CONFIESO QUE NO LO HE LEÍDO.

Hay momentos en que las arenas de esta playa se transforman en las llanuras de la Mancha y veo cabalgando a Don Quijote y Sancho, como si fueran personajes reales. Los toco, los oigo, están con nosotros… Cervantes los creó para ser inmortales. ¡Ay, qué alivio leer el “Quijote”! Leerle en un campo de concentración, como minutero de la hora humana, como descubrimiento de los ideales que justifican la locura del genio para convocar el gobierno de la razón.

 

Eulalio Ferrer. Entre alambradas. Diario de los campos de concentración, 1987.

 

En esta primera semana de diciembre de 2014 termina la Feria Internacional del Libro (FIL) de Guadalajara a la que, por extraño que parezca, nunca hemos asistido. Y no por falta de ganas. Siempre se ha atravesado algún congreso médico o la falta de previsión que nos agarra por sorpresa y nos impide acudir a la cita más importante de los libros escritos en nuestro idioma. Sé que es una falla imperdonable, pero no es la única que cargo en la conciencia. Puestos a confesar, admito que nunca he leído el Quijote completo.

Para mayor desazón, el pasado domingo 30 de noviembre me enteré demasiado tarde que en esta edición de la FIL se iba a presentar una nueva versión del Quijote, adaptada, para que la lean con provecho los jóvenes, ni más ni menos que por Arturo Pérez-Reverte, uno de mis escritores predilectos. Con este motivo, Pérez-Reverte ha estado en la Perla Tapatía para presentar el libro e intercambiar ideas con los numerosos estudiantes que acudieron a esta cita maravillosa. De pasada, el escritor y académico de la lengua concedió algunas entrevistas.

La que publicó este viernes 5 de diciembre el periódico El País (http://cultura.elpais.com/cultura/2014/12/05/actualidad/1417735241_807660.html) me parece que no tiene desperdicio. En ella no sólo realzó la importancia del Quijote, obra que según él debería ser de lectura y estudio obligatorios para todos los jóvenes escolares hispanohablantes, sino que habló de su visión de América Latina y, particularmente, de México.

Al comparar a Europa con América Latina, Pérez-Reverte dijo lo siguiente:

 

[De América Latina] No digo que tenga futuro. Digo que es el futuro. Europa es un continente que envejece muy mal, en manos de un grupo de representantes en Bruselas medio demagogos y medio analfabetos que están desmantelando 30 siglos de cultura. Añádele a eso un continente que no crece, que no tiene juventud, hecho de jubilados. En América hay cantidad de jóvenes intentando abrirse camino con el vigor de la juventud y la esperanza. El eje se está desplazando a la América hispana, y estoy convencido de que lo mejor que podamos esperar, vendrá de América…

… Pero hay una cosa que me queda siempre de América, y es el profundísimo respeto que todos, hasta los analfabetos, tienen por la cultura. En América la gente aún cree que ser culto ayuda a cambiar para mejor. El padre confía en que su hijo sea lo que él no ha podido ser. Se trata de esos jóvenes que se levantan a las cuatro de la mañana en un suburbio de México, Distrito Federal, para ir a estudiar una carrera que luego no podrán ejercer. Y también está la lengua. Le dan importancia, para ellos es un factor de cultura. He visto a muchos campesinos usando un vocabulario tan rico y tan decente que ya quisieran muchos, no ya los jóvenes sino los políticos e incluso los académicos españoles. Y ese respeto, esa veneración por la lengua como elemento clave, unido a la incultura, les da una osadía lingüística, una creatividad extraordinaria.

 

Cuando el periodista le preguntó si tiene sentido que en el Diccionario de la Lengua Española se mantenga la categoría de los americanismos, Pérez-Reverte fue contundente:

 

Hace un año, en uno de los plenos de la Real Academia Española, propuse eliminarla [la categoría de los americanismos]. Es un error. Creo que hace una división del español inapropiada e injusta. Yo tengo todo el derecho a decir chingar… porque es mi lengua… Todo es español… El caso es que debemos transitar sin complejos por la lengua que compartimos.

