EL IMPERIO DEL MERCADO.

Hace unos dos mil años, una conocida colección de libros y cartas advertía que era más fácil que un camello pasara por el ojo de una aguja que un rico entrara al cielo; más aún, el protagonista de esa historia expulsó a los mercaderes del templo. A principios del tercer milenio, no prestamos atención a tan descorazonadoras advertencias, mientras nuestras sociedades de consumo siguen adorando el dinero y los bienes.

 

Arnold J. Bauer. Somos lo que compramos. Historia de la cultura material en América Latina, 2001.

 

Una de las actividades más interesantes de la Maestría en Bioética y Derecho de la Universidad de Barcelona es la participación en los foros de debate, cuyo propósito es pulsar la opinión de los miembros del Observatorio de Bioética y Derecho sobre diversos temas de interés y actualidad. Para los alumnos de la Maestría es una buena oportunidad que les permite poner en práctica los conocimientos adquiridos, aprender de quienes tienen amplia experiencia en los temas tratados y compartir inquietudes y puntos de vista con los demás miembros del Observatorio de Bioética y Derecho.

Hace una semana, la doctora María Casado González, Directora del Observatorio y de la Maestría, inició uno de estos foros de debate expresando su preocupación por la comercialización de órganos y tejidos humanos y, todavía más allá, por el interés que han expresado diversas compañías privadas en adquirir las bases de datos de todos los ciudadanos que son atendidos en el sistema público de salud. Tras este interés existe un claro afán de lucro. Así que la doctora Casado inició la reflexión con debate titulado ¿Gratuidad o mercado?

            Por razones diversas, quienes participamos en el debate lo fuimos llevando a un terreno distinto del que originalmente planteó la doctora Casado, centrándolo en la gratuidad y la facilidad de acceso a la atencion sanitaria pública, asunto que hoy en España tiene una actualidad palpitante dado que lo que durante las últimas décadas se constituyó como un modelo ejemplar de sanidad pública, que era gratuito y universal, ha ido desapareciendo poco a poco, desmontado por las diversas autoridades, tanto del Gobierno Central como de las Comunidades Autónomas –señaladamente, Cataluña–, con el argumento de que la crisis económica impide ya su sostenimiento.

El tema ni es exclusivo de España ni se circunscribe solamente al campo de la salud. Por ello me pareció oportuno exponer lo escrito por Michael J. Sandel, catedrático de ciencias políticas de la Universidad de Harvard, en un interesante libro titulado Lo que el dinero no puede comprar. Los límites morales del mercado (Debate, 2013):

 

Vivimos en una época en que casi todo puede comprarse o venderse. A lo largo de las últimas tres décadas, los mercados, y los mercados de valores, han llegado a gobernar nuestras vidas como nunca antes lo habían hecho. Y esta situación no es algo que hayamos elegido deliberadamente. Es algo que casi se nos ha echado encima…

… Pero desde que un número creciente de países de todo el mundo han aceptado los mecanismos del mercado en el funcionamiento de sus economías, algo ha venido sucediendo. Los valores del mercado empezaron entonces a desempeñar un papel cada vez mayor en la vida social. Y la economía fue convirtiéndose en un dominio de dimensiones imperiales. en la actualidad, la lógica de comprar y vender no se aplica solamente a los bienes materiales, sino que gobierna cada vez más otros aspectos de la vida. Es hora de preguntarse si queremos vivir de esta manera.

 

El autor señala que con la crisis financiera de 2008 surgieron dudas en la fe ciega que se tenía anteriormente en el mercado, por lo que se extendió la sensación de que los mercados se habían alejado de la moral. Algunos señalaron que esa falta de moral se debía a la codicia y que fue un notable aumento de la codicia lo que condujo a la crisis mencionada. Para Sandel, esto es sólo un diagnóstico parcial del problema. La otra es la expansión del mercado hacia esferas de la vida que no le pertenecen: la salud, la educación, la seguridad pública, la seguridad nacional, la justicia penal, la protección medioambiental, el ocio, la procreación, etc. Creo que es esa intromisión del mercado en ciertos ámbitos de la vida humana y los riesgos que conlleva la aportación más importante del libro.

¿Por qué nos preocupa que vayamos hacia una sociedad en la que todo está en venta?, se pregunta Sandel. Y la respuesta es doble. Cuando actividades como la salud son gobernadas por las leyes del mercado sin atenuantes se generan dos efectos: la desigualdad y la corrupción:

 

Consideremos la desigualdad. En una sociedad en la que todo está en venta, la vida resulta difícil para las personas con recursos modestos. Cuantas más cosas puede comprar el dinero, más importancia adquiere la abundancia (o su ausencia).

 

Y respecto a la corrupción, dice lo siguiente:

 

El segundo motivo de que no nos guste que todo se ponga en venta es más difícil de describir. No es la desigualdad o la justicia lo que aquí nos preocupa, sino la tendencia corrosiva de los mercados. Poner un precio a las cosas buenas de la vida puede corromperlas. Porque los mercados no sólo distribuyen bienes, sino que también expresan y promueven ciertas actitudes respecto a las cosas que se intercambian

 

¿Por qué debe preocuparnos que el mercado y sus leyes se extiendan, por ejemplo, al campo de la sanidad pública? He aquí la respuesta que ofrece el profesor Sandel:

 

Los economistas a menudo dan por supuesto que los mercados son inertes, que no afectan a los bienes intercambiados. Pero esto no es cierto. Los mercados dejan su marca. En ocasiones, los valores mercantiles desplazan a valores no mercantiles que merecen ser protegidos.

 

Valores como la solidaridad y la justicia social, por ejemplo. Con frecuencia vemos como la aplicación ciega de las leyes del mercado en las instituciones públicas de salud no sólo es causa de un inmenso sufrimiento –en ocasiones hasta de la muerte–, de quienes acuden a ellas para recibir atención, sino que traiciona la esencia misma de la sanidad pública: el ser justamente una de las expresiones más tangibles de la justicia social.

 

… algunas de las cosas buenas de la vida son corrompidas o degradadas si las convertimos en mercancías. Así, para decidir cuál es el sitio del mercado y cómo mantenerlo a distancia, hemos de decidir cómo valorar los bienes en cuestión –salud, educación, vida familiar, naturaleza, arte, deberes cívicos, etc–.

 

            ¿Hay diferencias entre tener una economía de mercado, como la que ya tenemos, y ser una sociedad de mercado, que es a lo que nos dirigimos irremediablemente tal vez? La respuesta de Sandel es la siguiente:

 

Una economía de mercado es una herramienta –una herramienta valiosa y eficaz– para organizar la actividad productiva. Una sociedad de mercado es una manera de vivir en la que los valores mercantiles penetran cada aspecto de las actividades humanas. Es un lugar donde las relaciones sociales están hechas a imagen del mercado.

 

¿Eso es lo que queremos?

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