LAS MUJERES EN LA CIENCIA.

Durante siglos las mujeres estuvieron excluidas. En el pasado, las que destacaban por su sabiduría se consideraban brujas y se enviaban a la hoguera, e incluso cuando se abolió esta persecución, tan feroz como absurda, los filósofos y los científicos, incluidos los conocidos como “ilustrados”, siguieron alimentando el mito de la absoluta superioridad intelectual del hombre

.Rita Levi-Montalcini, 2011.

 

 

Nunca hemos sido de la opinión que sitúa a la mujer en un intermedio entre el hombre y los demás animales no humanos. Todo lo contrario. Si siempre fue evidente, hoy tenemos pruebas contundentes del valor de la mujer en cualquier actividad humana, especialmente en aquellas que obligan al uso del intelecto. En un principio de manera esporádica y hoy como una avalancha imparable, la mujer juega un papel decisivo y de primer orden en la investigación científica.

Con esta convicción aceptamos con gusto la invitación de la Sociedad de Médicas de Aguascalientes para dar una conferencia en su sesión de este jueves 11 de mayo de 2017 a la que titulamos “Mujeres en la ciencia: viñetas históricas”.

Como en tantas otras actividades que por tradición estaban de manera exclusiva en manos de los hombres, por siglos se pensó que la mujer no sólo no debía, sino que tampoco podía incursionar en la investigación científica. Se invocaban incluso argumentos biológicos para esa supuesta incapacidad. Así lo pensaba Santiago Ramón y Cajal, el histólogo español que compartió con Camilo Golgi el premio Nobel de Medicina o Fisiología en 1906. En su obrita Charlas de café (1920), afirmaba lo siguiente:

 

la mujer es toda femenina desde la punta del cabello hasta la planta de los pies. Y en ella, lo más deliciosamente femenino es el cerebro, que representa, ante todo, órgano soberano de atracción y de reproducción; al revés del hombre, cuya sesera constituye vulgar herramienta de trabajo. Ello no obsta para que haya muchas mujeres de esclarecido talento y capaces de altísimas empresas. ¿Pero son verdaderas mujeres?

 

Evelyn Fox Keller, catedrática de Historia y Filosofía de la Ciencia en el prestigioso Instituto de Tecnología de Massachusetts, ha investigado las raíces profundas de este mito de la incapacidad femenina para la ciencia. En su obra Reflexiones sobre el sexo y la ciencia (Reflections on gender and science. Yale University Press, 1985) nos dice al respecto:

 

La cuestión más inmediata desde la perspectiva del feminismo en las ciencias naturales es la mitología popular profundamente enraizada que establece la objetividad, la razón y la mente como atributos masculinos, mientras que la subjetividad, los sentimientos y la naturaleza son femeninos.

En esta división de la labor emocional e intelectual, las mujeres han sido las garantes y protectoras de lo personal, lo emocional y lo particular, mientras que la ciencia la provincia por excelencia de lo impersonal, lo racional y lo general ha sido el dominio de los hombres.

 

Lo más peligroso de esta “mitología popular”, como ella la denomina, es que llega a enraizarse de manera muy profunda en la mente de un gran número de personas, convirtiéndose prácticamente en un paradigma, haciéndose indetectable y, por lo tanto, inmune a la crítica y a la modificación. El que lo tiene ni siquiera percibe su propia misoginia y considera la inferioridad científica de la mujer como la realidad pura y dura, un “así son las cosas”.

Por fortuna, la historia demuestra todo lo contrario. En la conferencia hicimos un recorrido temporal y espacial que abarcó desde el siglo V de nuestra era hasta la actualidad. No pretendimos hablar de todas las mujeres científicas ni agotar las biografías de cada una de las seleccionadas, sino exponer con pocas pinceladas –por eso el título de “viñetas históricas” – los rasgos humanos y científicos más sobresalientes de estas mujeres excepcionales.

Iniciamos con Hipatia de Alejandría (355 ó 370-415 ó 416 d.C.), una mujer de la que sabemos poco de cierto. Hija de Teón, astrónomo y matemático, Hipatia estudió en Atenas y Roma. Fundó una escuela en la que enseñaba a jóvenes aristócratas, tanto cristianos como paganos. El agonizante Imperio Romano de Occidente era un mundo convulso en el que el cristianismo ganaba cada vez más poder. Las pugnas entre el prefecto Orestes, representante en Alejandría del poder imperial y Cirilo, patriarca eclesiástico de la ciudad, atraparon en su red de intrigas a Hipatia, a quien Cirilo detestaba. Un grupo de fanáticos cristianos, posiblemente instigados por Cirilo, asesinó y descuartizó a Hipatia. Este es un buen ejemplo de la criminal misoginia que ha caracterizado (y que sigue caraterizando) a algunos jerarcas eclesiásticos.