 

La relación de Arturo Pérez-Reverte con el Quijote data de mucho tiempo. Lo leyó por primera vez a los ocho años. Y lo ha vuelto a leer completo una dos o tres veces más, eso sin tomar en cuenta de que lee fragmentos continuamente. Por eso la Real Academia Española le encomendó esta adaptación para jóvenes estudiantes. En la entrevista citada, se le pregunta qué puede enseñar el Quijote en una situación tan crítica como la que México está atravesando en estos momentos:

 

Yo he visto muchos incendios por la vida que llevé [fue reportero de guerra durante 21 años], y sé que sin una base cultural que enmarque esos incendios, el incendio se vuelve estéril. Libros como el “Quijote”, en manos de buenos profesores, permiten educar a los que llevan las antorchas en palabras como compasión, solidaridad, coraje, honradez, y eso cambia el cariz de los incendios. Los incendios hechos por gente que sabe lo que incendia y por qué, sean incendios reales o metafóricos, esos sí pueden iluminar futuros. Por eso el “Quijote” es tan importante. Yo creo que no hay combinación más eficaz para hacer mejor el mundo que un maestro de escuela honrado e inteligente con un “Quijote” en las manos.

 

            Ya en un escrito anterior (http://www.perezreverte.com/articulo/patentes-corso/759/el-quijote-como-consuelo/), Pérez-Reverte se lamentaba del olvido al que se ha condenado a Miguel de Cervantes. Y como para él la lectura del Quijote es como un analgésico que le permite mantener la serenidad y abrigar la esperanza a pesar de las terribles noticias de las que somos testigos todos los días. Refiriéndose a Cervantes, señalaba:

 

… aquel hombre lúcido y bueno, que fue soldado y conoció la guerra, el cautiverio, la decepción, la soledad y el fracaso sin que nada quebrara su bondad y su gallardo espíritu, me alivia el dolor con su mirada agridulce, su sonrisa melancólica, su humor suave, resignado e inteligente…

… Nunca fue tan olvidado Cervantes, y nunca hizo tanta falta. Porque asómbrense: de los catorce países de habla hispana que puedo comprobar, sólo en seis –Uruguay, Venezuela, Costa Rica, El Salvador, Perú y Puerto Rico– la lectura del “Quijote” es obligatoria en el colegio. En México, que presume de punta de lanza del español de América, dejó de serlo en 2006; y en Argentina, para vergüenza de las sombras de Borges, Bioy y Roberto Arlt, ni siquiera existe la materia Literatura Española. En cuanto a esta España de aquí, la palabra no es ya “vergüenza”, sino prevaricación que roza lo criminal: la lectura del “Quijote” no sólo no es obligatoria –obligar traumatiza, ya saben–, sino que ni siquiera figura entre las más recomendadas por el Ministerio de Educación en secundaria o en bachillerato.

 

No es que me corra prisa, pero ya me anda por conseguir la novedosa versión del Quijote adaptada por Pérez-Reverte. Tengo curiosidad por compararla con la edición del profesor Francisco Rico, que es la que empecé a leer a ratos desde hace una semana. Ya no pienso demorar más su lectura, aunque 53 años pueda parecer una espera muy prolongada, porque sé que también voy a encontrar en ella consuelo y mucha sabiduría.

En este lado del mundo, Cervantes y su Quijote se sienten en casa gracias a Eulalio Ferrer, combatiente del Ejército Republicano español, prisionero en campos de concentración franceses y luego refugiado en México. Consiguió su primer Quijote cambiándoselo a un miliciano por una cajetilla de cigarros. Con el paso de los años, él le hizo en Guanajuato un hogar a Cervantes y a su hidalgo, no loco, sino soñador y cuerdo –“Yo sé quién soy” –, que encarna el valor sin recompensa, perito en derrotas, según nos recuerda Arturo Pérez-Reverte.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s