A PESAR DE TODO, LA GRANDEZA EXISTE.

Un hombre formidable. Un hombre al que era muy difícil decirle que no. Un hombre del que un amigo dijo que el gozo de su propio poder era tan ingenuo y encantador como el de una niñita con un vestido nuevo. Aunque había algunos que no lo encontraban tan cautivador. Pero, para bien o para mal, su poder estaba ahí. Schweitzer era una fuerza a la que se tenía que tomar en cuenta.

 

James Brabazon. Albert Schweitzer. A biography, 2000.

 

Han sido dos noticias esta misma semana, ambas publicadas en el periódico español El País. La primera sobre un joven pediatra catalán y la segunda acerca de un neurólogo inglés, aunque vive y trabaja en Nueva York desde hace muchos años. Ambas noticias se publicaron esta semana con un día de diferencia y me emocionaron tanto que decidí compartirlas y comentarlas a través de este escrito.

El joven pediatra es Oriol Mitjá (apellido que en catalán significa “mediano”) y trabaja en el Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal). Si uno visita la página electrónica del ISGlobal se encuentra con una frase como esta: “En el siglo XXI no deberíamos tolerar que el lugar donde nace una persona determine sus posibilidades de vida”. Y más adelante se puede leer (las negritas son suyas):

 

ISGlobal consolida un nodo de excelencia basado en la investigación y la asistencia médica que tiene su origen en el Hospital Clínic y la Universidad de Barcelona y que en el campo de la salud global acumula más de 30 años de experiencia. Su modelo de trabajo apuesta por la traslación del conocimiento generado por la ciencia a través de las áreas de Formación y Análisis y Desarrollo Global.

La meta última de los proyectos que constituyen la agenda de ISGlobal es corregir las desigualdades en el estado de salud de las distintas poblaciones del mundo.

 

Oriol Mitjá, fiel a esa misión de ISGlobal, junto a Quique Bassat, su director de tesis, está a punto de erradicar el pian, una enfermedad que afecta a unas 500,000 personas que viven entre grandes sufrimientos en 13 países de África, el sudeste asiático y el Pacífico occidental.

La causa del pian es el Treponema pallidum pertenue, una bacteria similar a la que causa la sífilis. Los pacientes infectados desarrollan úlceras que destruyen los tejidos afectados a través de los años, lo que ocasiona una grave deformación de la cara y los huesos de las extremidades.

Aunque una sola inyección de penicilina basta para curar la infección, el doctor Mitjá pensó que sería mejor un tratamiento administrado por vía oral en una sola dosis. Así, los propios afectados se podrían tomar la pastilla sin la necesidad de enviar personal sanitario para aplicar inyecciones, lo que es fundamental si se toma en cuenta que muchos enfermemos viven en lugares remotos de difícil acceso.

En 2010, con 29 años cumplidos, un premio extraordinario de licenciatura y una maestría en enfermedades tropicales que había estudiado en Londres, aterrizó en la isla de Lihir, en Papúa Nueva Guinea. En la consulta se topó con un niño que tenía una úlcera roja de unos dos centímetros y medio en el brazo. Nunca había visto una lesión semejante. Un médico local le explicó que se trataba de un caso típico de pian.

El doctor Mitjá y Quique Bassat publicaron en 2012 los resultados de un estudio realizado en 250 niños con pian a los que trataron con una sola dosis de azitromicina, una antibiótico que en países como México se usa para tratar infecciones de las vías respiratorias. Su investigación, publicada en la revista médica The Lancet, daba cuenta del éxito absoluto de este tratamiento. Si recibe el apoyo necesario, Oriol Mitjá piensa que puede erradicar por completo el pian de la faz de la tierra hacia finales de esta década. No parece difícil: una pastilla cuesta sólo 17 centavos de dólar.

El neurólogo inglés afincado en los Estados Unidos es Oliver Sacks que, además de médico, es un escritor de fama cuyos libros han sido traducidos a 21 idiomas. Desde muy temprana edad desarrolló su doble vocación de médico y escritor. Así lo cuenta el mismo en su libro The mind’s eye (Knopf, 2010), traducido al español como “Los ojos de la mente”:

 

Crecí en una familia llena de médicos y de conversaciones médicas –mi padre y mis hermanos mayores eran médicos generales y mi madre era cirujana. Buena parte de la conversación a la hora de la comida giraba inevitablemente en torno a la medicina, pero no sólo se trataba de una charla sobre “casos”. Un paciente podía ser un caso de tal enfermedad o tal otra pero, en las conversaciones de mis padres, los casos se convertían en biografías, historias vitales de las personas y su forma de reaccionar a sus enfermedades, heridas, estrés o mala suerte. Tal vez por eso fue inevitable que yo mismo me convirtiese tanto en médico como en un narrador de historias.

 

Hace nueve años que a Oliver Sacks le detectaron un melanoma ocular, una forma rara de cáncer. Con un tratamiento a base de radiaciones y láser quedó aparentemente curado, aunque perdió la vista del ojo afectado. Sin embargo, el tumor sólo le concedió una tregua, un cese de hostilidades que se suponía definitivo como ocurre en más del 90% de estos casos, pero en el suyo no ha sido así.

El mes pasado se enteró que el tumor había regresado, aunque en esta ocasión invadiendo una tercera parte de su hígado. El doctor Sacks sabe que morirá pronto y ha decidido despedirse escribiendo un artículo titulado “De mi propia vida”, que publicó el periódico estadounidense The New York Times este jueves 19 de febrero de 2015. He aquí un pequeño extracto:

 

Doy gracias por haber disfrutado de nueve años de buena salud y productividad desde el diagnóstico inicial, pero ha llegado el momento de enfrentarme de cerca a la muerte…

… En ese tiempo he publicado cinco libros y he terminado una autobiografía que se publicará esta primavera; y tengo unos cuantos libros más casi terminados…

…Por el contrario, me siento increíblemente vivo, y deseo y espero, en el tiempo que me queda, estrechar mis amistades, despedirme de las personas a las que quiero, escribir más, viajar si tengo fuerza suficiente, aquirir nuevos niveles de comprensión y conocimiento…

…Eso quiere decir que tendré que ser audaz, claro y directo, y tratar de arreglar mis cuentas con el mundo. Pero también dispondré de tiempo para divertirme (e incluso para hacer el tonto)…

…Cuando una persona muere, es imposible reemplazarla. Deja un agujero que no se puede llenar, porque el destino de cada ser humano –el destino genético y neural– es ser un individuo único, trazar su propio camino, vivir su propia vida, morir su propia muerte…

…No puedo fingir que no tengo miedo. Pero el sentimiento que predomina en mí es la gratitud. He amado y he sido amado; he recibido mucho y he dado algo a cambio; he leído, y viajado, y pensado y escrito. He tenido relación con el mundo, la especial relación de los escritores y los lectores.

Y, sobre todo, he sido un ser sensible, un animal pensante en este hermoso planeta, y eso, por sí solo, ha sido un enorme privilegio y una aventura.

 

            Al leer sobre estos dos médicos extraordinarios recobro la fe en el género humano y pienso que la lucha de unos pocos por mejorar el nivel académico y la práctica de mi profesión sigue valiendo la pena. Aunque bogando en un océano de mezquindad, cuyas aguas amenazan con engullir la frágil embarcación en la que navegamos, no debemos renunciar a nuestros ideales. A pesar de todo, la grandeza humana existe y todavía tenemos la oportunidad de acceder a ella.

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