UN OBSERVATORIO PARA DETECTAR INTRUSOS.

Desde luego que los ensayos clínicos no son infalibles. Por supuesto que pueden tener defectos, producir resultados engañosos o conducir a conclusiones erróneas. No conozco a nadie en el ámbito sanitario que diga lo contrario. Sin embargo, el punto es que, hasta que tengamos una herramienta mejor para probar la eficacia de un tratamiento, los ensayos clínicos son, sin lugar a dudas, el mejor instrumento para ello.

 Edzard Ernst. A scientist in wonderland: a memoir of searching for truth and finding trouble, 2015.

 

 

Más de una vez mi madre me contó aquel episodio de mi remota infancia del que es imposible que guarde memoria porque sucedió cuando todavía era un niño demasiado pequeño. El caso es que estaba enfermo de pulmonía y manifestaba una alarmante dificultad respiratoria. En su angustia, mi madre llamó al médico de cabecera de la familia y, al ver que tardaba en llegar, atendió el consejo de una vecina: abrió un conejo en canal y me lo puso sobre el pecho que oscilaba de manera irregular con los vaivenes de mi respiración.

Al poco tiempo el médico tocó el timbre. Mi madre, tal vez presa del remordimiento por no haber esperado pacientemente la llegada de la “medicina moderna”, escondió al pobre conejo debajo de la cama, sin reparar que mi camiseta, tinta en la sangre del animal sacrificado, ofrecía a la vista un espectáculo dantesco. Una vez repuesto del susto, el médico me recetó una serie de inyecciones de tetraciclina que, si bien me libraron de la neumonía, acabaron opacando el brillo natural de mi esmalte dental.

Este episodio ilustra la coexistencia frecuente de la medicina occidental, basada en la investigación científica, con todo tipo de prácticas que agrupamos bajo el término general de medicinas alternativas, término que no todos aceptan por igual.

De acuerdo a numerosos estudiosos, podemos fijar el nacimiento de la medicina científica en el siglo XVI, a partir de los trabajos anatómicos de Vesalio. Es lo que el doctor Ruy Pérez Tamayo ha llamado “la transformación científica de la Medicina”.

Hoy en día, esta medicina ha ganado un lugar preponderante en la mayor parte de los países que pertenecen a la cultura occidental, incluyendo el nuestro, y se ha convertido en la forma ortodoxa de practicar la profesión. Quiérase o no, es la referencia obligada para el resto de las medicinas llamadas alternativas con las que, como ya vimos, coexiste y hasta compite.

Esto no se debe a la casualidad, sino que es fruto de su clara eficacia, demostrada en numerosos trabajos de investigación, lo que no ha ocurrido con la inmensa mayoría de las medicinas alternativas que se han sometido al escrutinio científico. Junto a medidas como la vacunación, el acceso al agua potable y la disposición higiénica de las excretas, la medicina occidental ha incrementado como nunca antes la esperanza de vida de la población. Eficacia que, también hay que decirlo, no está exenta de limitaciones.

Según su página electrónica (http://www.cgcom.es), la Organización Médica Colegial de España (OMC) se integra por los Colegios Provinciales Oficiales de Médicos y por el Consejo General y tiene como funciones: 1)la ordenación, en el ámbito de su competencia, del ejercicio de la profesión médica, la representación exclusiva de la misma y la defensa de los intereses profesionales de los colegiados; 2)la salvaguardia y observancia de los principios deontológicos y ético-sociales de la profesión médica y de su dignidad y prestigio, a cuyo efecto le corresponde elaborar los Códigos correspondientes y la aplicación de los mismos; 3)la promoción por todos los medios a su alcance de la constante mejora de los niveles científico, cultural, económico y social de los colegiados y 4)la colaboración con los poderes públicos en la consecución del derecho a la protección de la salud de todos los españoles y la más eficiente, justa y equitativa regulación de la asistencia sanitaria y del ejercicio de la Medicina.

En este momento, cuando en España muchas de sus más prestigiosas universidades y el Colegio Médico de Madrid eliminan sus cursos, secciones y vocalías de homeopatía y de otras pseudoterapias por carecer de evidencia científica, la OMC ha puesto en marcha en marzo de 2017 el Observatorio contra las Pseudociencias, Pseudoterapias, Intrusismo y Sectas Sanitarias (https://www.cgcom.es/observatorio-omc-contra-las-pseudociencias-intrusismo-y-sectas-sanitarias).

El Observatorio entiende una pseudoterapia como “una propuesta de cura de enfermedades, alivio de síntomas o mejora de la salud, basada en criterios sin el respaldo de la evidencia disponible” y acaba de denunciar ante la Fiscalía General del estado unas 100 páginas web que según su coordinador, el doctor Jerónimo Fernández Torrente, “representan lo más peligroso del mundo de las pseudociencias, aquellas que dicen explícitamente que pueden curar el cáncer con remedios falsos, aquellas que son sectas sanitarias que apartan de la gente de sus familias y de la medicina, que son un peligro para la salud pública y se tienen que cerrar”.

La página electrónica del Observatorio, que contiene incluso un buzón para que el usuario pueda denunciar cualquier práctica médica pseudocientífica que considere peligrosa, señala lo siguiente:

 

Gran parte de las pseudoterapias se basan en la inmersión del cliente en un entorno relajante, donde disfruta de una atención dedicada. El efecto placebo generado al sentirse cuidado camufla la falta de efectividad de dichas técnicas. Si bien el efecto placebo es muy interesante de cara a su aplicación médica, la deontología deja claro que no es ético hacerlo de forma no informada. El peligro principal de estas técnicas es la inducción al cliente de la creencia en que la técnica funciona per se, con el consecuente peligro de que la convierta en su primera o única elección ante un problema de salud [las negritas son del original].

 

Una cuestión que agrega un motivo más de preocupación en torno a este tema es que, en algunos países como el nuestro, las medicinas alternativas llegan a recibir recursos públicos, recursos que son siempre insuficientes y que le son restados a la financiación de la investigación biomédica seria y, en general, al sistema público de salud. Así lo refirió recientemente César Palacios González, filósofo mexicano, doctor en Ética de la ciencia por la Universidad de Mánchester (Reino Unido) e investigador asociado del Centre of Medical Law and Ethics del King’s College de Londres, en un artículo publicado en el espacio que el Programa Universitario de Bioética de la UNAM tiene en el portal electrónico de noticias Animal Político (Estado mexicano, lectura del huevo y homeopatía, 5 de abril de 2017):

 

Lamentablemente, en México no sólo existen la Escuela Nacional de Medicina y Homeopatía y el Hospital Nacional Homeopático, sino que, como dije antes, estas dos instituciones son mantenidas con dinero del erario público. Justo como lees, dinero del erario publico se utiliza para pagar ‘tratamientos médicos’ que son tan efectivos como un paraguas de papel picado, o sea, nada. Que dinero del erario publico se utilice para pagar ‘medicamentos’ homeopáticos, salarios de homeópatas, y la formación de nuevos homeópatas es simplemente escandaloso e inmoral [las negritas son del original].

 

            Ante todo lo anteriormente expuesto, ¿qué está sucediendo en Aguascalientes? Aquí, los que viven de las medicinas alternativas siguen poniendo en riesgo la salud de los hidrocálidos, evitando, por citar sólo un ejemplo reciente, que un niño sin descenso testicular sea intervenido quirúrgicamente a tiempo para resolver su problema, condenándolo a la infertilidad o a un cáncer de testículo, mientras se sigue tomando una infusión de hierbas que no sirve absolutamente para nada.

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