una política de salud, un hospital público es solmente uno de los elementos que conforman un sistema nacional o estatal de salud. Visto desde esta perspectiva, se puede comprender fácilmente que la construcción de un nuevo hospital público en Aguascalientes no puede concebirse como la panacea a todos los males que padece el sistema estatal de salud.

Un sistema nacional o estatal de salud se compone de diversos elementos, algunos son evidentes y se identifican con facilidad, como es el caso de los centros de salud y la red de hospitales públicos que ofrecen la atención médica de distintos niveles.

Sin embargo, otros no son tan visibles porque no tienen que ver directamente con la política de atención médica. Entre estos últimos se encuentran, de acuerdo a Vicenç Navarro, Catedrático de Políticas Públicas y Sociales en la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona y Profesor de Política y Economía Sanitaria de la Universidad Johns Hopkins de los Estados Unidos, las intervenciones políticas, económicas, sociales y culturales encaminadas a mejorar la salud, los estilos de vida que reflejan las políticas de promoción de la salud y el grado de socialización y empoderamiento –nivel de poder o fortaleza de un individuo o grupo social desfavorecido– del individuo y de la población.

En este mismo sentido, se puede considerar como parte del sistema estatal de salud la educación de los estudiantes de las carreras de las ciencias de la salud y disciplinas afines, tanto la carrera de medicina, como las de enfermería, odontología, optometría, psicología y trabajo social.

Al concebirse como un elemento constituyente del sistema estatal de salud, la formación de los recursos humanos para la salud adquiere una mayor relevancia y también obliga a un mayor compromiso por parte de las autoridades gubernamentales y universitarias, que deben darle un apoyo decidido y dedicarle mayor esmero, palabra esta que el Diccionario de la Lengua Española define como “sumo cuidado y atención diligente en hacer las cosas con perfección”. La influencia positiva de un nuevo hospital público de alto nivel en la formación de los futuros profesionales de la salud y en el impulso de la investigación biomédica es indiscutible.

Otros países se han preocupado por el impacto de la educación de los futuros médicos en la salud de los pacientes. Ahí está el ejemplo del Consejo Médico General (General Medical Council) de Inglaterra, que publicó en 2009 el interesante documento “Los médicos del mañana” (Tomorrow’s Doctors), en donde se plasma la importancia de la evaluación rigurosa del aprendizaje de los estudiantes, incluyendo las observaciones que los hospitales deben hacer a las universidades sobre las capacidades reales de sus egresados. En nuestro medio, esta retroalimentación, si es que existe en alguna medida, suele tener poca influencia a la hora de revisar y actualizar los planes de estudio de las escuelas de medicina.

Dentro de un sistema estatal de salud, un hospital público de tercer nivel representa el último recurso para estudiar y resolver, en la medida de lo posible, los problemas de salud más complejos que se presentan en una comunidad dada. En un sistema de salud eficiente y bien organizado, eso significa que para que los pacientes lleguen a él deben haber acudido primero a los niveles de atención primaria y/o secundaria, es decir, a los centros de salud y/o a los hospitales generales, en donde la complejidad del padecimiento en cuestión obliga a que los enfermos sean derivados al tercer nivel para su adecuada atención.

De ahí la gran importancia que tiene el primer nivel de atención médica. La atención primaria es el fundamento de todo sistema de salud. Cuando opera con recursos materiales suficientes y personal bien capacitado, motivado y comprometido, detecta, previene y resuelve la mayoría de los problemas de salud de la población. Incluso en el caso de las enfermedades crónicas. Tómese el caso de la diabetes. Es en el primer nivel de atención médica cuando se detecta no sólo a aquellos que empiezan ya a ser diabéticos, sino también a la población que está en riesgo de desarrollar la enfermedad.

La detección de la población en riesgo que puede desarrollar las enfemedades crónicas más frecuentes exige médicos con el conocimiento y la destreza clínica suficientes para investigar y explorar minuciosamente desde la historia familiar y hábitos del paciente, hasta los cambios sutiles que aparecen en las etapas tempranas de estas condiciones. De igual manera, estos médicos deben ser capaces de identificar lo que se denominan indicadores de gravedad: aquellos signos, síntomas y alteraciones radiográficas o de laboratorio que señalan el empeoramiento actual o inminente de las condiciones clínicas del enfermo. También tienen que identificar aquellos casos que deben ser referidos sin demora a los niveles superiores de la atención médica.

Tomando como ejemplo nuevamente al sistema de salud pública de Inglaterra, que es uno de los más desarrollados del mundo, nos llama poderosamente la atención la serie de incentivos económicos de los que gozan los médicos generales y familiares cuando son capaces de mantener bajo un control adecuado a los enfermos crónicos de la población que está bajo su cuidado. Estos estímulos refuerzan poderosamente el grado de compromiso de estos profesionales.

La grave saturación que padecen los hospitales públicos de la ciudad de Aguascalientes no sólo se debe al cambio del panorama epidemiológico por el que está atravesando nuestra población, esa transición que va del predominio de las enfermedades infecto-contagiosas a una mayor prevalencia de las crónico-degenerativas. La saturación hospitalaria también es un reflejo de la disfunción del primer nivel de atención, cuya capacidad preventiva, diagnóstica y terapéutica no parece estar a la altura de las circunstancias. Así los pacientes, cuyos problemas no son detectados y resueltos a tiempo en el primer nivel de atención, se ven obligados a buscar ayuda en los niveles superiores, saturándolos innecesariamente. Sin un primer nivel de atención sólido y eficiente, las camas de los hospitales nunca van a ser suficientes.

Un tercer factor no menos relevante es que en Aguascalientes no se ha construído ningún nuevo hospital público de gran capacidad resolutiva desde hace varias décadas. Por último, la entrada en vigor del Seguro Popular ha disparado la demanda de servicios médicos de la población abierta, sin que los recursos obtenidos por este medio hayan servido, tal como ha sucedido en otros lugares del país, para ampliar y modernizar significativamente la infraestructura y el equipamiento de los hospitales públicos estatales.

Hay que convenir entonces que el proyecto de un nuevo hospital público de alto nivel en Aguascalientes no puede concebirse como la solución mágica a toda su problemática sanitaria. Se impone hacer un estudio riguroso y exhaustivo del sector salud, incluyendo la enseñanza de los futuros profesionales, las acciones de la medicina preventiva, la asistencia médica, la investigación biomédica y la práctica de la medicina privada, para así obtener un diagnóstico veraz, completo y confiable que permita identificar aquellos puntos que deben ser corregidos, así como las fortalezas y las áreas de oportunidad que sin duda existen… ¿Acaso el sector salud debe acudir al médico?

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