UN COMITÉ QUE SÍ FUNCIONE.

La práctica de la medicina en la era moderna se ve amenazada por desafíos inéditos en prácticamente todas las culturas y sociedades. Estos retos giran en torno a las disparidades crecientes en las necesidades legítimas de los pacientes, los recursos disponibles para atenderlas, la dependencia cada vez mayor de las fuerzas del mercado para transformar los sistemas de salud y la tentación de los médicos de abandonar su tradicional compromiso con la prioridad de los intereses del paciente. Para mantener de fidelidad con el compromiso social de la medicina en estos tiempos turbulentos, creemos que los médicos deben reafirmar su apego indeclinable a los principios del profesionalismo, lo que implica no sólo su entrega personal al bienestar de los pacientes, sino también el hacer esfuerzos colectivos para mejorar el sistema de salud en beneficio de la sociedad.

American Board of Internal Medicine Foundation. Medical professionalism in the new millennium, 2002.

 

 

“Si quieres que algo funcione o que un problema se resuelva, encárgaselo a una persona; de lo contrario, nombra un comité”. Palabras más o palabras menos, esta frase se ha atribuido por unos a Napoleón Bonaparte y por otros a Juan Domingo Perón. Su autor es lo de menos, pero no cabe duda que enuncia una gran verdad, especialmente en nuestro país.

Con el inicio de la nueva administración estatal, y como suele ser costumbre, se renuevan las estructuras que la constituyen en todos sus niveles. Incluso en los más modestos y alejados de los espacios áulicos. Tal es el caso del Centenario Hospital Miguel Hidalgo (CHMH), entregado como está a su misión que reza al pie de la letra: “Servir a la sociedad del Estado de Aguascalientes, en particular a su población más desprotegida, mediante la atención médica especializada, con responsabilidad y sentido humano, así como formar profesionales en el área de la salud a través de la asistencia, la enseñanza y la investigación”.

Una de las estructuras que se encuentra en vía de renovarse es el Comité Hospitalario de Bioética del CHMH que, junto al Comité de Ética en Investigación, representa la presencia de la bioética en la práctica hospitalaria. Como es sabido, durante la segunda mitad del siglo pasado el desarrollo de conocimiento científico y tecnológico transformó la práctica de la medicina al grado que, en ocasiones, lo técnicamente posible puede ser éticamente cuestionable. Por ejemplo, preguntémonos lo siguiente: ¿es ético prolongar la vida de un enfermo terminal con la ayuda de un respirador sin tomar en cuenta su opinión (si es que la ha podido expresar) y/o la de su familia?

El modelo tradicional de atención médica, llamado paternalista, en el que el médico decide qué hacer con el paciente sin tomar en cuenta sus valores y preferencias ya no es válido. De acuerdo al enfoque bioético actual, los cuatro principios “canónicos” de la atención médica –beneficencia, no maleficencia, autonomía y justicia– no son equivalentes. El que ocupa un lugar preferente sobre los demás es el principio de autonomía del paciente, el que, salvo contadas excepciones (por ejemplo, el daño a terceros), debe privilegiarse.

Ante el complejo panorama actual de la práctica médica no es infrecuente que surjan conflictos éticos. No sólo los relativos a la autonomía del paciente y al uso de la tecnología, sino también a la distribución equitativa de los recursos para la salud, tema este muy espinoso en nuestro medio, acostumbrados como estamos en los hospitales públicos a administrar las migajas que caen de la mesa en donde, salvo rarísimas excepciones, la clase política aliada con los poderes fácticos dispone del presupuesto público a discreción, con opacidad y destinando lo mínimo para “atender” (es eufemismo) las necesidades de la inmensa mayoría de la población.

¿Qué es un comité hospitalario de bioética? De acuerdo a la “Guía Nacional para la Integración y Funcionamiento de los Comités Hospitalarios de Bioética” (Comisión Nacional de Bioética, 2015):

 

Los Comités Hospitalarios de Bioética son espacios de reflexión, análisis, orientación y educación acerca de los dilemas que surgen en la atención médica. Se conforman como órganos interdisciplinarios y plurales, que en ningún caso pueden sustituir la responsabilidad de los médicos hacia los pacientes ni imponerse a sus decisiones, sino que su carácter es únicamente consultivo.

 

            De acuerdo a la misma Guía, sus principales objetivos son:

 

*Asesorar al personal de salud y usuarios en relación con los problemas y dilemas bioéticos que

surgen en la prestación de los servicios de atención médica y docencia en salud, desde una

perspectiva laica y científica.

*Fungir como foro para la reflexión de problemas y casos bioéticos.

*Promover la participación de la población en el debate de los problemas bioéticos.

 

Es importante resaltar la perspectiva laica y científica de estos comités, ya que en su seno se analizan los dilemas éticos que surgen al principio y final de la vida, aspectos relacionados con la neuroética (la ética aplicada al dominio del cerebro y las investigaciones relacionadas), la comercialización del cuerpo humano, el acceso a medicamentos de alto costo, el diagnóstico prenatal, etc.

En estos temas tan controvertidos, los integrantes del comité deben conocer las bases elementales de la argumentación y sus falacias más frecuentes y en los debates distinguir con la mayor nitidez posible lo que pertenece al ámbito de lo privado, en especial las creencias religiosas particulares, para que no contamine las discusiones que tienen que ver con el diseño y puesta en práctica de las normas que regulan la vida pública. Para ello, es deseable utilizar un lenguaje apropiado, evitando el uso de expresiones cuyo simple enunciado desata emociones que nublan el debate racional. Así, es más conveniente hablar de la interrupción voluntaria del embarazo que del aborto.

Además de la función consultiva y la orientadora de los comités hospitalarios de bioética, existe también una función educativa que tiene dos vertientes. La educación en bioética hacia los propios integrantes del comité y la educación al resto del personal sanitario del hospital, a los pacientes y sus familiares. Dada la relativa novedad de la bioética en nuestra sociedad, son pocas las personas que cuentan con una educación formal en este tema, incluyendo incluso a muchos de los integrantes de los comités. Por eso esta labor educativa a lo interno es tan importante. Pero también lo es en su vertiente externa, es decir, hacia el resto de la comunidad hospitalaria.

Esta vertiente externa debe alcanzar idealmente a la sociedad en su conjunto y ese ámbito de influencia debe ser un compromiso prioritario de la Comisión Estatal de Bioética. Los temas de la bioética son de interés comunitario y deben discutirse de manera abierta (pública), informada y también desde una perspectiva laica y científica. Por su repercusión en diversas políticas públicas, los legisladores deberían ser los primeros en promover este tipo de discusión abierta, en lugar de posponerla o incluso silenciarla para no afectar aquellos intereses que no son los de la sociedad a la que dicen representar.

También la Comisión Estatal de Bioética acaba de ser reinstalada. A diferencia de lo ocurrido hace casi cuatro años, cuando fue creada e instalada por primera vez, en esta ocasión se presentó con suma modestia, casi sin repercusión mediática. Esperemos que, también a diferencia de entonces, asuma la totalidad de sus responsabilidades y emerja de lo que alguna vez calificamos como un estado de animación suspendida. De nosotros depende.

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