Otro ejemplo interesante es el de Mary Wortley Montagu (1689-1762), nacida en Nottingham, Inglaterra. Advirtiendo su talento, su padre la inscribió en el Kit Cat Club, un círculo literario exclusivo para hombres. Se casó en secreto y contra la voluntad de su padre con Edward Wortley Montagu, a la sazón cónsul británico en Turquía. Mary se enteró de las campesinas turcas organizaban cada septiembre unas reuniones o fiestas en las que, usando una aguja o lanceta con pus de enfermos de viruela, inoculaban aquel exudado purulento a los niños. Cuando llegaban las temibles epidemias de viruela, aquellos niños inoculados no morían por esta causa. A su regreso a Inglaterra, Mary hizo inocular a sus hijos tal y como lo había observado en Estambul. Enfrentando el temor popular y el recelo del gremio médico, Mary Wortley Montagu introdujo la vacunación contra la viruela en Europa, salvando con ellos a millones de seres humanos.

Admirable la vida de Barbara McClintock (1902-1992), genetista estadounidense que descubrió la existencia de fragmentos de material genético que se cambian de lugar en los cromosomas. Estos “genes saltarines” explican varios fenómenos biológicos, incluyendo la aparición de algunas mutaciones, y nos abren una ventana al conocimiento de nuestro pasado evolutivo. Barbara McClintock descubrió todo eso por sí sola. Por años se mantuvo a base de becas, porque en esa época a las mujeres no se les permitía ganar un sueldo como profesoras universitarias. Fue premiada con el Nobel de Medicina y Fisiología en 1983. Evelyn Fox Keller, que escribió una biografía de Barbara McClintock, decía que, a través de la observación con el microscopio, la científica establecía una sintonía perfecta con su objeto de estudio, comunión a la que llamó “una sensibilidad exquisita por el organismo”. Ese organismo era, ni más ni menos, que la planta del maíz que McClintock usó como modelo experimental.

No menos trágica y apasionante fue la vida de Rosalind Elsie Franklin (1920-1958), nacida en Londres, proveniente de una familia acomodada de judíos ingleses. En París se convirtió en una experta en una técnica llamada cristalografía de rayos X, método que se usaba para descubrir la estructura de las moléculas que forman la materia. Primero se enfocó en el carbón, pero después dirigió sus investigaciones para esclarecer la estructura del material genético, el famoso ácido desoxirribonucleico (ADN). Con este propósito, en 1951 se unió al King’s College de Londres, donde hizo impecables fotografías del ADN usando la difracción de rayos X. Una de estas fotografías, la número 51, le fue sustraída sin su permiso y mostrada a un par de investigadores de la Universidad de Cambridge. Eran James D. Watson y Francis Crick. Con la foto de Franklin, ambos publicaron en 1953 el trabajo que les hizo ganar en premio Nobel en 1962. En la ceremonia de premiación nadie hizo alusión a Rosalind Franklin y su aportación decisiva al descubrimiento de la estructura del ADN. Para ese entonces, ella ya había muerto de cáncer de ovario.

Historias fascinantes, entre otras muchas, que demuestran que también en la ciencia las mujeres desarrollan un talento extraordinario y que esa “visión machista” de la investigación científica no tiene ninguna justificación.

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2 thoughts on “LAS MUJERES EN LA CIENCIA.

  1. Estimado amigo Luis:

    Te agradezco y felicito por la gran calidad de tus ensayos y reflexiones en el estudio de la ciencia y la filosofia. En particular he aprendido mucho de tu articulo Las Mujeres en la Ciencia, descrito con detalle y precision extraordinarias. En particular me intrigo el rol de Mary Wortley Montagu en la lucha contra la viruela,y en que se diferencia de vaccination (https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC1200696/) por lo que se da el credito a Edward Jenner, el creador de la inmunologia.

    Recibe un abrazo afectuoso, y quedo a la espera de tu proximo ensayo.

    Roberto N. Miranda

    1. Muy estimado Roberto:
      Me da mucho gusto saber de ti y te agradezco tus generosos comentarios. En efecto, Edward Jenner, un médico rural inglés, conocía la resistencia a la viruela de los ordeñadores de vacas que, al tocar las ubres de animales con viruela, desarrollaban primero la viruela de las vacas (vacuna) y luego se hacían resistentes a la viruela humana mucho más virulenta. Lo de Jenner fue un poco después de lo de Mary Wortley Montagu.
      Un abrazo.
      Luis.

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